
En los últimos cinco años, la educación, la economía y el medio ambiente han sufrido embates significativos, entre ellos la pandemia, cuyos efectos se han hecho sentir en todos los ámbitos. Según las Naciones Unidas, si no se realizan esfuerzos adicionales, alrededor de 300 millones de estudiantes carecerán de capacidades básicas en alfabetización y aritmética esenciales para llevar una vida próspera, mientras que 575 millones de personas podrían seguir viviendo en la pobreza extrema para el año 2030. Además, los actuales planes de acción son insuficientes para afrontar eficazmente el cambio climático. Es decir, se hace muy difícil cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al 2030.
Sin embargo, este artículo no busca ser pesimista, sino todo lo contrario. En el Perú existen esfuerzos que generan optimismo. Uno de ellos es el primer encuentro de innovación pública, OEFA Innova, evento en el que participamos con otras instituciones con el objetivo de promover la innovación y la creatividad en el desarrollo de soluciones para robustecer la eficiencia de la gestión pública y la fiscalización ambiental en el país.
En el evento, que se realizó el 20 y 21 de marzo y fue desarrollado por el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental —entidad adscrita al Ministerio del Ambiente— en coordinación con la Presidencia del Consejo de Ministros, fuimos testigos de cómo la creatividad puede marcar la diferencia y cómo la tecnología ayuda a optimizar procesos de cara a objetivos concretos. Pero no solo vimos varios ejemplos de ello, sino también presenciamos la interacción entre Estado, academia y sector empresarial, como tres entes fundamentales para poner en marcha esos procesos innovadores de forma conjunta.
En tiempos como los que vivimos, el trabajo multisectorial es clave para cumplir con los objetivos del planeta. Estado, empresas y academia deben sentarse a una mesa de forma más frecuente para trabajar alineados y poniendo el pie en el acelerador, usando el mejor combustible que tenemos para ganarle al tiempo: la creatividad con propósito y con enfoque en sostenibilidad.
La academia tiene la capacidad de implementar en la formación de las personas ese proceso concreto, productivo y medible que llamamos innovación; y en un país (Perú) que, según TheGlobalEconomy.com, ocupa el puesto 75 del mundo en el índice de dicho proceso. Por su lado, el Estado y el empresariado poseen las normas y los recursos, y tienen la posibilidad de crear la infraestructura y el marco indispensable para la implementación de proyectos innovadores que se vinculen a las ODS y terminen impactando de forma positiva en el país y el mundo.
No sigamos esperando más y trabajemos unidos por el planeta y por nuestras vidas.

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