
La Cumbre de Alaska entre los Presidentes de Estados Unidos y Rusia deja entrever un entendimiento sobre una fórmula diplomática que podría abrir un horizonte para el fin de la guerra. Las primeras reacciones europeas se enfocan en el otorgamiento de garantías de seguridad vinculantes a favor de Ucrania en caso de que Rusia no cumpla con las condiciones de un eventual tratado de paz. Este punto, que se presume cuenta con un consenso básico de Moscú y Kyiv, podría ser el punto de partida para avanzar en un acuerdo que ponga fin al conflicto aun si Ucrania tuviera que ceder o intercambiar territorios, incluyendo legitimar el traspaso definitivo a Rusia de la península de Crimea.
En este marco se subraya la intención de otorgar a Ucrania un paraguas creíble de protección militar, por fuera de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con el compromiso de intervención de la Alianza para el caso que Rusia volviera a atacar a Ucrania. Sería una obligación de defensa colectiva al estilo del artículo 5 de la OTAN adaptado a Ucrania, sin las obligaciones y beneficios plenos de un miembro de la OTAN. Es probable que un mecanismo ejecutable de defensa automática de esta naturaleza requiera de la ratificación parlamentaria de los países intervinientes y en particular de Estados Unidos, Ucrania y Rusia.
La desconfianza con Moscú tiene asidero por el incumplimiento del Memorándum de Budapest de 1994, por el cual Ucrania había entregado las armas nucleares que disponía de la Unión Soviética a cambio del respeto a las fronteras reconocidas tras la disolución soviética (incluyendo Crimea), además del compromiso de no usar armas nucleares contra Ucrania. Las garantías de seguridad contenidas en el acuerdo de 1994 eran consideradas negativas (no hacer), que en la jerga diplomática son aquellas en las que un país se compromete a no usar armas nucleares contra un Estado no nuclear. Por lo tanto, ante la invasión rusa con armamento convencional a Crimea en 2014 o a otras áreas de Ucrania en 2022, EEUU y Reino Unido se limitaron en aplicar represalias económicas y comerciales.
Aunque el Presidente Trump no ha precisado el grado del respaldo a Kyiv, aseguró que se brindarán las garantías de seguridad que Ucrania solicita. En ese contexto la cláusula de Alaska podría contener algunas de las características de las garantías de seguridad positivas otorgadas por EE. UU. en los Tratados de Seguridad Mutua con Filipinas (1951), Corea del Sur (1953), Japón (1960), Taiwán (1979) o la extendida en el Tratado ANZUS de 1951 con Australia y Nueva Zelandia. Con Israel, EE. UU. tiene un compromiso políticamente vinculante que garantiza apoyo militar y asistencia inmediata en caso de ser atacado.
Las garantías positivas de seguridad incluidas en tratados formales han actuado hasta la fecha como factor efectivo de disuasión. No ha sido el caso, en cambio, de compromisos más débiles como el Memorándum de Budapest de 1994 o ambiguos como ha sido el caso de las garantías positivas intermedias (condicionadas o limitadas) contraídas, por ejemplo, por Estados Unidos con Vietnam del Sur (SEATO, 1954-1975), Afganistán (2001-2021) o Irak (2003-2014).
La novedad diplomática a partir de Alaska es que el Presidente Trump pasa a ser reconocido por Europa como mediador en temas sensibles para la seguridad de la región. También por implicar una reafirmación del compromiso de Washington en el marco del artículo 5 de la OTAN en particular para aquellos que temen futuras incursiones ofensivas rusas en algún otro rincón europeo.
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