
Una experiencia simple sobre una infraestructura compleja
Para quienes usamos servicios financieros, las finanzas nunca fueron tan simples. En forma casi instantánea desde una misma plataforma se puede invertir, pedir un préstamo, contratar un seguro o transferir dinero a cualquier lugar del mundo.
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La tecnología ha hecho que la relación de los clientes con el banco tradicional tienda a migrar hacia plataformas más amigables que integran múltiples servicios. Se consolida así un ecosistema donde surgen nuevos modelos de negocio, productos más sofisticados, mercados más integrados e infraestructuras transnacionales interoperables.
Pero detrás de cada simple clic en nuestros dispositivos, hay una trama invisible de capas de aplicaciones, redes y proveedores.
Ese universo subyacente comprende desde quién almacena nuestros datos, quién provee la capacidad de cómputo y los modelos de inteligencia artificial, quién opera los rieles por los que circulan los activos y el dinero, en qué moneda y mercado se liquidan las operaciones y qué criptografía protege todo este entramado.
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La tecnología ha hecho que la relación de los clientes con el banco tradicional tienda a migrar hacia plataformas más amigables que integran múltiples servicios
En estas capas subyacentes cobra sentido el concepto de soberanía digital financiera: la capacidad de una sociedad para comprender, gobernar y supervisar las infraestructuras digitales críticas de su sistema financiero -datos, capacidad de cómputo, identidad, sistemas de pago, moneda y criptografía-, gestionar sus dependencias externas y preservar su capacidad de decisión, dentro de su propio marco legal.
Desarrollar políticas propias no equivale ni a aislamiento ni a autarquía: toda economía abierta depende en menor o mayor medida de terceros.
El análisis y debate, aún incipiente en Argentina, es cuánto dependemos los usuarios y el sistema financiero argentino de proveedores extranjeros cada vez más concentrados y sofisticados que administran y monetizan nuestros datos, y cuáles son sus implicancias para nuestro bienestar y desarrollo.
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Tres tecnologías, tres velocidades
Aunque presentan grados de madurez muy diferentes, tres tecnologías están reconfigurando las distintas capas del sistema financiero: la inteligencia artificial amplía la capacidad de analizar información y automatizar decisiones; blockchain habilita nuevas formas de registrar, transferir y programar valor; y la computación cuántica, todavía en una etapa experimental para la mayoría de sus aplicaciones financieras, plantea tanto nuevas posibilidades de cálculo como un desafío futuro para la criptografía que protege los pagos y las firmas digitales.
Los activos tokenizados rondan los 65.000 millones de dólares y las stablecoins superan los 250.000 millones de dólares
Desde la perspectiva de la soberanía digital financiera, cada tecnología plantea un desafío diferente: la IA, por la concentración de modelos, datos y capacidad de cómputo; blockchain, por la gobernanza de los activos, las redes y sus emisores; y la computación cuántica, por la necesidad de anticipar una transformación potencial de los sistemas criptográficos que protegen las operaciones.
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Actualmente la inteligencia artificial es la tecnología más extendida. Según un informe conjunto de Cambridge, el BIS, el FMI y el Foro Económico Mundial, cuatro de cada cinco entidades financieras ya la utilizan y cerca de la mitad prueba o aplica agentes autónomos. Sin embargo, el desafío de soberanía radica en que la gran mayoría de estas herramientas operan sobre modelos fundacionales y nubes extranjeras centralizadas (como las nubes de Amazon, Microsoft o Google y los modelos de OpenAI), lo que condiciona la toma de decisiones crediticias, la gestión de riesgos y la custodia de datos financieros sensibles a infraestructuras, algoritmos y jurisdicciones fuera del control regulatorio local.
En el mundo blockchain y de acuerdo con un reporte del FMI de octubre de 2026, los activos tokenizados rondan los 65.000 millones de dólares y las stablecoins superan los 250.000 millones de dólares. Aunque la tecnología blockchain nació bajo una premisa descentralizada, en la práctica determinados productos evidencian una marcada concentración: en octubre del 2026 más del 80% del circulante de criptodólares está en manos de solo dos emisoras privadas estadounidenses (Tether y Circle).
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Desde la perspectiva de la soberanía digital financiera, cada tecnología plantea un desafío diferente
Lejos de una alternativa neutra, esto profundiza la intermediación de actores foráneos y refuerza la dolarización digital, limitando el margen de maniobra de la política monetaria y la supervisión de las autoridades nacionales.
Por su parte, la computación cuántica sigue siendo experimental en finanzas. Si bien ya existen pilotos desarrollados por bancos y tecnológicas (como JPMorgan y HSBC junto a IBM), las mejoras alcanzadas frente a los métodos clásicos aún son acotadas.
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Sin embargo, lo urgente en el campo cuántico es defensivo: la criptografía actual podría dejar de ser segura y los datos cifrados hoy pueden capturarse para descifrarse mañana. Por eso el Banco de Pagos Internacionales (BIS) les está recomendando a los bancos centrales y a las infraestructuras de pago comenzar el proceso de migración a criptografía poscuántica, y su proyecto denominado Leap mostró que es una alternativa viable.
Poder financiero y geopolítica
Nada de esto ocurre en el vacío. Estados Unidos y China compiten por el control de los datos, la IA, la computación cuántica, la nube y las plataformas.
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De un lado, Nvidia y OpenAI, empresas estadounidenses, operan bajo un modelo predominantemente privado y de mercado, pero sujetas a regulación pública, incentivos direccionados e intervención estratégica del Estado en áreas como los semiconductores, la IA y las infraestructuras digitales críticas.
La computación cuántica sigue siendo experimental en finanzas
Del otro lado del océano, Alibaba, Tencent, Huawei y Baidu, se desenvuelven en un entorno de mayor intervención estatal con la estrecha supervisión del Partido Comunista Chino.
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En materia de pagos Estados Unidos mantiene una posición estratégica a través de redes globales como Visa y Mastercard, sujetas a su marco legal y a sus políticas de sanciones, mientras China contrapone un ecosistema propio con empresas como Alipay, WeChat Pay y el avance estatal de su yuan digital.
Por su parte la Unión Europea ha convertido su concepto de soberanía digital en política explícita y los Brics (el bloque de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, sumado a sus recientes incorporaciones) exploran la interconexión de sus sistemas de pago, buscando una alternativa al dólar con visiones distintas entre sus miembros.
La dependencia, por tanto, no es solo tecnológica sino jurídica: importa dónde están los servidores, pero sobre todo qué jurisdicción tiene potestad para apagar el interruptor de los circuitos financieros.
La respuesta europea, tres ejemplos
Europa ofrece tres ejemplos complementarios de una estrategia orientada a reducir vulnerabilidades y preservar capacidad de decisión: regular las dependencias tecnológicas críticas, explorar una forma digital de dinero de banco central y desarrollar alternativas europeas para los pagos minoristas. No son instrumentos equivalentes, pero muestran que la soberanía digital puede abordarse mediante regulación, infraestructura pública e iniciativas privadas.
- Regulación de dependencias críticas (DORA -Reglamento sobre la Resiliencia Operativa Digital del Sector Financiero): establece un marco de resiliencia operativa digital para las entidades financieras y un régimen de supervisión de proveedores tecnológicos externos designados como críticos, con el objetivo de reducir los riesgos derivados de dependencias tecnológicas.
- Euro digital: se encuentra en preparación y busca ofrecer una forma digital de dinero de banco central para los pagos cotidianos, preservar el acceso al dinero público y reducir la dependencia de proveedores privados.
- Rieles propios (Wero): una billetera creada dentro de la Iniciativa Europea de Pagos (EPI), impulsada por un consorcio privado de bancos europeos para reducir la dependencia de redes y plataformas de pagos internacionales como Visa, Mastercard o PayPal.
La regulación en Argentina
Dada la idiosincrasia de nuestro sistema financiero, la Argentina no debe importar mecánicamente recetas externas, sino diseñar una estrategia propia de soberanía digital que articule un nuevo marco regulatorio y proteja la autonomía de sus decisiones.
En un mercado donde bancos, fintechs, proveedores de infraestructura y prestadores de servicios sobre activos virtuales interactúan mediante plataformas y redes compartidas, las competencias regulatorias se distribuyen en forma fragmentada entre distintas autoridades, principalmente el Banco Central (BCRA) y la Comisión Nacional de Valores (CNV).
Dada la idiosincrasia de nuestro sistema financiero, la Argentina no debe importar mecánicamente recetas externas
Esta fragmentación genera ineficiencias, superposiciones y vacíos normativos que resultan contraproducentes.
El tratamiento regulatorio del criptodólar, producto que goza de un importante grado de adopción en Argentina, puede constituir un ejemplo puntual pero ilustrativo de este diagnóstico, al ser un instrumento que opera simultáneamente como medio de pago local y transfronterizo, reserva de valor y puente entre el sistema tradicional y el cripto siendo emitido por firmas privadas extranjeras, sin un anclaje regulatorio unívoco.
En la práctica local, los servicios vinculados con los criptodólares pueden involucrar a distintos actores sujetos a marcos regulatorios diferentes. Mientras el BCRA regula los servicios de pago y establece restricciones a las operaciones con criptoactivos por parte de las entidades financieras y los proveedores de servicio de pago con cuenta de pago (PSPCP), la CNV regula a los proveedores de servicios de activos virtuales (PSAV). Una particularidad de los criptoactivos, a diferencia de otros activos supervisados por estos entes, es que la custodia y ejecución de operaciones pueden depender de redes distribuidas, proveedores o intermediarios radicados en plataformas pseudoanónimas en jurisdicciones extranjeras, dificultando la supervisión y la aplicación efectiva de las normas locales.
A nivel local, el desafío es pasar de respuestas sectoriales a una estrategia coordinada
Frente a estos desafíos, Argentina ya ha dado pasos regulatorios relevantes, aunque todavía parciales y desarrollados desde ámbitos específicos: la CNV estableció un régimen para los proveedores de servicios de activos virtuales y avanzó en la regulación de determinados tipos de tokens, mientras que el BCRA cuenta con requisitos para la gestión de riesgos tecnológicos, la ciberseguridad, la continuidad operativa y la tercerización de servicios, y ha incorporado el uso responsable y seguro de la inteligencia artificial a sus herramientas de supervisión. Sin embargo, estos avances no configuran todavía una estrategia integral que articule las dependencias tecnológicas críticas del sistema financiero.
El desafío es pasar de respuestas sectoriales a una estrategia coordinada que abarque a bancos, fintechs, proveedores tecnológicos, redes de pago y prestadores de servicios sobre activos virtuales, con responsabilidades claras y criterios comunes para gestionar los riesgos que atraviesan sus fronteras regulatorias.
La agenda integral que abren estas tecnologías es enorme: desde el desarrollo de marcos específicos para las stablecoins, que contemplen emisores, reservas y mecanismos de rescate, hasta la gobernanza y responsabilidad por las decisiones automatizadas de la IA y la prevención de nuevas modalidades de fraude digital.
Discutir quién administra las capas invisibles del sistema financiero es, en definitiva, asumir la soberanía digital como una política de Estado
También exige una mirada sistémica orientada a la soberanía sobre las dependencias críticas del sistema financiero -nube, datos, modelos de IA, identidad, pagos y criptografía-, mitigando la concentración de proveedores externos, fortaleciendo la resiliencia operativa, así como la preparación para una transición hacia criptografía poscuántica.
Abordar integralmente esta nueva realidad requiere fortalecer y profesionalizar las capacidades de los reguladores, creando equipos interdisciplinarios que combinen conocimientos de finanzas, derecho, tecnología y datos para comprender y enfrentar fenómenos cada vez más complejos.
Para lograrlo y dada la dimensión de estos desafíos resulta necesario convocar a una conversación abierta, desprejuiciada, plural y transparente que involucre a los sectores público y privado, las universidades, las asociaciones profesionales, las cámaras empresariales y las organizaciones de defensa de los usuarios financieros.
Discutir democráticamente quién administra las capas invisibles del sistema financiero es, en definitiva, asumir la soberanía digital como una política de Estado para decidir el grado de autonomía y desarrollo que nuestra sociedad quiere preservar.
Weitz es ex presidente de la CNV y profesor en la Maestría de Finanzas (UBA), Díaz es profesor Especialización de Posgrado en Gestión Estratégica de la Tecnología Informática (UNR)
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