Sobre la aplicación del nuevo Régimen Penal Juvenil

Francisco nos dejó una perspectiva centrada en la dignidad de quienes viven privados de libertad y sus familias. Sin infraestructura digna ni equipos especializados, la privación de libertad de los menores puede profundizar los daños sociales

El Papa Francisco lavando los pies de los presidiarios de la cárcel Civitavecchia, en Italia (REUTERS)
El Papa Francisco lavando los pies de los presidiarios de la cárcel Civitavecchia, en Italia (REUTERS)
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Lucas 10:19 en la Biblia católica dice: «Miren que les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada los podrá dañar».

“No existen niños malos, así como no existen adolescentes del todo malvados, sino que hay personas infelices”, explicó Jorge Bergoglio antes de recordar las “largas filas” de madres en las cárceles argentinas durante su época de Arzobispo. “Estaban allí y no se avergonzaban. ‘Mi hijo, mi hijo’, decían. Estaba en la cárcel pero era su hijo. Y eso que sufrían tantas humillaciones para entrar”, rememoró el denominado “sucesor de Pedro” sobre sus épocas de cardenal primado en Argentina. Eso dijo el Papa Francisco, frente a la gran cantidad de fieles que colmó la plaza vaticana el 14 de junio de 2017 hablando sobre los adolescentes que delinquen.

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Defensa incansable de la dignidad humana

En la visitas del Papa Francisco a las cárceles manifestó su amor por los presos -sin distingos- hasta el final de sus días de vida terrena. La primera vez como pontífice fue en el año 2013 cuando se trasladó a la cárcel para lavar los pies a los presos, gesto que repitió todos los años y el Jueves Santo 17 de abril 2025, cuatro días antes de morir, saludó en forma personal a los presos de Regina Coeli como testimonio de su incansable defensa de la dignidad humana y su predilección por los descartados.

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El último Gran Mensaje de Francisco estuvo dirigido a los presos

El Papa Francisco poco antes de morir tuvo un gesto de despedida que no estuvo dirigido a los poderosos de la tierra, menos aún a los más aplaudidos personajes del mundo artístico, ni a los grandes teóricos; ni fue para los magistrados, ni para los más destacados estadistas del planeta, ni para los empresarios, mucho menos para los ricos. El gran mensaje del papa Francisco estuvo dirigido a los encarcelados. Los últimos que para él fueron los primeros, mucho antes de ser papa y desde el primer momento desde que fue elegido Pontífice.

“Al ir a Regina Coeli, en el punto máximo de su fragilidad física el jefe de los capellanes de las cárceles italianas, P. Grimaldi dijo: «El Papa Francisco dejó este mundo terrenal entregándonos una tarea: la de continuar su obra junto a los encarcelados”. (ACI Prensa 25/04/25).

Unicef y la reducción de la edad de inimputabilidad penal en Argentina

Unicef indicó que en Argentina la reforma del sistema de Justicia Penal Juvenil “no requiere bajar la edad de punibilidad”.

“El abordaje de una ley de justicia penal juvenil no debe solo solucionar hoy el problema de ayer, sino también prevenir el problema de mañana. Es necesario que haya sanción proporcional y contextualizada, reparación, reinserción efectiva, y prevención, protegiendo y recuperando a los más jóvenes en la mayor medida posible. Y eso requerirá de legislación equilibrada, políticas integrales y financiamiento adecuado”, dice Unicef por medio de su representante y agrega que “disminuir la edad de punibilidad no ha resultado una medida efectiva para combatir la inseguridad” en ningún lugar del mundo. Enviar a los pibes malos al abismo de los infiernos no los hace buenos, ni van con eso a reparar el mal. Para reeducar su cabeza y su corazón es preciso tener un modelo complejo y medios materiales y humanos que los argentinos no tenemos.

“…eso requerirá de legislación equilibrada, políticas integrales y financiamiento adecuado. Una justicia juvenil moderna, basada en derechos, evidencia y con intervenciones especializadas, reduce la reincidencia, previene nuevas víctimas y contribuye a mejorar la seguridad ciudadana”(…)“De otra manera, aumentará el número de jóvenes dentro del sistema penal, se profundizarán trayectorias de violencia a futuro, y se debilitarán las posibilidades de construir soluciones duraderas. Pero no mejorará la seguridad”m dijo al diario La Nación, Rafael Ramírez Mesec, representante de Unicef Argentina.

La jueza está de acuerdo con bajar la edad de imputación penal, pero no con su aplicación inmediata

Los fundamentos de la jueza Marta Elba Pascual (titular del Juzgado de Responsabilidad Penal Juvenil N.º 2 de Lomas de Zamora) para suspender preventivamente por 60 días la aplicación del nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801) en la provincia de Buenos Aires tienen sentido, impresión de realidad, diría el filósofo, no vuela por los aires de la teoría y demuestra conocer la realidad. Está diciendo:

1. Falta de capacidad edilicia y hacinamiento inminente

La jueza advirtió que la reducción de la edad de imputabilidad de 16 a 14 años provocará un “aumento considerable” del flujo de menores detenidos, además de una mayor permanencia en los centros de detención. Aseguró que las alcaldías y los centros socioeducativos bonaerenses actuales no cuentan con las condiciones físicas ni el espacio para recibir esta nueva demanda de jóvenes (agrega este cronista que tampoco podría soportar ese aumento la infraestructura de los espacios nacionales con ese destino)

2. El peligro del encierro sin condiciones adecuadas

Hacinar menores, tarde o temprano incrementa los niveles de inseguridad y violencia”.

3. Ausencia de mecanismos de reinserción y personal profesional

La magistrada sostuvo que faltan los mecanismos prácticos, profesionales capacitados, programas de educación y talleres de capacitación laboral necesarios para el tratamiento de chicos de 14 y 15 años, además agregó que el aislamiento o el encierro por sí solos, desprovistos de un abordaje institucional serio, no solucionan el problema del delito.

“No están dadas -dijo, a nuestro juicio con razón- las condiciones operativas para implementar la reforma de forma inmediata en el territorio bonaerense sin provocar un colapso” (agreguemos que en el orden nacional también carece de esas condiciones operativas necesarias más aún en momento de un brutal recorte del gasto público en el que a cada paso nos preguntamos dónde está el Estado).

Los presidios y los menores que delinquen

La realidad social es que estamos ante barriadas muy pobres donde hay un alto clima de violencia, conflictividad familiar, crecimiento demográfico no compensado por la construcción de nuevas viviendas en forma suficiente, hacinamiento, insuficiencia alimentaria, no acceso a clubes y a centros gratuitos de salud pública. Todo ello genera altos grados de frustración de las familias, de los menores y deserción escolar. La crisis económica que afecta a los hogares aumenta el clima de violencia y malestar que invitan al delito fácil mayoritariamente contra la propiedad.

El abordaje del problema debe hacerse considerando el todo. El todo de la familia en la que convive el niño/a malo/a y el o los niños/as buenas, y comprender penalmente también la irresponsabilidad de los mayores y la impotencia y la corrupción de los gobiernos.

Debe crearse un sistema penal y de reeducación de menores, correctivo inteligente, que considere la suerte integral de los menores que delinquen y el cuidado de los que no delinquen. Cuando en condiciones deficientes conviven adictos que inducen a los no adictos y a los no delincuentes al uso de drogas peligrosas, a las apuestas, al ejercicio de la prostitución infantil y al camino del robo ¿no hay a veces responsabilidad de los padres y del Estado ausente? Si se encierra en el infierno de un instituto penal o cárcel que no sea un espacio digno y pedagógicamente bien organizado, es muy probable que aumente la gravedad del interno y todo el sistema sea un gasto destinado a aumentar el mal. Maltratados, resentidos, más violentos, judicializados los chicos saldrán peor a como entraron. El Estado habrá financiado el aumento de los actos inhumanos y tendrá una sociedad más peligrosa.

Por lo dicho frente a esa realidad la idea y la aplicación de la Ley 27.801 que reduce la edad de imputabilidad en materia penal de menores de 16 a 14 años será un rotundo fracaso y causará un tremendo daño social.

La serpiente de la despenalización y el infierno del Dante

Criticar la reforma no es adherir a la política penal de la serpiente. La de aquellos que convivieron con los totalitarismos hasta que pudieron cambiar la chaqueta vieja de la dictadura por la camisa nueva de la democracia y se dejaron la melena y se pusieron los vestidos de Montesquieu, en Alemania. Cuando Mefistófeles pactó con el Eterno y se promulgó la libertad de drogarse, de denigrar el cerebro, de rendirse a la tentación de los niños y niñas a prostituirse y delinquir. Y la tentación dirigida a todos y en particular a los niños y niñas de hogares hundidos en la pobreza como una forma de liberación, exilio, invitación, en rigor de verdad, a ser jóvenes fisurados por la sustancia que conduce al suicidio.

La cultura de un progresismo retardado y disolvente

La realidad es que los diversos gobiernos de la nueva Democracia en la Argentina, por mirar para otro lado, en lugar de poner freno al crecimiento del mercado de la droga -ingreso, marketing, distribución ilimitada -permitió su ingreso y provocó su expansión. Como si se hubiera aprobado un pacto demoníaco entre los defensores de la democracia y un pérfido humanismo. Fenómeno que penetró como bien sabemos por los salones VIP de los boliches, por el avance de selectas minorías mediáticas, travistiendo el arte, el deporte y la política. De ahí se introdujo en los centros del poder hasta desembarcar en las escuelas y en los barrios. Y el consumo quedó especialmente instalado en los barrios marginales donde no faltó ni falta la connivencia de intendentes y comisarios. Expertos criminales provenientes de centros de producción y financieros que fácilmente financiaron campañas y abrieron la puerta a gobiernos corruptos.

Quienes luchamos por la democracia creíamos que íbamos para arriba, cuando la fuerza de la corriente nos llevaba para abajo. Y aquí estamos.

El reino de los ofitas

Esa realidad es un dato veraz de los últimos 40 años. Hoy, quienes dicen ser representantes del pueblo, entregan en sacrificio a niños y niñas ingenuos dominados por el paco en los conurbanos infinitos a cambio del producto de la venta al menudeo. En lugar de buscar el camino del exilio de la pobreza y la marginación los condenan al purgatorio de la miseria, la transa y el consumo para enviarlos al infierno de la represión.

El barrio pobre tiene que dejar de ser un infierno y los centros de detención también. La infraestructura hay que construirla y después mandar a la gente. Donde muchas veces no hay huesos para la olla y donde los pibes tienen que lidiar con padres violentos o beodos y madres con vientres henchidos de angustias sin consuelo tiene que haber pan y trabajo. ¡Legisladores, trabajen para eso!

Los niños abandonan la familia y se van a la esquina a consumir paco, con la “tribu” se sacaron los gritos y los lamentos y reciben falsas ilusiones de la mano de malas compañías. Con el “paco” se sacaron el hambre aumentando la fragilidad de un cuerpo enfermo. Con el juego y las apuestas se sacan engañosa e ilusoriamente la desesperanza hasta perderlo todo. Con el robo se sacan momentáneamente la falta y con la prisión sin darse cuenta ingresaron al séptimo círculo del infierno.

Lo que debieran hacer los legisladores es crear las condiciones para que en los barrios no ingrese la droga. Ni se promueva el juego. Ni la prostitución. Crear las condiciones operativas para transformar el infierno de las prisiones en espacios donde se transforme al sujeto infeliz, equivocado o malvado, en una persona.

La Iglesia católica con un oído en el Pueblo y otro en el Evangelio

Con palabras de Pablo Viola, titular de la Pastoral de las Adicciones de la Iglesia Católica de Córdoba en el II Congreso Arquidiocesano de Córdoba realizado en junio de este año, analizó la necesidad de un enfoque integral del tema. Dijo que las conductas adictivas se deben comprender “en un cuadro más amplio de desintegración social; ¿cómo puede responderse a una crisis tan multidimensional desde la estrechez de perspectivas únicamente ideológicas, represivas o tecnocráticas?” y halla la respuesta en el error frecuente de la sociedad de “escapar de sus propios abismos” a través de múltiples mecanismos de evasión” y propone una escucha atenta, sin prejuicios y sin apresuramiento. a juzgar…”. Y durante esas jornadas el ex presidente de la Conferencia Episcopal Argentina Monseñor Oscar Ojea destacó la importancia del trabajo pastoral de los Hogares de Cristo, alrededor de 300 en distintos puntos del país donde curas y laicos hacen una labor pastoral y específicamente trabajan con adictos y señaló que “la presencia “narco” aumentó en los barrios… mientras tanto que el congelamiento de la ley de integración de barrios redujo las pequeñas opciones “de changas”, de un trabajo, de una salida momentánea”. En igual sentido se pudo escuchar al padre Pepe Di Paola quien coordina la Federación de Hogares de Cristo, red por el fundada en el año 2008 y que practica un abordaje integral de las adicciones a través de crear y fortalecer las comunidades organizadas.”