León XIV y el despertar de la Iglesia en América Latina

La visita del Papa a Sudamérica puede abrir un nuevo tiempo para la Iglesia, para nuestros pueblos y para la relación entre la fe y las naciones

El papa León XIV recibió a los miles de fieles en la plaza de San Pedro. (Foto: Vatican News)
El papa León XIV realizará una visita apostólica a Uruguay, Argentina y Perú. (Foto: Vatican News)
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La próxima visita apostólica de Su Santidad el papa León XIV a Sudamérica, que comprenderá Uruguay, Argentina y Perú, trasciende ampliamente el significado de una visita pastoral. Será un acontecimiento de enorme relevancia para la Iglesia Católica y para todo el continente americano.

América Latina tiene una historia profundamente vinculada al cristianismo. Durante más de cinco siglos, la Iglesia Católica ha sido una de las instituciones fundamentales en la construcción cultural, educativa, social y espiritual de nuestras naciones.

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Las órdenes religiosas participaron en la evangelización y en la creación de escuelas, colegios, universidades, hospitales y numerosas obras de asistencia social. Jesuitas, franciscanos, dominicos, mercedarios y tantas otras órdenes dejaron una huella profunda que todavía forma parte de la identidad de nuestros pueblos.

Por eso, América Latina no debería olvidar sus raíces. Reconocerlas no significa desconocer la pluralidad religiosa, la separación entre Iglesia y Estado ni la diversidad de nuestras sociedades. Significa reconocer una realidad histórica: la Iglesia Católica desempeñó un papel decisivo en la formación cultural y educativa de América Latina.

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León XIV y la oportunidad de un nuevo tiempo

La llegada de León XIV representa una oportunidad para fortalecer la presencia pastoral de la Iglesia en Sudamérica y profundizar un diálogo institucional respetuoso entre la Iglesia y los Estados.

La Iglesia no debe ser utilizada por los partidos políticos, pero tampoco debe ser excluida del debate sobre los grandes problemas humanos de nuestro tiempo. Su misión es defender la dignidad de la persona, la libertad religiosa, la paz, la justicia, la educación, la cultura, la solidaridad y el cuidado de quienes más sufren.

En su primera encíclica, Magnifica Humanitas, León XIV coloca en el centro la dignidad de la persona humana y plantea la necesidad de responder a los desafíos de nuestro tiempo sin perder de vista aquello que hace verdaderamente humana a nuestra civilización.

Ese mensaje resulta especialmente significativo para una América Latina que enfrenta enormes desafíos sociales, económicos, culturales y espirituales. Frente a ellos, la Iglesia puede aportar una mirada centrada en la persona, la fraternidad y la búsqueda del bien común.

Argentina debe recibir al Santo Padre con grandeza

La visita de León XIV a la Argentina debería ser una oportunidad para reencontrarnos con aquello que nos une y no para profundizar aquello que nos divide.

No deberíamos intentar llevar al Santo Padre al terreno de las disputas partidarias, de las internas políticas o de las luchas coyunturales.

Un Papa no pertenece a un partido político ni a un movimiento social.

El Papa pertenece a la Iglesia y es el sucesor del apóstol Pedro, pastor de los católicos de todo el mundo.

León XIV llegará para encontrarse con los argentinos, con los fieles, con nuestras autoridades y con una sociedad que atraviesa profundas transformaciones. Será una oportunidad para escuchar, acompañar, consolar, exhortar y anunciar el Evangelio.

No deberíamos convertir sus palabras en mensajes partidarios ni esperar de él una intervención en las disputas políticas argentinas.

No volvamos a cometer los mismos errores

La historia reciente de nuestro país debería servirnos de enseñanza.

La experiencia de nuestro querido Padre Jorge, el Papa Francisco, debería hacernos reflexionar. Argentina no llegó a recibirlo durante su pontificado, a pesar de haber sido su tierra natal y de la enorme expectativa que generaba la posibilidad de su regreso.

A mi entender, algunos sectores políticos y movimientos sociales terminaron intentando involucrarlo en una interna política que no corresponde a la figura de un Pontífice, más allá de que ese Papa fuera argentino.

Hoy tenemos una nueva oportunidad. Y esa oportunidad se llama León XIV.

No deberíamos repetir las mismas discusiones, divisiones ni instrumentalizaciones. El Santo Padre no viene a la Argentina para convertirse en protagonista de nuestra política partidaria. Viene como Pastor de la Iglesia universal, a encontrarse con los argentinos, con los católicos y con quienes sufren, tienen esperanza o buscan un camino de reconciliación.

América Latina y la responsabilidad de sus raíces

América Latina tiene una enorme responsabilidad frente al futuro del cristianismo.

Nuestra región conserva una profunda tradición católica y una identidad cultural en la que el cristianismo ha desempeñado un papel decisivo durante más de cinco siglos.

Pero esa herencia no puede convertirse solamente en una referencia histórica. Debe transformarse en compromiso: con la educación, la dignidad humana, los más pobres, la libertad religiosa, la defensa de la vida, la cultura, la paz, la familia y la fraternidad entre los pueblos.

La Iglesia Católica no debe ser patrimonio de ninguna estructura partidaria ni de ningún sector ideológico.

La Iglesia es de Cristo.

Y precisamente por eso puede dialogar con todos: gobiernos de diferentes signos, empresarios y trabajadores, movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil y personas de distintas religiones y convicciones.

Pero debe conservar siempre su libertad para anunciar el Evangelio y defender la dignidad de cada ser humano.

Un llamado a los argentinos

Por eso hago un llamado a todos los argentinos, más allá de nuestras diferencias políticas:

No llevemos al Santo Padre al barro de nuestras divisiones.

No intentemos convertirlo en dirigente político ni apropiarnos de su figura para defender nuestros intereses particulares.

Recibámoslo como lo que es: Su Santidad León XIV, Sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia Católica universal.

Recibámoslo con respeto, con alegría y con grandeza.

La visita de León XIV puede ser mucho más que una visita papal. Puede ser una oportunidad para que América Latina vuelva a mirar sus raíces, para que la Iglesia fortalezca su misión evangelizadora y social, y para que nuestros Estados comprendan que el diálogo y la cooperación institucional con las comunidades religiosas pueden contribuir al bien común.

Después de más de cinco siglos de historia cristiana, América Latina tiene ante sí una enorme responsabilidad: hacer de su tradición cristiana no solamente una herencia del pasado, sino una fuerza espiritual para construir el futuro.

Que la llegada de León XIV sea un tiempo de encuentro y no de enfrentamiento; de unidad y no de división; de esperanza y no de utilización política.

Argentina debe recibir al Sucesor de Pedro con la dignidad que merece.

Bienvenido, Su Santidad León XIV. Bienvenido a Sudamérica. Bienvenido a la Argentina.

Que Dios lo bendiga y que su visita sea un nuevo comienzo para nuestra Iglesia, para nuestros pueblos y para toda América Latina.