
Todos conocemos la expresión “éramos tan felices y no lo sabíamos”. Sin embargo, en Argentina, cabría la contraria: “Éramos tan infelices y no lo sabíamos”. Argentina abandonó las ideas de la libertad en la segunda presidencia de Yrigoyen y la década infame. Consolidó el proceso con el fascismo de cabotaje de Perón, hasta que el sistema de las castas se hizo ley con el régimen de Onganía. Ya consolidado en lo legal produjo todas sus contraindicaciones con la explosión populista de los años 70 que destruyó los derechos de propiedad e hizo emigrar nuestros ahorros. Argentina fue como un atleta que se quedara congelado en el medio de una carrera.
El gráfico lo ilustra bien. Si tan solo hubiéramos sostenido una tasa de crecimiento del 2% desde entonces, hoy nuestro ingreso sería más del doble del actual. Tendríamos el ingreso de un país europeo. No tenemos conciencia de todo el bienestar que hemos entregado. Éramos infelices y no lo sabíamos.

Ese estancamiento, moderado al principio, pero devastador en el último medio siglo, ha sido objeto de largas controversias. El sistema de la casta creó unos pocos ganadores privilegiados, bolsones de ingresos transferidos desde un pueblo que se sumergía en la pobreza. Pero claro, esos bolsones tenían los recursos para hacer dócil a la prensa, para formar centros de estudio que defendieran sus privilegios, para contratar consultores domesticados con un abono mensual. Académicos que, con aire de superados, contorsionan el pensamiento como una cinta de moebius para defender lo indefendible.
Pero la explicación es sencilla. Argentina, con su ristra de defaults, desagios, plan bonex, inflación, expropiaciones de la más diferente talla y calaña, simplemente pulverizó el derecho de propiedad. El capitalismo es el sistema más justo y más eficiente porque al respetar el derecho de propiedad respeta los derechos primarios a la libertad y la vida. Sin propiedad no hay sistema económico que funcione. Y tampoco hay libertad, solo el poder autoritario del Estado. Porque en Argentina el Estado (en los tres niveles de gobierno) se convirtió en una poderosa máquina de apropiación de los recursos que legítimamente le corresponden a cada argentino y que padecemos en impuestos imposibles y servicios públicos de baja calidad. Por eso el intento destituyente del 2025 (leyes que violentaban el equilibrio fiscal o que buscaban defender privilegios: ¡llegaron a votar para que se quedara la runfla kirchnerista en vialidad!) fue el producto de un conjunto de actores que ven amenazados sus privilegios ante el avance de la libertad y el respeto de la propiedad. También por eso la gestión que comenzó en diciembre de 2023 puso un énfasis absoluto en el respeto de los derechos de propiedad. Si Argentina va a cambiar, debe comenzar allí.
El riesgo país surge como un indicador bastante evidente de la vulnerabilidad del derecho de propiedad, porque, en algún sentido, marca la temperatura de que tan dispuesto está un gobierno a violentar un contrato básico que tiene: el del endeudamiento. Entonces, al mostrarnos cuán lejos el país está del derecho de propiedad, tiene un efecto inmediato y mediato sobre la actividad económica, el bienestar y el crecimiento. Porque seamos claros, Argentina tiene dos opciones, o el camino del respeto de la propiedad, que es el camino de la prosperidad, o el camino de la violación sistemática del derecho de propiedad que es lo que ofrece el kirchnerismo y lo que nos llevó hasta acá.

Por si alguien no lo tenía claro, o por si alguien se lo hubiera olvidado, luego de nuestra derrota electoral en la provincia de Buenos Aires, el gobernador Kiciloff, en una entrevista con el periodista Carlos Pagni se aseguró de recordárselo a todo el mundo: “Yo hubiera abordado el tema del endeudamiento”, dijo, y repreguntado con “bueno, fue abordado por Alberto Fernandez y fracasó”, responde “insuficiente. Sí por supuesto. Insuficientemente. La deuda hoy .. es impagable”. En otras palabras, el problema según él era que se no se habían violado lo suficiente los derechos de propiedad. El programa del kirchnerismo es eso: la violación sistemática y flagrante del derecho de propiedad. Por eso en Argentina al riesgo país hay que llamarlo riesgo kuka.
Más allá que el riesgo electoral quedó afortunadamente atrás gracias a la convicción del pueblo argentino, vale la pena tomar conciencia del costo económico de ese riesgo kuka. Eso, al mismo tiempo, nos permitirá evaluar los beneficios económicos de la caída del riesgo país que estamos viendo en estas semanas.
Una manera de estimar el efecto del riesgo kuka es mirar la relación entre riesgo país y PBI en dólares y en pesos constantes que es lo que hacen los dos gráficos siguientes. Entre enero y octubre de 2025 el Riesgo País pasó de 560 a unos 1000 (aumento de más de 400 bps). Si usamos la relación entre el PBI en dólares y el riesgo país (1999-2025), que sería la línea recta en ambos gráficos, ese aumento del riesgo país se asocia a una caída de -3.5% del PBI en dólares y del 2.3% en pesos reales. De no haber mediado ese shock la economía habría crecido 6,9% en 2025 en vez de los 4,4% que según el REM habría crecido. Eso es lo que nos costó el riesgo kuka en 2025.


El problema con lo anterior, es que esto es una simple correlación entre dos variables. No es fácil de ello saber con precisión cual causa a cuál: ¿es el riesgo país el que reduce el crecimiento? ¿O es la falta de crecimiento el que aumenta el riesgo país? Aunque en 2025, el shock vino de lo electoral y por eso es lógico pensar que en ese año el efecto fue del shock electoral al crecimiento, no lo podemos concluir de manera inequívoca. Hay otro problema. Un aumento del riesgo kuka, no opera solo en el corto plazo: como primordialmente afecta a la inversión debería tener un efecto que persista en el tiempo.
Por suerte todo eso sabemos cómo computarlo. El modelo canónico para hacerlo deviene de un celebrado trabajo del economista argentino Andrés Neumeyer (Neumeyer-Perri, Business cycles in emerging economies, the role of interest rates, JME, 2005) que calibra un modelo de equilibrio general, con optimización intertemporal, en una economía abierta, donde el factor relevante que analiza es el efecto del riesgo país y como afecta a la financiación de la inversión y los costos de producción. El resultado del modelo de Neumeyer-Perri para el aumento del riesgo kuka en 2025 da como resultado la curva que adjuntamos en el siguiente gráfico. Predice una caída de hasta 3.2% del PBI (parecido a lo que daba el análisis previo), que persiste en el tiempo por su efecto en la inversión.

Si la suba del riesgo kuka del 2025 hubiera sido transitoria, es decir que el riesgo país hubiera vuelto a su valor que tenía a principios de ese año, la pérdida total relativa a la trayectoria base hasta volver al estado estacionario da una pérdida de 31% del PBI (línea punteada celeste en el último gráfico). En otras palabras, el simple fantasma kuka nos costó unos 210.000 millones de dólares.
Por suerte los argentinos eligieron otro camino. El de la libertad y el del respeto de la propiedad. El sostenimiento del equilibrio fiscal innegociable y el cumplimiento irrestricto de todos los compromisos contractuales se vieron luego de la elección reflejados en un desplome del riesgo país.
El mismo modelo de Neumeyer-Perri nos permite estimar los efectos, ahora beneficiosos, de ese desplome. Si asumimos que el riesgo país baja de manera permanente a 450 bps. el PIB de largo plazo sube 3% relativo al estado estacionario anterior (que asumía un riesgo de 560). En los próximos 10 años acumularíamos 731.000 millones de mayor PIB, es decir ganaríamos más que un PIB entero en el próximos diez años (línea punteada lila). Si el riesgo país bajara a 350 bps de manera permanente el PIB de largo plazo sería 9% superior a la trayectoria anterior y en los próximos 10 años tendríamos un mayor PIB por más de 1.5 billones de dólares de hoy, es decir que ganaríamos dos PIB extra (línea punteada violeta). ¡Vaya si vale respetar los derechos de propiedad!

En otras palabras, apostar al respeto de los derechos de propiedad revierte rápidamente el daño económico creado por la sistemática violación de los derechos de propiedad con las que nos hundió el modelo de la casta de los últimos 50 años. La libertad y por derivado el derecho de propiedad harán maravillas. Un hombre le preguntó a su jardinero por qué sus plantas crecían tan hermosas. El jardinero dijo “no las obligo a crecer. Elimino lo que las detiene”. Con libertad, Argentina vuelve a estar en carrera. Y para cerrar todo este análisis nos remitimos a aquella copla de la canción Violeta, de Alcides, “no la dejes ir, no la dejes ir, porque te lo digo yo, quien es violeta, y se lleva mi corazón”. VLLC!
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