Freno al tren

Si bien en los siguientes años las tasas de crecimiento fueron positivas, la economía iba perdiendo dinamismo y la participación de la inversión privada en diversas actividades productivas se hacía cada vez más difícil.

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Una carretera en Perú
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Una carretera en Perú ECONOMIA MEF PERÚ

Es de conocimiento general que la velocidad media de un tren se encuentra por encima de los 100 km/h. Incluso, en la actualidad, existen trenes que superan los 300 km/h, la mayoría de ellos ubicados en Asia y Europa. Este particular medio de transporte, para detenerse completamente, recorre una distancia posterior al uso de los frenos. Dicha distancia dependerá de la velocidad y del tamaño del tren, puesto que tal cantidad de energía que se genera en el desplazamiento del vehículo difícilmente sería contrarrestada de golpe.

Tal situación podríamos compararla con una economía en su fase expansiva (de crecimiento continuo, incluso por encima de su potencial), ya que si en determinado momento se producen situaciones, internas o externas, que alteran dicha fase, es muy probable que la economía siga creciendo, pero cada vez con menor dinamismo, hasta finalmente parar.

Hacia principios de los años noventa, con el viraje hacia las políticas de libre mercado, apertura e integración con el mundo, el Perú sentó los cimientos, entre otras cosas, para la promoción de inversiones, nacionales y extranjeras. Así, junto con un contexto externo favorable, la economía peruana registró fuertes crecimientos en la década del año 2000, con tasas de hasta 9% en un año, lo que le valió efectos importantes en la reducción de la pobreza, generación de oportunidades y mejoras de ingresos a nivel nacional.

Sin embargo, a partir de ese entonces, todo indicaría que le pusieron freno al tren. Si bien en los siguientes años las tasas de crecimiento fueron positivas, la economía iba perdiendo dinamismo y la participación de la inversión privada en diversas actividades productivas se hacía cada vez más difícil. Resulta que, además de la recomposición externa, donde China dejaría de crecer a dos dígitos, el Estado peruano acogió una serie de normativas y regulaciones que, más allá de cumplir con sus “loables” objetivos, terminarían entorpeciendo y hasta desincentivando emprendimientos e inversiones a todo nivel.

Dicha situación, sumada a la autonomía administrativa de los gobiernos regionales y municipales, muchas veces ejecutada con intereses particulares y no pensando en el bienestar de la población en su conjunto, y a la incertidumbre que representa afrontar un fenómeno climatológico, tienen a la economía peruana retrocediendo y sin un horizonte claro de cuándo recuperarse.

Según últimos datos del INEI, en el mes de agosto cayó un 0.63%; mientras que en el acumulado enero-agosto cayó un 0.58%. Revisando las cifras a detalle, la minería metálica viene registrando un crecimiento acumulado del 11.1%, resultado que no sería sostenible en el tiempo, puesto que la inversión minera caería en casi 20% este año. El Estado no puede seguir de brazos cruzados o atados. Es tiempo de promover cambios en favor de la inversión privada de cara a los próximos años.

Tengamos en cuenta que, en economía, el impacto de toda acción de política pública, por más correctamente diseñada e implementada que esté, suele tener cierto rezago, por lo que recién veríamos los resultados en el mediano y largo plazo, en un horizonte de tiempo en el que la impaciencia y la afectación en los bolsillos de todos serían el caldo de cultivo para el descontento generalizado, que podría motivar la ejecución de políticas populistas que solo agravarían la situación. Ojalá no sea así y se den señales claras, relacionadas con la promoción de inversiones, para echar a andar el tren otra vez.

Rafael Zacnich
Rafael Zacnich