
La irrupción de Javier Milei expresó un quiebre de patrones del sistema político que aún continúa en su ola expansiva. Más allá del resultado electoral, por primera vez en 18 años está en jaque la supremacía del PRO en la ciudad de Buenos Aires, su cuna y bastión cuya centralidad moldeó el combate por el poder nacional con los K.
Los porteños definieron su identidad en espejo a Cristina Kirchner, que les enrostraba la “opulencia” y hasta los canteros de agapantos a lo largo de la avenida 9 de Julio. Aun así, nunca fue un distrito que adhirió a libro cerrado con los valores de la derecha. El Presidente quedó tercero en las elecciones generales de octubre de 2023, con casi el 20%, escenario que revirtió en el balotaje cuando justamente el PRO le dio su respaldo explícito.
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Mauricio Macri se construyó de la mano de Néstor Kirchner como su contra figura, desde un distrito reacio al peronismo política y culturalmente. Ambos fueron, en distintas instancias, un producto de la crisis de representación del 2001, que ven hoy desmembrarse sus espacios por el desgaste del tiempo y el inicio de una nueva era.
La Libertad Avanza es ya un partido nacional, cuenta con alrededor de 130 mil afiliados y reconocimiento definitivo en 21 provincias. En las primeras cinco elecciones provinciales que se disputaron este año tuvo un crecimiento (anclado en las capitales), pero no ganó en ninguna salvo en la que fue en alianza con el gobernador, como en Chaco. Es un fenómeno en formación, que deberá medirse –para ser rigurosa la comparación- en la pelea nacional, que es en octubre.
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La expectativa generada en el círculo rojo por la elección de legisladores de este domingo está dada porque el Presidente se trazó como objetivo dejar fuera de juego a Macri, con un eventual triunfo de LLA sobre el PRO. Eso allanaría el camino para quedarse con dirigentes “amarillos” sin necesidad de acuerdo alguno con el partido.

Es interesante analizar el recorrido de cimentación del macrismo en la capital. Si bien era antagonista con el estilo K, registraba una mayor ambigüedad ideológica que la demostrada hoy por Milei. De hecho, quienes trabajaron en la estrategia simbólica de ese sello refieren que fue una búsqueda completamente consciente al punto de que internamente le decían “PROgre”.
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Desde 2007, el partido de Macri no perdió una sola elección porteña y si bien expresaba diferencias con el programa económico peronista y enarbolaba banderas “institucionales”, su agenda social sintonizaba con una época con aires de centroizquierda. Un ejemplo fue el matrimonio igualitario, pero trasvasó distintas áreas. “El modelo del PRO es el de Lula”, decía Diego Santilli, entonces ministro de Ambiente y Espacio Público local, en junio de 2011. Otro tiempo.
En la actualidad, las sociedades parecen volcarse por representaciones híper nítidas, sin matices, fáciles de ser interpretadas. Pablo Knopoff, director de Isonomía, lo explica a través de la geometría: mientras menos caras tenga la forma, desde donde se lo vea, se encuentra lo mismo.
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“Las figuras que serían como una esfera representan pocos atributos, bien fuertes, tanto para los que se sienten cerca de esa persona, como las que se sienten lejos. Las figuras nítidas ganan previsibilidad porque finalmente se ‘los conoce’. Las figuras que son poliedros, que tienen muchas caras y múltiples atributos, en la búsqueda de esa representación dispar, terminan encontrando poco eco”, describe el consultor político.
Así, las figuras nítidas (Milei, Trump, Meloni, etc) logran ser “dueñas” del 100% de algo, más allá de si eso es chico o grande, es todo.
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Quizá por eso el Presidente se lanzó primero a la tarea de devorar a Macri para ser el representante absoluto de la derecha. La gran pregunta es si ese discurso nítido es viable para quedarse en un futuro con la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, cuyo requisito de ganar con más del 50% de los votos se volvió una complicación para las expresiones más duras.
El incipiente reordenamiento pone sobre la mesa conceptos de “derecha” e “izquierda” que nunca sirvieron para describir el mapa político argentino. Como ningún otro, Milei reivindica el concepto de “derecha”, que en otros momentos fue vergonzante, y ahora es parte de la batalla cultural que empujan los libertarios.
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La ciudad de Buenos Aires siempre se orientó más en razón de su clivaje anti peronista. Milei vino a romper con la historicidad del voto (lo respaldan en barrios ricos y en villas), pero no está claro cuánta resistencia hacen sectores que comparten otros valores, como los más “republicanos” o los “progresistas”.
En noviembre pasado, la consultora Trespuntozero hizo un diagnóstico cuantitativo de las identidades políticas y la autopercepción ideológica de los porteños. Ante la pregunta, “Entre derecha e izquierda, ¿qué opción lo define mejor”, el 38,4% se inclinó por la derecha (extrema derecha 3,3%, derecha 16,9% y centroderecha 18,2%). El 27,7% lo hizo por la izquierda (en sus variantes, extrema izquierda el 1,3%, izquierda a secas, el 8,7% y centroizquierda, el 17,7%). En el centro (o sea, la avenida de medio), quedó el 12%; el 18% dijo que no la representa ninguna de las categorías y el 3,5% respondió que no sabe.
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Por supuesto, queda latente la discusión de qué significa exactamente el abanico de izquierda y derecha para los consultados pero lo cierto es que hay un movimiento en el tablero.
Cristina transita una paradoja incómoda. Los libertarios la conciben como la principal rival, ven en ella la cara de la otra moneda, pero eso no funciona así dentro del peronismo. No ejerce un liderazgo único e incuestionable, y el kirchnerismo quedó reducido a ser un partido del conurbano.
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La caída del proyecto de Ficha Limpia le dio la posibilidad de revisar si efectivamente será candidata a legisladora provincial por la tercera sección electoral, como anticipó a sus fieles, en medio de la guerra con Axel Kicillof. Pero, con el camino legal despejado y en una hipótesis de acuerdo del PJ, cuál sería el sentido de insistir con el plan original y no lanzarse a encabezar la lista nacional.
La prescindencia de la influencia de Cristina fue un hecho en las elecciones que se realizaron en 2025. En ninguna participó, y en la de CABA deliberadamente se escondió. Ahora está por arrancar otra partida, la única que siente que puede pelear y en la que no dejará solo a su hijo Máximo.
Para La Libertad Avanza también empieza otro juego, una vez que concluya la contienda porteña. Mucho más complicada porque a priori no logra aplacar la interna por el armado bonaerense entre Sebastián Pareja, delegado de Karina Milei, y Las Fuerzas del Cielo, referenciadas en Santiago Caputo. Los dos grupos batallan entre sí como si no hubiera un mañana, como si uno de los dos estuviera predestinado a un final anticipado.
El Gobierno abrió frentes de batalla internos y externos en una velocidad supersónica que se sostiene fundamentalmente porque obtuvo también un resultado a velocidad supersónica que fue la baja de la inflación. En adelante, cuando se configure otra demanda por parte de la sociedad, se verá el nivel de eficacia en la respuesta de una gestión que tiene audacia y, a la vez, la fragilidad de una estructura pequeña y muy dependiente de la aprobación de Milei.
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