Más participación, mismas tensiones: el nuevo momento de la democracia

Pese a un escenario internacional marcado por la guerra y la fricción, el índice global tuvo uno de los mayores aumentos en una década. Argentina mejoró

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Mientras que Argentina mejoró cinco posiciones en el ranking, Estados Unidos presentó un marcado retroceso (Foto: Reuters/Kevin Lamarque)
Mientras que Argentina mejoró cinco posiciones en el ranking, Estados Unidos presentó un marcado retroceso (Foto: Reuters/Kevin Lamarque)

El Índice de Democracia (EIU) de la prestigiosa revista The Economist mide anualmente, desde 2006, el estado de 167 democracias del mundo. Se enfoca en procesos electorales, gobernanza, libertades civiles, participación política y cultura política. Examina las fuerzas que influyen en las elecciones, la gobernanza y la estabilidad política a nivel global.

Recientemente, se publicaron los datos de 2025 y los números seguro generan cierto desconcierto. Es difícil entender que la democracia haya mejorado en un panorama internacional marcado por la guerra en distintos frentes, además de marcados discursos de odio y un notorio avance de personalismos en detrimento de mayor cooperación y desarrollo.

Aun así, lo importante es cómo se interpretan estos datos. En primer lugar, es muy posible que lo mencionado más arriba haya provocado una reacción en cadena que interpeló a gobernantes y a la ciudadanía: esta vez, su situación podría verse afectada de verdad.

¿Cómo se materializa esa reacción? En este caso, tuvo que ver con una mayor participación en procesos electorales que a su vez fueron libres y mucho más justos.

Es cierto, en sintonía con otros reportes, en el EIU coincide que, mientras unos países avanzan, otros retroceden. El proceso es claramente irregular. Pero la tendencia es positiva, es decir, en términos generales los números subieron más de lo que bajaron. Eso no nos dice mucho. Son números, tendencias, medias. Vamos a verlo más en detalle.

Antes decíamos que hubo una reacción. Y principalmente de actores que nunca habían estado frente a una situación semejante. Eso se ve claramente en los casos de Canadá y de Dinamarca. El primero, celebró la elección con mayor participación desde 1993 (69%); y el segundo mejoró significativamente la confianza del funcionamiento de las instituciones.

¿Coincidencias? Ambos gobiernos tuvieron cortocircuitos con Estados Unidos, específicamente con ciertas declaraciones del presidente Trump. La tendencia positiva es igualmente significativa en Europa Occidental en su conjunto.

Ya que mencionamos a Estados Unidos, según el informe, en su caso hubo un notable retroceso. Principalmente evidenciado en el deterioro en el funcionamiento del gobierno y en las libertades civiles. Muchas agencias están teniendo dificultades para operar con menos personal, tras los recortes del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), despidos con motivación política y renuncias en toda la administración pública. La Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO), encargada de asegurar que el presidente no pueda tomar decisiones unilaterales para cerrar una agencia creada por el Congreso o desmantelar programas, ha abierto 39 investigaciones por posibles violaciones de la ley. El indulto a los manifestantes que participaron en el ataque al Capitolio de Estados Unidos en enero de 2021, así como el uso extraordinario por parte de la administración Trump de fuerzas federales para apuntar a grupos étnicos y raciales específicos sin causa probable, marcan una tendencia que no se ha revertido hasta ahora en 2026.

América Latina y el Caribe tienen motivos para celebrar. Fue la región que demostró el mayor crecimiento a nivel global. Luego de nueve años en declive, los números vuelven a ser alentadores. 13 de 24 países de la región demostraron números positivos y escalaron en el índice. Especialmente en las categorías procesos electorales y pluralismo, participación política, libertades civiles y funcionamiento de las instituciones. El caso principal es Bolivia, que luego de 19 años de gobierno del MAS, celebró sus primeras elecciones libres con un proceso de transición pacífico. Por el contrario, Colombia tuvo un gran retroceso: asesinatos a líderes políticos, marcada persecución a sindicatos y gremios; y activistas sociales, entre otros motivos, marcaron que los números sean poco alentadores.

En cuanto al resto del mundo, todo se mantuvo relativamente estable, pero con tendencia a la baja. Por un lado, Asia Central y Europa del Este retrocedieron por tercer año consecutivo. Estos países están encabezados por Rumania, Ucrania y Georgia, que presentan problemas vinculados principalmente a falta de libertades religiosas, alta desconfianza de la ciudadanía en las instituciones y en los partidos políticos.

En la misma sintonía, la región de África Subsahariana se mantuvo sin cambios sustantivos, teniendo en cuenta que los sistemas no democráticos continúan dominando, siendo 24 autoritarios y 11 híbridos. Asia y Australasia también retrocedieron levemente por sexto año consecutivo, pero tienen los casos con las caídas más fuertes: Nepal, Filipinas, Pakistán, India y Bangladesh, con graves problemas en libertades civiles, políticas y confianza en las instituciones.

Las regiones de medio oriente y el norte de áfrica crecieron levemente, cortando una racha negativa de seis años consecutivos. Un punto interesante es que todos los estados en esta región continúan siendo clasificados como autoritarios o híbridos, salvo Israel, que, con sus crecientes problemas internos, aún sigue siendo una democracia.

Argentina se encuentra entre los casos con mayor crecimiento en 2025, logrando subir 5 posiciones. La mejora en el puntaje se debe a una mayor cohesión social, resultado de una disminución de la polarización política tras las elecciones legislativas de octubre, en las que los votantes respaldaron las medidas de austeridad fiscal implementadas de forma anticipada por el gobierno y su agenda de reformas estructurales.