Una señal fuerte con credibilidad alta. Eso fue lo único que se necesitó para frenar la corrida cambiaria de la última semana. El proceso de desestabilización y su reversión no se entienden desde la cantidad de reservas o la magnitud de las ventas de dólares, sino desde un marco teórico más profundo: la economía argentina funciona como un juego cooperativo entre gobierno y sociedad.
La experiencia de los últimos años lo demuestra. Entre 2007 y 2023, los gobiernos impulsaron políticas expansivas, deficitarias y financiadas con emisión. Aunque no proclamaban la inflación como objetivo, la señal de que esas políticas derivarían en más inflación era creíble. Tanto, que la sociedad adoptó estrategias defensivas: dolarizarse o cubrirse en bienes. Sin proponérselo, esas conductas cooperaron con el proceso de aceleración inflacionaria, empujando al país hacia una dinámica hiperinflacionaria.
El punto de quiebre llegó en diciembre de 2023. El presidente Javier Milei lanzó un programa de estabilización de shock, con reducción del gasto, equilibrio fiscal, liberación de mercados y ausencia de emisión. Esta vez, los incentivos se alinearon: gobierno y sociedad compartieron el objetivo de la estabilidad. Y esa alineación produjo un efecto inmediato: una caída drástica y sostenida de la inflación, que converge hacia niveles del 2% mensual.
El desafío siguiente es mayor: llegar a inflación cero. Para eso se requieren reformas estructurales —laboral, previsional y tributaria— que deben pasar por el Congreso. La falta de mayorías abre la puerta a la especulación política y económica. La oposición busca instalar que las reformas no avanzarán, y con ello alienta a sectores a cooperar con la desestabilización.
Sin embargo, las condiciones actuales son distintas a las de otras décadas. Hoy existe superávit fiscal y no hay emisión sin respaldo. Objetivamente, es más probable una apreciación del peso que una devaluación. La corrida reciente fue un fenómeno de expectativas, no de fundamentos.
La prueba fue clara. Mientras en la semana previa se vendieron USD 1.110 millones sin resultados, en la última bastó con dos anuncios: la eliminación de retenciones y el apoyo explícito del gobierno de Estados Unidos. Ninguno de ellos aportó dólares inmediatos, pero sí enviaron una señal de altísima credibilidad. El mercado entendió que, si hubiera que actuar, hay “resto de sobra”.
La conclusión es simple y contundente: en la Argentina actual, la credibilidad vale más que los dólares. El desafío de Milei no es solo sostener el equilibrio fiscal, sino consolidar un sistema de premios y castigos que se incorpore a la alineación de incentivos, y que además garantice que la sostenibilidad del castigo dure hasta que esas pérdidas se registren en los balances.
Solo así los actores que apostaron a la desestabilización internalizarán el costo de sus errores y habrá un verdadero aprendizaje colectivo en favor de la estabilidad.
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