El 2 de abril de 1982, la Operación Rosario marcó el inicio de la ocupación argentina de las Islas Malvinas, un acto que generó una ola de nacionalismo en Argentina. Lo que en un principio se veía como un reclamo político, se transformó rápidamente en un conflicto bélico.
La respuesta británica no tardó en llegar, y bajo el liderazgo de la primera ministra Margaret Thatcher, comenzó el despliegue de una formidable flota. En este contexto, Argentina se encontró sola, enfrentando un embargo militar que le impedía recibir ayuda externa.
Fue entonces cuando el gobierno de Perú, presidido por Fernando Belaúnde Terry, decidió romper las normas internacionales y brindar apoyo. A pesar de las consecuencias diplomáticas, Perú envió aviones de guerra y suministros clave a Argentina, convirtiéndose en un aliado crucial en el conflicto. Este gesto, cargado de riesgos, desafió las expectativas internacionales.
Encrucijada diplomática

En 1982, las tensiones entre Argentina y el Reino Unido alcanzaron su punto más álgido con la ocupación argentina de las Malvinas. Si bien el conflicto parecía lejano para muchos países de América Latina, las repercusiones fueron inmediatas.
Argentina se enfrentaba no solo a una respuesta militar de Gran Bretaña, sino también a un embargo internacional que limitaba su capacidad de obtener los recursos necesarios para enfrentar a un ejército mucho más poderoso. Ante esta situación, Argentina recurrió a su vecino Perú en busca de apoyo.
A pesar de los riesgos diplomáticos y militares, el gobierno peruano decidió ofrecer asistencia. Este apoyo no solo significaba un desafío para las relaciones de Perú con Reino Unido, sino que también podía implicar un deterioro de las relaciones con Estados Unidos, un aliado clave para el país andino en ese entonces. La decisión de enviar aviones Mirage y otros recursos fue una jugada arriesgada, tanto desde el punto de vista militar como político.
La solidaridad de Perú: aviones y armas en tiempos de guerra

El gobierno peruano, encabezado por Fernando Belaúnde Terry, tomó la decisión de apoyar a Argentina a pesar de las posibles represalias internacionales. La solicitud de ayuda provenía de la necesidad urgente de aviones de guerra, misiles y recursos estratégicos. En total secreto, Perú comprometió recursos valiosos para el esfuerzo bélico argentino.
El envío de 10 aviones Mirage 5, expertos pilotos y un avión Hércules cargado con suministros clave fue un acto de alto riesgo. Perú no solo arriesgaba su relación con las potencias internacionales, sino también su estabilidad económica y política, en un momento en que comenzaba a ganar relevancia en foros diplomáticos internacionales.
Sin embargo, la solidaridad de la población peruana con Argentina fue rotunda, a pesar de la falta de confirmación oficial por parte del gobierno.
Un compromiso a contrarreloj

La operación de ayuda a Argentina no fue sencilla. Perú enfrentó grandes desafíos logísticos y de seguridad para asegurar que la misión fuera exitosa. El vuelo de los aviones Mirage debía realizarse sin dejar rastro, para evitar la detección de radares de países vecinos como Chile y Bolivia.
Además, los aviones no estaban diseñados para vuelos de tan larga distancia, por lo que tuvieron que instalarse tanques adicionales para asegurar el alcance.
Todo debía hacerse en estricto secreto, lo que añadió una capa de complejidad al proceso. La información debía mantenerse oculta, incluso ante posibles emergencias durante el trayecto, ya que los pilotos no podrían pedir ayuda en caso de problemas. A pesar de estas dificultades, los aviones despegaron, marcando un punto crucial en la historia de las relaciones internacionales de Perú.
Un apoyo respaldado por la población peruana

Aunque el apoyo de Perú a Argentina fue un acto arriesgado, la decisión fue recibida con un respaldo mayoritario por parte de la población. A pesar de que el gobierno nunca lo confirmó oficialmente, las encuestas mostraron que un alto porcentaje de los peruanos estaba a favor de la solidaridad con Argentina. Esta actitud refleja el espíritu de unidad regional y el deseo de apoyar a un país hermano en momentos de necesidad.
La solidaridad de la población también se extendió más allá de las fronteras de Perú. En otros países de América Latina, como Brasil y Venezuela, también se registraron muestras de apoyo hacia Argentina en su lucha por las Malvinas.
Incluso en Chile, a pesar de la relación tensa con Argentina, hubo sectores que expresaron su solidaridad, lo que subraya cómo la guerra de las Malvinas trascendió las fronteras políticas para convertirse en un símbolo de lucha por la soberanía.
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