Verano, energía y conciencia: por qué la eficiencia ya no es opcional

Las altas temperaturas en la última semana de 2025 impulsan un aumento significativo en el consumo eléctrico, lo que pone a prueba la capacidad de respuesta de la red y evidencia la urgencia de prácticas de eficiencia

Guardar
El calor extremo impacta directamente
El calor extremo impacta directamente sobre el sistema eléctrico y pone a prueba su capacidad de respuesta (Imagen Ilustrativa Infobae)

El área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) afrontó la última semana de 2025 bajo un escenario de calor extremo, con temperaturas que rozan los 40°C, según alertó el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). El verano vuelve a poner en evidencia una tensión estructural que atraviesa al sistema energético: la distancia entre cómo usamos la energía y cómo deberíamos hacerlo.

Las altas temperaturas disparan el uso de aires acondicionados, sistemas de refrigeración y equipamiento eléctrico en hogares, comercios y espacios recreativos, generando picos de consumo que se repiten año tras año. No se trata solo de una cuestión de confort, sino de una señal clara de que el desafío energético ya no es producir más, sino usar mejor.

Con la llegada del verano, la demanda de energía eléctrica en Argentina crece de manera sostenida. Según datos de Cammesa, el uso de aires acondicionados en esta época alcanza un consumo cercano a los 10.000 MW, lo que equivale a un incremento de alrededor del 40% en la demanda total. Estas cifras muestran con claridad cómo el calor extremo impacta directamente sobre el sistema eléctrico y pone a prueba su capacidad de respuesta, especialmente durante las olas de calor, cuando se alcanzan niveles récord de consumo.

La eficiencia energética empieza a consolidarse cuando dejamos de pensar en la energía como un recurso infinito y comenzamos a gestionarla como un activo estratégico

Este aumento sostenido de la demanda presiona a la infraestructura existente y expone debilidades que, en muchos casos, podrían mitigarse con una gestión más eficiente de la energía. Cada kilowatt que se ahorra reduce la exigencia sobre el sistema, disminuye el riesgo de interrupciones y contribuye a una red más estable y resiliente. En este sentido, la eficiencia energética deja de ser una recomendación y se convierte en una necesidad operativa.

Pero la eficiencia no puede pensarse únicamente desde el ahorro económico. También es una cuestión de seguridad. El incremento del consumo suele venir acompañado de instalaciones exigidas al límite, tomacorrientes sobrecargados, extensiones improvisadas y equipos funcionando durante más horas de las recomendadas. Estas condiciones elevan el riesgo de fallas eléctricas, recalentamientos y accidentes, especialmente en viviendas y comercios con instalaciones antiguas o poco mantenidas. Optimizar el consumo implica a la vez prevenir.

En este contexto, la tecnología cumple un rol clave, aunque no desde la lógica de la complejidad, sino desde la inteligencia aplicada a lo cotidiano. Existen consumos que suelen pasar inadvertidos y que, sin embargo, representan una porción significativa del uso eléctrico en verano. Bombas de piletas, sistemas de filtrado, equipos de ventilación o motores que arrancan varias veces al día generan picos de consumo que impactan tanto en la factura como en la vida útil de los equipos. Gestionar cómo, cuándo y con qué intensidad funcionan estos sistemas permite reducir consumos innecesarios y evitar esfuerzos extremos sobre la red.

Según Cammesa, el uso de aires acondicionados en esta época alcanza un consumo cercano a los 10.000 MW, un incremento de alrededor del 40% en la demanda total

La eficiencia energética empieza a consolidarse cuando dejamos de pensar en la energía como un recurso infinito y comenzamos a gestionarla como un activo estratégico. Monitorear consumos, suavizar arranques de motores, evitar sobrecargas y contar con sistemas de protección adecuados son decisiones técnicas que tienen un impacto directo en la sustentabilidad, y al mismo tiempo en la seguridad y en la continuidad del servicio.

En verano, estas decisiones marcan la diferencia entre un sistema que resiste y uno que colapsa. A medida que el país avanza hacia una matriz energética más diversificada y sostenible, el rol del usuario —residencial, comercial o industrial— se vuelve cada vez más relevante. La eficiencia ya no es un concepto abstracto ni exclusivo de grandes infraestructuras: se construye en cada elección cotidiana, desde el uso racional del aire acondicionado hasta la adopción de soluciones que permiten consumir menos y mejor. El verano, con toda su exigencia energética, nos recuerda que el futuro no depende solo de cuánta energía generamos, sino de cuán inteligentemente la utilizamos.

El autor es especialista en eficiencia energética y sistemas eléctricos en Siemens Argentina