
Para pocos quedan dudas de que el Perú, y en especial Lima, casi desde su fundación, fue el lugar perfecto en el que las culturas europeas y las costumbres locales se mezclan y den origen a una nueva manera de ver la vida.
Y de esas raras mezclas que nacían en la vieja ‘Ciudad de los Reyes’, casi a finales del siglo XIX hizo su aparición una figura singular que dejó una huella indeleble en la historia del país.
Se trata de Christian Dam quien no solo fue un simple dentista de la época, sino que con sus ideas puso en jaque a Iglesia Católica. Y esta es su historia.
Llegó desde el Caribe

Nacido en la lejana isla de Saint Croix (Islas Vírgenes) en 1852, Christian Dam desembarcó en Lima a los 19 años con la mirada puesta en un futuro que marcaría al Perú.
Su llegada a nuestra capital no fue simplemente un cambio de ubicación geográfica, sino el inicio de un viaje intelectual y político que lo llevaría desde la odontología hasta el corazón de movimientos liberales y anarquistas que sacudieron las estructuras de la sociedad peruana de la época.
Como miembro de la Logia Alianza y Firmeza Nro. 16, Dam desempeñó un papel protagónico en la historia de la masonería peruana, contribuyendo a la unidad de los francmasones y fortaleciendo su doctrina.
El contexto político y social del Perú en aquel entonces estaba marcado por la guerra con Chile y la presencia de los jesuitas en el país. Dam, con sus ideas liberales, se involucró activamente en la lucha contra la permanencia de los jesuitas durante el Gobierno de Andrés Avelino Cáceres, colaborando con figuras prominentes de la masonería y el radicalismo liberal.
Lo veía todo

Como cirujano dentista, Dam no solo ejerció su profesión, sino que se convirtió en un activista comprometido con la causa de la salud pública. En una época donde la atención odontológica era escasa, su presencia destacada en Lima, donde solo había siete dentistas, lo convirtió en una figura venerada y respetada.
Junto a figuras como Ricardo Palma y el general César Canevaro, Dam lideró una campaña contra la permanencia de este grupo religioso en el país, demostrando su compromiso con los ideales liberales. Hasta que logró su expulsión en 1886.
Liga de librepensadores

Pero su recuerdo en nuestra historia no solo circunscribe a su activismo político. Su participación en la fundación de la Liga de Librepensadores del Perú en 1897 marcó un punto de inflexión en la historia intelectual y cultural del país. Esta institución, que promovía ideas liberales y anticlericales, se convirtió en un espacio alternativo de sociabilidad para esos tiempos.
Su muerte en 1920 dejó un vacío en el movimiento liberal y anarquista del Perú, pero su legado perdura en la memoria colectiva del país. Christian Dam fue más que un cirujano dentista y un líder masónico; para algunos fue un visionario que luchó incansablemente por un Perú más justo y libre.
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