
Adorni no se va: esa es la consigna. Milei lo defiende con uñas y dientes. No está dispuesto a entregarlo. No quiere sacrificarlo en el altar de los periodistas. Eso dice.
La oposición tampoco parece dispuesta a acelerar la salida de Adorni. No se logró el número para interpelarlo y eventualmente aplicarle una moción de censura. Las fuerzas opositoras lo prefieren vivo. Vivito y coleando.
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Adorni es hoy, para el Gobierno, un insumo tóxico. La imagen negativa del jefe de Gabinete supera el 70%. La imagen positiva de Milei acumula caída. Según los analistas de opinión, la baja comenzó antes de que se desatara el escándalo del jefe de Gabinete, pero el factor Adorni aceleró el curso del deterioro.
El factor Adorni cataliza y potencia el descalabro gubernamental. Es el precursor químico de la descomposición del relato. Daña inexorablemente al Gobierno. Milei no lo quiere —o no lo puede— ver.
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La desaceleración del ritmo inflacionario, que llevó el IPC al 2,6 en abril, no alcanzó para aplacar los ánimos presidenciales. Milei celebró la buena nueva redoblando su incontinencia de agravios e imprecaciones. No encuentra paz.
“La única data que nos va a dejar cómodos es que sea cero”, dijo Milei. Reivindicó el ajuste de 15 puntos del PBI y aseguró que no subiría impuestos, encuadrando el evento en una cuestión moral.
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“La moral como política de Estado” es otra consigna que perdió densidad en boca de Milei.
No queda claro en el relato si evadir impuestos es un asunto de héroes —como alguna vez calificó a los evasores— o si se trata de una defección moral. Todo un tema.
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La irrupción del contratista de la obra en Indio Cuá en la escena mediática expuso el asunto con toda crudeza.
“Parece que los únicos que evadimos somos Manuel y yo”, dijo Matías Tabar.
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Cabe preguntarse si evadir, o sea sustraer del erario público ese dinero, equivale —desde la cosmovisión mileísta— a robar. O si, por el contrario, es un acto de defensa propia para evitar que el maldito Estado se quede con lo de uno.
En el raid televisivo de este jueves, el Presidente pasó de Neura a Carajo y volvió a Adorni.
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Según Milei, hubo un intento de “golpe de Estado” gatillado por la victoria electoral del bueno de Manuel en la Ciudad.
Señaló por la intentona a la oposición, a los medios y a los empresarios. Los hace incluso responsables de las angustias cotidianas de la gente. La culpa es siempre de otro.
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Es curiosa la interpretación que el libertario hace de ciertos asuntos. Está claro que le está faltando información sobre cuestiones muy sensibles.
Entre otros dislates, acusó a la periodista Débora Plager de genocida por haber apoyado la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. La hace responsable de la caída de la tasa de natalidad, que fue del orden del 40% en los últimos diez años. Una desmesura.
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Es probable que Milei no sepa que en casi todo el mundo la cantidad de nacimientos está por debajo de la tasa de reposición, que es de 2,1 hijos por mujer, y que en algunos países adquiere niveles alarmantes. Se trata de un motivo de preocupación planetaria que nada tiene que ver con el acceso —o no— al aborto legal.
Es más: no son pocos los países que han comenzado a generar políticas de subsidio y asistencia económica para quienes encaren la tarea de ser padres en un mundo en el que la crianza de un hijo se vuelve cada vez más difícil.
En la misma y frenética incursión mediática calificó de mentirosa a Cecilia Boufflet para defender al diputado jujeño de LLA Manuel Quintar, quien plantó su flamante Cyber Truck en el estacionamiento de Diputados.

La llegada del controvertido modelo de Tesla generó un revuelo que Quintar cortó con tono desafiante:
“A mi nombre, con la mía… es parte de una batalla cultural”.
La imagen se volvió viral casi de inmediato y abrió una discusión política, estética y simbólica: lujo, austeridad, “casta”, relato libertario y exhibición de riqueza. Extravagancia y ostentación en la semana del mayor ajuste sobre las cuentas públicas presentado por el Gobierno.
“Si se compró el auto con la propia, ¿qué carajo me importa?”, aportó el libertario.
De “la Ferrari es mía, mía, mía”, de Carlos Saúl, a “le pedí a Musk si me regalaba uno para moverme en Argentina; no me dio pelota”, de Javier Gerardo.
La penetración del caso Adorni a nivel calle desquicia al jefe de Estado. Si Adorni es Milei, hoy la percepción generalizada asume que Milei es Adorni.
El libertarianismo, con la “batalla cultural” y su discurso anti casta, logró imponerse por pregnancia. Hoy ya no es un recurso retórico. La defensa irrestricta que el Gobierno hace del malhadado exvocero desarticuló la retórica del oficialismo.
No hay control de daños que esté funcionando. El deterioro alimenta la adrenalina en el territorio anti Milei.
La política se agita, por izquierda y por derecha, buscando una alternativa para 2027.
El pasado domingo el PRO emitió un confuso posteo bajo el título: “Manifiesto Próximo Paso”.

Una primera lectura permite inferir una intención: Mauricio Macri dedicado a recuperar identidad propia y dejar de aparecer solo como socio pasivo del oficialismo. La idea es que mejoraron algunos indicadores, pero eso todavía no se traduce claramente en la vida cotidiana.
“Empezar no es llegar… Hay una diferencia entre que los grandes números mejoren y que tu vida mejore”.
El paper digital señala como responsables al “populismo de siempre” —por los K— y a quienes frenan el cambio desde adentro: los que lo hacen “con soberbia, con arrogancia o pidiendo sacrificios que no están dispuestos a hacer”. O sea: Adorni y quienes lo defienden.
Apenas días después, escaso de vocabulario, Fernando De Andreis habló de “demolición” de lo hecho por Milei en el primer tramo de su mandato. Lo hizo en tono ponderativo, pero le salió mal. No se entendió.
Según De Andreis, Milei cumplió el papel de derribar una estructura previa, pero sostuvo que ahora hace falta construir:
“Los argentinos querían una casa nueva, no un terreno vacío”.
Para De Andreis —una suerte de vocero de Mauricio Macri— “lo mejor para la Argentina sería que Macri fuese el próximo presidente”. Lo considera la figura adecuada para una etapa de “reconstrucción”.
Aseguró que, desde la mirada del PRO, “Adorni es hoy más un obstáculo para el cambio en la Argentina que otra cosa”. En cualquier caso, no van a acompañar los pedidos de interpelación porque, según dijo, ya actúa la Justicia.
“Si el PRO calla, lo que logramos es que el populismo avance”, fue la frase de impacto que dejó Mauricio Macri en la cumbre del PRO de este viernes.
La situación del expresidente es incómoda, por momentos ambivalente. Después de meses sin contacto alguno con Milei, pretende diferenciarse, pero sin dejar de acompañar.
“Ante la duda, nunca con el kirchnerismo” es la consigna en la que se amparan los muy amarillos.
Tampoco queda claro si Macri está dispuesto a plantarse como alternativa o si va a seguir apoyando sin límites la gestión libertaria.
¿Estamos ante el inicio de una autonomía del PRO frente a Milei o se trata solo de un posicionamiento para una negociación de poder antes de 2027? Una pregunta sin respuesta.
El peronismo, entre tanto, patalea en el barro. Apunta a reordenarse y llegar con un candidato competitivo al 27, pero no encuentra un nombre que lo unifique y mucho menos una narrativa que lo exprese.

Axel Kicillof expande el “Movimiento Derecho al Futuro” para apalancar su construcción propia. En ese escenario confronta con La Cámpora.
Los gobernadores peronistas se están moviendo como bloque propio. Hay conversaciones para construir una agenda legislativa común y una alternativa federal. Pero ninguno aparece liderando.
Sergio Uñac, exgobernador de San Juan, presenta una suerte de precandidatura y comienza a recorrer el país y los medios para hacerse conocido. Pide una interna abierta y quiere que el liderazgo se resuelva por voto y no por acuerdo de cúpula.
En el peronismo cada cual atiende su juego y a buena parte de ellos los reúne una misma incomodidad: Cristina Fernández de Kirchner.
El empecinamiento terapéutico con el que Milei está defendiendo a Adorni complicó a su Gobierno y aceleró los tiempos preelectorales.
Demasiado temprano para tanto ruido político.
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