
Durante el último año, el robo vehicular continuó siendo una de las principales problemáticas de seguridad en la Argentina. A lo largo de los meses, el delito se mantuvo en niveles elevados y evidenció una mayor organización, junto con un uso creciente de la violencia, profundizando la sensación de inseguridad en la sociedad.
En este sentido, según el último Indicador de Robo Vehicular de Ituran Argentina, basado en datos obtenidos entre noviembre 2024 y noviembre 2025, los autos particulares volvieron a encabezar la lista de los vehículos más afectados, concentrando el 58,34% de los casos, seguidos por las 4x4 y los utilitarios. Esto refleja que el foco del delito sigue puesto en los vehículos de uso cotidiano, indispensables para la vida diaria de miles de personas, lo que amplifica el impacto social de cada hecho delictivo más allá de la pérdida material.
Uno de los aspectos más preocupantes es la modalidad en la que se cometen los robos. El 64,31% de los hechos registrados durante este período ocurrieron a mano armada, y más del 94% de estos casos tuvieron lugar en la vía pública. La calle se consolida así como el escenario más riesgoso, donde los conductores quedan expuestos a situaciones de alta vulnerabilidad, siendo sorprendidos en momentos de menor capacidad de reacción, muchas veces con la atención puesta en el tránsito, la llegada a destino o las exigencias propias de la rutina.
A esta realidad se suma un dato que marca un cambio significativo en la dinámica del delito: la organización en bandas. El 84,18% de los robos fueron cometidos por bandas de dos, tres o cuatro personas, lo que evidencia un accionar coordinado, con roles definidos y tiempos de ejecución precisos.
El horario de mayor riesgo se ubica entre las 18 y las 24, cuando el retorno a los hogares y el desgaste acumulado del día reducen la capacidad de respuesta ante situaciones de peligro.
Frente a este escenario, la tecnología y el análisis de datos se vuelven determinantes. Comprender el robo como un fenómeno integral, sus zonas, sus modalidades y sus recorridos es lo que permite dejar atrás una lógica reactiva y construir estrategias de prevención capaces de anticiparse al delito.
La continuidad del robo vehicular confirma que no se trata de una problemática eventual, sino de un desafío estructural. Sostener la concientización, apostar por la innovación y trabajar con información en tiempo real resulta indispensable para reducir el impacto de un delito que sigue afectando la calidad de vida y condicionando la movilidad y la seguridad urbana.
El escenario es complejo, aunque lejos de ser irreversible: si combinamos decisiones claras, constancia y la participación de la ciudadanía, se pueden sentar las bases para un cambio real y sostenido.
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