
Un total de 6,105 tortugas lora llegó de manera sincronizada a la Zona de Reserva Playa La Marinera, en Tonosí, provincia de Los Santos. La segunda arribada registrada este año se convirtió en la mayor de las jornadas de anidación divulgadas recientemente por el Ministerio de Ambiente en diferentes costas panameñas.
La arribada es un comportamiento característico de la tortuga lora o golfina, una de las especies más pequeñas de estos reptiles marinos. Miles de hembras emergen durante varias noches para excavar sus nidos y depositar generalmente alrededor de un centenar de huevos, una estrategia que aumenta las posibilidades de supervivencia de las crías.
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Panamá posee dos de las pocas playas del mundo donde ocurre este fenómeno masivo: La Marinera e Isla Cañas, ambas en Los Santos. Aunque la golfina puede anidar durante todo el año, la mayor actividad suele concentrarse entre julio y diciembre, cuando guardaparques y organizaciones comunitarias refuerzan los patrullajes nocturnos.
En Panamá anidan cinco de las siete especies de tortugas marinas existentes: lora, carey, baula, caguama y verde. Sus principales refugios incluyen La Marinera, Isla Cañas, Playa Venao y Cambutal; Punta Chame, en Panamá Oeste; Mata Oscura, en Veraguas; La Barqueta y Lajas, en Chiriquí, y Armila y Bocas del Toro, en el Caribe.
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La golfina posee un caparazón redondeado de color verde oliva y destaca por sus grandes concentraciones para desovar. La carey tiene un pico estrecho y curvado que utiliza para alimentarse entre los arrecifes, mientras su caparazón presenta placas superpuestas de tonos marrones y amarillos, característica que históricamente alimentó su explotación comercial.
La baula o canal es la tortuga marina más grande del mundo y puede superar ampliamente los 500 kilogramos. A diferencia de las demás, no tiene un caparazón duro, sino una cubierta flexible con crestas. La caguama se distingue por su cabeza grande y fuertes mandíbulas, capaces de triturar moluscos y crustáceos.
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La tortuga verde recibe su nombre por el tono de la grasa debajo de su caparazón, no por su apariencia exterior. Los ejemplares adultos se alimentan principalmente de pastos marinos y algas, una dieta que les permite contribuir al mantenimiento de ecosistemas costeros saludables y diferenciarse de las otras especies presentes en el país.
Las hembras regresan a desovar cerca de la playa donde nacieron mediante un comportamiento denominado fidelidad al sitio natal. Durante sus primeras etapas registran señales del campo magnético terrestre que posteriormente utilizan como orientación. El retorno no ocurre rápidamente: alcanzar la madurez reproductiva puede tomar entre 15 y 30 años, según la especie.
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Después del desove, los huevos permanecen bajo la arena aproximadamente entre 45 y 70 días, dependiendo de la especie, la temperatura, la humedad y las condiciones del nido. El calor también influye en el sexo de las crías: las temperaturas más elevadas producen una mayor proporción de hembras, mientras las más bajas favorecen a los machos.
Las jornadas de protección se extendieron recientemente a Punta Chame, donde MiAmbiente y la Fundación Tortuguias reubicaron 577 huevos encontrados en cuatro nidos de Playa Cabezo y Playa Vivero. En El Arenal, provincia de Los Santos, otros 82 huevos de tortuga golfina fueron trasladados a un sector más seguro del mismo litoral.
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La reubicación se realiza únicamente cuando existen amenazas comprobadas, como marejadas, erosión, tránsito de vehículos, depredadores o saqueo. Extraer huevos continúa siendo uno de los principales peligros porque elimina una generación completa antes de que llegue al océano. La venta, posesión y consumo de estos productos están prohibidos por la legislación panameña.
Si una persona encuentra una tortuga anidando, debe mantener distancia, permanecer en silencio y evitar bloquear su recorrido. No debe tocarla, iluminarla con celulares o linternas, utilizar flash ni colocarse frente a ella. También debe mantener alejados a perros, vehículos y grupos de curiosos, además de informar a MiAmbiente o a los responsables del área.
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Las luces intensas pueden provocar que la hembra abandone el intento de anidación y también desorientar a las crías cuando salen del nido. Los neonatos buscan el reflejo natural del horizonte sobre el mar, pero la iluminación de viviendas, comercios o automóviles puede conducirlos hacia carreteras y zonas pobladas, donde mueren por agotamiento o atropello.
Aunque miles de huevos sean depositados durante una arribada, solo una pequeña proporción alcanzará la edad adulta. Por eso, proteger cada nido, evitar el comercio ilegal y conservar las playas resulta determinante para que, décadas después, las hembras sobrevivientes regresen al mismo litoral panameño y repitan un ciclo iniciado desde su nacimiento.
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