
Durante décadas, la creencia de que los animales ven únicamente en blanco y negro se difundió como una verdad casi indiscutida. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que esta visión es, en muchos casos, simplista y errónea.
Según el medio español, La Vanguardia, el origen de estas diferencias visuales entre especies se encuentra en las moléculas fotorreceptoras ubicadas en los ojos, en particular en los conos y bastones que componen la retina.
Al estudiar los tipos de conos presentes en cada animal y su respuesta a distintas longitudes de onda lumínica, los científicos pueden establecer con bastante precisión qué colores puede percibir una especie y cuáles no.
Según Boomes, la agudeza visual de los perros es significativamente inferior a la de los humanos. Mientras que una persona con visión normal puede distinguir detalles nítidos a una distancia de 75 metros, un perro necesita acercarse a aproximadamente 20 metros para ver con la misma claridad.
Esto indica que los perros deben estar alrededor de cuatro veces más cerca de un objeto para percibirlo con el mismo nivel de detalle que una persona.
Por otro lado, a esto se suma la observación del comportamiento de los animales frente a estímulos visuales específicos, como se evidenció en un experimento con mariposas en el que, mediante un entrenamiento con agua azucarada y estímulos lumínicos, se confirmó que eran capaces de distinguir colores del espectro ultravioleta, imperceptibles para los seres humanos.
La afirmación de que algunos animales ven el mundo en una gama de grises no es completamente falsa, pero solo se aplica a ciertas especies muy adaptadas a condiciones de escasa luz.
Según Popular Science, la visión en blanco y negro puede entenderse como el resultado de una visión acromática, es decir, aquella en la que no intervienen conos funcionales o bien solo uno de ellos.

En estos casos, los animales no perciben colores, sino que distinguen la intensidad de la luz en una escala que va del negro al blanco, pasando por todos los tonos de gris.
Especies como los delfines, las focas, los hámsteres, algunos peces, murciélagos y ballenas han desarrollado este tipo de percepción visual, lo cual se relaciona directamente con sus hábitos nocturnos o con entornos donde la luz solar es casi inexistente, como los fondos marinos.

Esta adaptación no representa una desventaja, ya que va acompañada de capacidades sensoriales altamente desarrolladas que suplen con creces la falta de visión cromática.
En el caso de los perros, se ha consolidado la idea errónea de que ven en blanco y negro. No obstante, según una investigación reseñada por The Conversation, poseen dos tipos de conos en la retina, lo cual les permite percibir parte del espectro visible, en particular el azul y el amarillo.

Esto se debe a la ausencia de un tercer tipo de cono, que en los humanos permite distinguir el rojo y el verde. Para los perros, por ejemplo, una pelota naranja en el césped puede parecer simplemente un objeto de un tono similar al del pasto, mientras que una pelota azul se distingue con claridad.
Los experimentos que permitieron llegar a estas conclusiones consistieron en entrenar a perros para que tocaran con el hocico discos de colores iluminados a cambio de recompensas.
Cuando los animales no lograban diferenciar dos discos, los investigadores deducían que no podían distinguir entre esos colores.

Además, los perros cuentan con una mayor proporción de bastones en sus retinas y con una estructura denominada tapetum lucidum, que actúa como un espejo para amplificar la luz en condiciones de poca luminosidad.
Esta misma estructura es la que hace que sus ojos brillen cuando se les toma una foto con flash o al recibir luz directa durante la noche. Por lo tanto, aunque su percepción cromática sea limitada, su visión en penumbra es considerablemente superior a la humana.

El artículo señala que estas características compartidas por perros, gatos y zorros fueron favorecidas por la selección natural, dado que les permite detectar presas en la oscuridad.

En ese sentido, renunciar a una gama amplia de colores fue un intercambio evolutivo por otras ventajas sensoriales más pertinentes a su modo de vida.
Asimismo, Popular Science aporta una explicación sobre cómo ciertas especies, como las abejas, aves y el camarón mantis, pueden ver colores fuera del rango perceptible humano, en particular la luz ultravioleta.

Esta capacidad se basa en la presencia de conos adicionales que captan longitudes de onda entre los 300 y 650 nanómetros. Para estos animales, muchas flores tienen patrones de color totalmente invisibles para los humanos.
Según Popular Science, colores como el rosa o el marrón no existen en el espectro visible, sino que surgen de combinaciones complejas procesadas por el cerebro.
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