
En el corazón de Las Cañitas se esconde desde hace 97 años un lugar mágico. Es la fábrica de piezas en piedra París que lleva el apellido de su fundador, Agustín Martineau, y que hoy comanda su nieto Gastón. Una historia familiar casi centenaria que tiene como protagonista a esta piedra noble con la que se fabrican maceteros y jardineras, frentes de chimeneas, ménsulas, pisos, escaleras, bordes de pileta; además de trabajos en yeso para interiores.
Inspirada en la aristocracia de la piedra verdadera, y célebre en la arquitectura de principios del siglo XX, la piedra París es un mortero que combina cemento (para piezas de exteriores) o yeso blanco (interiores), una mezcla de granulados de mármol, arena de diferentes granos y minerales que aportan el toque de brillo, como la mica, la calcita o la dolomita. Las proporciones y el origen de cada una (aquí muchos vienen de la provincia de Córdoba) son los que le otorgan la textura y los diferentes colores (todos naturales) y resultan siempre el secreto mejor guardado de cada escultor.
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La mezcla se realiza en seco, en grandes tambores. Luego se vuelca dentro de diferentes moldes, según el trabajo a realizar: en Martineau (armartineau.com.ar) sólo del rubro chimeneas se calculan más de 100 moldes diferentes.
A la mezcla húmeda se le agrega una estructura de hierro que le da refuerzo a cada pieza. Luego viene la espera: si el clima acompaña, dos días tarda la piedra París en fraguar. Y todavía faltan los detalles puramente artesanales, como el lijado a mano, el estacionamiento de 15 a 20 días (los buenos trabajos son los que fraguan lento), el lustrado final.
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Este mismo paso a paso artesanal es el que despuntaba a principios del siglo pasado don Agustín Martineau, quien llegó al país en 1914 desde su París natal con el oficio de escultor como única ganancia. Aquí trabajó primero como aprendiz y en 1922 abrió su propio taller.
La calidad de sus esculturas lo llevó a convertirse pronto en proveedor de los principales estudios de arquitectura de la ciudad. La Basílica de San Nicolás de Bari, la residencia Ivry y la Catedral de La Plata son algunos de los edificios históricos donde se puede apreciar su obra.
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En 1928, seis años después de abrir su pequeña fábrica, Martineau se instaló en el predio actual de Las Cañitas. Allí crecieron los Martineau y también las piezas de piedra París que hoy se cuentan por miles: la gran cantidad de diseños y moldes de los mejores arquitectos, además de copias de obras de la arquitectura clásica, hacen del Taller Martineau un verdadero museo; un lugar único.
Texto: Clarisa Corsunsky
Fotos: Alejandro Carra
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