La burocracia tonta y los fantasmas

Reducir la burocracia estatal es necesario, pero hacerlo a costa de desmantelar los controles de calidad fundamentales en la vitivinicultura podría afectar gravemente la reputación y competitividad del vino argentino en el mercado global

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El Instituto Nacional de Vitivinicultura
El Instituto Nacional de Vitivinicultura podría ser reducido o eliminado por el gobierno de Javier Milei

En estos días se espera que el presidente Javier Milei firme un nuevo DNU con el que se busca eliminar o fusionar más de 50 organismos públicos con el objetivo de seguir reduciendo el gigantesco gasto público del Estado nacional y reducir la burocracia haciendo más eficiente la gestión estatal.

La medida en sí misma es positiva y muestra que el gobierno sigue comprometido con su objetivo de achicar el Estado, tomando medidas difíciles incluso en un año electoral.

Pero al leer las noticias relacionadas con este tema, observé que uno de los organismos que se planea eliminar o fusionar es el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que es el encargado de realizar el control y la fiscalización (entre otras funciones) sobre los productos enológicos de origen vínico. Para hacerlo más sencillo, es el organismo encargado de controlar todas las actividades que llevan adelante viñateros y bodegueros para garantizar a consumidores locales y extranjeros que el vino que van a tomar es lo que indica su etiqueta y cumple con las normativas de salubridad locales e internacionales, y que, en muchos casos, estas normativas de etiquetado o contenido varían de país a país.

Habiendo trabajado en la industria vitivinícola durante muchos años puedo afirmar que el INV es un organismo que ha llegado a desesperarme por su incapacidad de resolver temas sencillos de manera rápida. Si un tema entraba a debate del INV podía pasar al área de legales, de ahí a otra área, de ahí a otra más, y todo era largo, tedioso y costoso.

Esa es la burocracia tonta que hay que eliminar, y quienes dirigen el INV hoy deberían retirarse y dar paso a gente más calificada y sin los vicios de la burocracia tradicional, la cual ellos contribuyeron a construir. Cuidando sí, en esta transición conservar los equipos técnicos que están formados por profesionales de un altísimo nivel y muy difíciles de reemplazar por su conocimiento específico de los temas vitivinícolas.

Pero me gustaría detallar los riesgos que se corren, ya sea eliminando totalmente el INV o realizando una fusión con otro organismo, si esta transición no cuida los aspectos fundamentales y que le dan su razón de ser al INV.

Los riesgos a tener en cuenta en el cambio: el fantasma de Soy Cuyano

30 personas murieron por consumir
30 personas murieron por consumir el vino Soy Cuyano (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las principales tareas del INV, la más crítica es garantizar que el vino no solo cumpla con las características declaradas en su etiqueta y dentro de los parámetros permitidos por la legislación vigente y los estándares internacionales, sino también, y más importante aún, que no contenga ningún compuesto o sustancia química que represente un riesgo para la salud humana.

Soy Cuyano fue un vino que a principio de los años 90 causó la muerte de casi 30 personas por haber sido adulterado con alcohol metílico. Esto era una práctica ilegal que llevaban a cabo unos bodegueros inescrupulosos que consistía en “estirar” el volumen de vino aumentando el grado alcohólico con el agregado de alcohol etílico, el cual no produce daños a la salud (aunque era de todas formas una práctica ilegal). Al vino Soy Cuyano le agregaron alcohol metílico, el cual es mortal para el ser humano incluso en dosis mínimas.

El INV no lo detectó y ocurrió la tragedia, que no solo costó vidas humanas, sino que además significó la muerte para la industria del vino en damajuana, ya que los consumidores no confiaban en su calidad. Además, este escándalo fue un elemento potenciador para la caída que ya venía sufriendo el consumo de la bebida en el país.

El fantasma de la exportación

La segunda tarea fundamental que realiza el INV es el análisis y control de los vinos, su trazabilidad, pureza varietal y un sinnúmero de exámenes para poder emitir a las bodegas exportadoras el “Análisis de Aptitud de Exportación”, que certifica que el vino cumple con los requisitos internacionalmente aceptados para su comercialización.

El desarrollo de la industria exportadora vitivinícola en Argentina es un caso de éxito único -o por lo menos de los más destacables- de nuestro país. Durante muchos años de visitar mercados, las bodegas argentinas no defraudaron a sus clientes en el mundo. No hubo estafas ni escándalos. La industria multiplicó por 10 las exportaciones de vino en menos de una década. Las empresas hicieron bien su trabajo y el control funcionó. Nosotros podemos confiar en que los empresarios bodegueros serán responsables, pero basta con que uno solo no lo sea para arruinar el prestigio de la industria de todo un país.

Además, los compradores internacionales de vino están permanentemente auditando los sistemas de control de calidad y trazabilidad de las empresas e incluso conocen a la perfección el rol que lleva adelante el INV en cuanto a controles se refiere. Están muy atentos a todos los movimientos que realizan los organismos de control, no les va a pasar inadvertido si el INV relaja sus controles o elimina funciones dedicadas a eso. El día que un comprador de vino en una tienda en Carolina del Sur vea una botella de un malbec de Argentina y se pregunte si realmente tendrá malbec adentro ya será muy tarde para reparar el daño.

Reestructuración inteligente

Es evidente que organismos como el INV necesitan ser reestructurados. Seguramente no sea necesario que el INV tenga (por dar un ejemplo) gente dedicada al estudio de nuevos formatos de envases de vino para poder aconsejar a las bodegas, o tener a su cargo la difusión del programa “Vino Bebida Nacional”, que dicho sea de paso cualquier presupuesto destinado a esa campaña es mucho. Las bodegas pueden ocuparse de la promoción y publicidad de los vinos y de hecho lo hacen infinitamente mejor que el INV.

Pero no hay que subestimar ni por un instante el costo que puede tener relajar las áreas dedicadas al control sobre el vino y su calidad. Hoy la industria del vino es respetada en el mundo, tiene un lugar junto a los jugadores más importantes, la industria ha hecho muy bien los deberes y no ha defraudado a los compradores internacionales. Pero los compradores de nuestro vino en el mundo en ningún momento se olvidan que somos argentinos. Ciudadanos qué vienen de un país donde se festejan los goles con la mano, la viveza criolla es motivo de orgullo y hay diputados que celebran el default de la deuda externa en pleno recinto.

No le demos motivos al mundo para desconfiar de nuestro vino.

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