El costo global del conflicto entre EEUU y China

Tecnología, industria, guerra y deuda: el choque entre las dos grandes potencias del siglo XXI remodela el orden mundial y deja a las naciones periféricas expuestas a nuevas formas de dominación

Los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en la Casa Blanca
Los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en la Casa Blanca
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Las superpotencias siempre cooperan y compiten entre sí. Cooperan por necesidad; para prevenir circunstancias que puedan desencadenar situaciones irreversibles entre ellos o frente a terceros; y compiten por la lógica del poder. Todas aprovechan al máximo las vulnerabilidades que les ofrecen sus desafiantes, sus aliados u otros. Eso significa que cada país debe procurar fortalecerse por sí mismo, para tener mayores grados de libertad y no ofrecer flancos débiles. Los países con proyectos nacionales propios son los que han construido las capacidades necesarias para negociar y defender sus Intereses nacionales; los que no lo han hecho, seguirán dependiendo de otros.

Pese a sus anteriores intereses mutuos compartidos, la relación entre EEUU y China se encamina a una “competencia estructural” debido a su fuerte confrontación tecnológica, con la IA como eje, pero que se extiende a la arquitectura financiera internacional y a las reglas del comercio global. Si bien China enfrenta una desaceleración de su crecimiento y fuertes desafíos demográficos y estructurales, también EEUU sigue con problemas de desindustrialización y falto de competitividad con China, que sigue liderando sectores tradicionales (acero, químicos, textiles, maquinaria industrial, farmacéuticos, aviación) y actividades vinculadas con las nuevas tecnologías. Ninguno la tiene fácil. El campo tecnológico es actualmente el sector de mayor conflictividad. Trump y Xi han coordinado sucesivas entregas de insumos (tierras raras) y de microprocesadores de anteúltima generación y habrían determinado cómo procesar las eventuales peligros provenientes de las IA o “superinteligencias” en el campo nuclear o equivalentes, que los afectarían recíprocamente. Por lo demás seguirán compitiendo duramente entre ellos y prometiéndose que “jamás” frenarán su crecimiento (Trump dixit), dado que EEUU considera que lleva la delantera frente a China y el resto del mundo, y va a tratar de que no la alcancen. Eso involucra enormes inversiones de ambos lados.

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El enorme costo de las guerras. EEUU tiene 750 bases militares en 80 países para ejercer su dominio militar a escala global, las que fueron relativamente seguras, incluso en Irak y Afganistán, hasta que Irán destruyera el primer día de los combates, la importante “Naval Support Activity Bahrein”, sede de la Quinta Flota. Durante el resto del conflicto fueron severamente dañadas otras bases en Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Irak, Omán y Jordania, junto con decenas de aeronaves. Todo ello encareció la guerra porque tuvieron que usar bases operativas más alejadas del centro de operaciones. A eso se suma la utilización de costosos sistemas de protección antiaérea (Patriot y THAAD), para defenderse de misiles y drones mucho más baratos lanzados por los iraníes. La costosa e innecesaria guerra contra Irán ya le ha costado a EEUU unos 44.000 millones de dólares. Eventualmente, China, que posee muchos más drones y misiles que Irán, podría usarlos contra las bases estadounidenses en Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas, Guam e incluso Hawái, si se iniciara un conflicto armado sobre Taiwán, lo cual dificultaría a EEUU para su defensa. Tampoco podría ahora cerrar sus costosas bases; sería una señal de retirada, cuyos aliados verían muy mal. Mientras tanto, China construyó durante décadas más de 3.000 refugios reforzados para aeronaves, todos muy costosos. Las inversiones en los nuevos sistemas de armas (drones, misiles, microprocesadores, combustibles) son siderales. Muy grave es lo que ocurre desde ya hace 5 años, en la Guerra entre Rusia-NATO-Europa, en territorio de Ucrania: un muy alto costo en la destrucción sistémica de redes eléctricas, ferrocarriles, ciudades, puertos, edificios, material de guerra y por supuesto lo más grave, enorme cantidad de vidas humanas, que aún sigue escalando.

El conflicto en el campo industrial se caracteriza por la descentralización china y la centralización norteamericana. Vemos un nuevo ciclo de inversiones y apertura de fábricas chinas alrededor del mundo. Esto se fundamenta en las lógicas limitaciones que le imponen algunos países a la importación de la producción industrial china, particularmente visible en el sector automotriz. La Unión Europea aplica derechos compensatorios adicionales a los autos eléctricos chinos. Brasil dispuso la suba al 35% del impuesto de importación de los vehículos electrificados terminados y de los kits. Son políticas de Estado de países que defienden sus Intereses Nacionales.

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Las empresas chinas como BYD, Chery, XPeng, GAC, Leapmotor, Geely, GWM, Changan, Omod, Jaecoo, Jetour se han instalado o lo estarán en los próximos tiempos, en alianza con firmas locales y utilizando antiguas plantes de Nissan, Stellantos, Ford, Merceds Benz, Renault, y otros, en diversos países de Europa (Hungría, Austria, España y Francia) y en Brasil (varias plantas), aprovechando a las facilidades que ofrece el gran mercado europeo (donde debe cumplir normativas especiales) y el Mercosur a través de Brasil, que también tiene acuerdos con México

Por su parte, EEUU se desliza en sentido opuesto, centralizándose sobre sí mismo para depender menos de proveedores externos. Ha anunciado la instalación de una mega planta siderúrgica en Iowa. La obra costará 15.000 millones U$D, para producir 10 millones de toneladas de acero al año, con una proyección de 8.000 puestos de trabajo entre la etapa de construcción y la manufactura. La empresa de capitales de India, Masabi Metallics, presidida por Rewant Ruia, construirá dicha planta siderúrgica utilizando mineral de hierro de la nueva mina (de la misma empresa) en Minnesota, la primera en abrirse en los últimos 50 años. Según Washington sería la planta siderúrgica más grande en la historia de los EEUU.

Conclusiones

Aludir al costo del conflicto entre EEUU y China no implica sólo una opinión (por cierto, negativa) por el inmenso y horroroso despilfarro de fondos aportados para su financiación por sus respectivos ciudadanos, sino por el menos visible daño que causan a terceros países por la desenfrenada aceleración de sus “áreas de influencia”, en pos de obtener los recursos de terceros para sí o para recortárselos a su oponente. Lo cual no es poco, ya que para logarlo apelan, no sólo a medidas de pura fuerza bruta, sino a diversas técnicas de cooptación y de control social sobre las mismas. Hasta se permiten y se atreven a quitar soberanía, tratando de influir en las elecciones democráticas de todos los países periféricos a sus intereses, por medio de la guerra cognitiva, especializada en la manipulación vía las redes sociales, sostenidos por las grandes empresas tecnológicas y las mega corporaciones financieras, enmascaradas detrás de todas estas acciones.

La respuesta que tienen terceros países a esta objetiva situación de dominación y control, es desarrollar fuertes capacidades propias que generen los mecanismos necesarios para defender los Intereses Nacionales y con ello permitir que al menos se logre una negociación más equilibrada y que no haya interferencias ajenas a las soberanías nacionales.

Por otro lado, imaginemos que haya menos competencia y más cooperación entre las superpotencias. Supongamos que esos vastos recursos se vuelquen a desarrollar más tecnologías, pero en lugar de usarlas negativamente como hasta ahora, se focalicen a hacer mejorar la calidad de vida de sus pueblos y las del resto de las poblaciones globales. Parece por ahora bastante utópico, pero no deja de haber importantes defensores de un orden global más justo y equilibrado. Un orden con reglas cumplidas por todos los países grandes y chicos. Como desde su misma existencia, el ser humano ha vivido siempre en comunidad, es necesario lograr un orden más humano y menos robotizado como el actual, donde se invierte mucho dinero para darles características humanas a los robots (humanoides), mientras simultáneamente se robotiza (o se atonta, embrutece, entretiene) la mente de las personas, cada vez más recluidos y aislados, fomentando un ultra-individualismo que atenta gravemente sobre la salud humana (tantos suicidios de jóvenes no son casualidad) y la caída de la capacidad intelectual global, como lo muestran las pruebas PISA. Además de precarizar el trabajo de vastas poblaciones, siendo el trabajo un constructor de la dignidad humana. Esta problemática provocada por el uso mercantilista e irracional de las nuevas tecnologías, ha escalado globalmente y hoy es tendencia en los debates en los países más desarrollados del mundo.

Un leve optimismo surge desde sectores religiosos e intelectuales; en especial por el accionar del Papa León XIV (y anteriormente por Francisco) que, por medio de su encíclica “Magnifica Humanitas”, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, ha criticado a este extremismo materialista que destruye milenarios conceptos de comunidad, de justicia social, y de Bien Común, y pone bastante esperanza en las nuevas generaciones juveniles como “capaces de construir comunidad”. Esta prédica ecuménica en contra de los excesos del consumismo materialista, o del juego, incitado por anónimas plataformas, que generan ludopatías, va mostrando la necesidad de una vida más espiritual que dé esperanza al vacío existencial actual, y eso está empezando a encontrar eco entre los jóvenes del mundo, que se acercan en busca de respuestas, tratando de encontrarle sentido a sus vidas, en un mundo convulsionado por las guerras y la agitación política.

También es destacable ser un promotor de la Paz, tratando de desarmar las “guerras religiosas” inducidas y promovidas por no religiosos pero muy amantes de la financiación de la renovación de los sistemas de armas. Llamó la atención el prolongado aplauso que le brindó la comunidad musulmana en Francia al Papa León IV, precisamente por estas iniciativas. Todo un soplo de esperanza para el humanismo, la libertad y el derecho de los pueblos a ser más felices.