
Si se quiere conocer una ciudad o un pueblo desde su esencia, no basta con pasear por sus plazas o admirar sus monumentos. Hay que caminar entre los pasillos de su mercado, allí donde la vida cotidiana se despliega sin máscaras ni pretensiones. Entre cestas de frutas coloridas y voces que pregonan ofertas, se revela el pulso auténtico del lugar.
En los mercados de las regiones del Perú, especialmente en aquellos más visitados por turistas internacionales, se vive un verdadero crisol de culturas, idiomas y tradiciones. Son puntos de encuentro cosmopolitas, donde lo local y lo global se encuentran y se enriquecen mutuamente. Los vendedores de productos autóctonos interactúan con viajeros de todo el mundo, con el objetivo de generar ganancias económicas.
Pero el beneficio implícito para los comerciantes, que trasciende en el tiempo, es el intercambio cultural que se establece en ese diálogo fugaz. Esto ocurre con frecuencia en el Mercado Central San Pedro de Cusco, que en noviembre de 2024 fue declarado monumento integrante del Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura.

Historia del Mercado Central San Pedro de Cusco
Antes de abordar la historia del mercado San Pedro, es importante señalar que los comerciantes solían vender sus productos al aire libre, en la Plaza de Armas y en la Plaza San Francisco. Al finalizar el día, los espacios quedaban llenos de basura, lo que causaba malestar en un sector de la población.
El investigador Manuel Gibaja documentó la presencia de mercados en las ubicaciones mencionadas en su artículo “El mercado de San Pedro y Gustav Eiffel”. En una sección de su texto, se hace referencia a otra ubicación donde se ofrecían diversos productos.

Este panorama se repitió en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Sin embargo, en 1925, la situación cambió con la inauguración del primer centro de abastos de la ciudad de Cusco, lo que benefició tanto a los cusqueños como a los comerciantes, quienes finalmente pudieron contar con un puesto seguro bajo un techo protegido.
A finales de la década de 1910, durante la gestión de Manuel Silvestre Frisancho, quien era tanto alcalde como diputado, se decidió trasladar el mercado de abastos de la Plaza de Armas y la Plaza San Francisco, donde tradicionalmente se realizaban las compras para la ciudad. Este cambio se orientó hacia el oeste, en el barrio de San Pedro, con el objetivo de mejorar las condiciones sanitarias y de orden en la zona.
Para llevar a cabo este traslado, se eligió la “pampa de Qasqaparo”, un terreno que formaba parte de los dominios del Convento de Santa Clara, ubicado frente a la Iglesia de San Pedro. En ese mismo sector ya operaba el camal municipal, lo que facilitó la adaptación del nuevo espacio. La principal motivación detrás de esta reubicación fue mejorar las condiciones de salubridad en el mercado.

Su construcción se llevó a cabo en dos etapas. La primera comenzó y finalizó en 1925, con su inauguración oficial el 7 de junio de ese mismo año, cuando empezó a operar como mercado. Desde entonces, el mercado se consolidó como el núcleo comercial de la ciudad, impulsando una intensa actividad económica en las calles circundantes.
Este centro de abastos reúne a más de mil comerciantes, distribuidos en puestos de abarrotes, frutas, artesanías y, por supuesto, los infaltables productos emblemáticos: deliciosos chocolates, café y la famosa sal de Maras.
La relación entre Francia y el mercado San Pedro
La sección más antigua del mercado San Pedro fue diseñada por el ingeniero civil francés Gustave Eiffel, a quien el alcalde Manuel Silvestre Frisancho contactó para llevar a cabo el proyecto. En su momento, esta construcción representó la mayor superficie cubierta de la ciudad del Cusco. Tras su inauguración, realizada por el propio alcalde Frisancho, el mercado fue conocido popularmente como “Mercado Frisancho”.
Pero, ¿quién es Gustave Eiffel? La historia nos dice que fue un ingeniero francés reconocido por sus innovadoras contribuciones a la arquitectura y la ingeniería moderna. Nacido en 1832, alcanzó fama mundial por diseñar la Torre Eiffel, símbolo icónico de París y referente del avance tecnológico del siglo XIX.

El mercado San Pedro sobresale por su estructura de hierro, techo de calamina y puertas metálicas enrejadas. Sus paredes y pisos están hechos de cemento, ofreciendo solidez y durabilidad. El diseño incluye una serie de columnas distribuidas estratégicamente para sostener el amplio techo a dos aguas, que cuenta con tres niveles. Cada pasaje está reforzado por ocho columnas, abarcando toda la manzana en una disposición rectangular.
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