
El superávit de energía logrado en los últimos meses de 2024 permitió a nuestro país salir del déficit energético crónico y recuperar la centralidad en el mercado de los hidrocarburos. La balanza comercial de gas natural aportó bastante en 2024, y tiene mucho más para dar. Comenzó a revertirse la tendencia con la mayor producción local de Gas Natural (GN) y el rápido crecimiento de las exportaciones de petróleo. Así, el 2024 arrojó un superávit energético superior a US$ 5.000 millones. Las expectativas para el futuro son muy auspiciosas.
Argentina tiene el potencial de posicionarse como un proveedor líder de energía en la región y un competidor relevante en el mercado global de GNL. Tenemos los recursos naturales, la capacidad técnica de empresas y personas formadas al máximo nivel. Ya se han visto inversiones concretas y proyectos relevantes en el marco de la Ley de Bases y Puntos de Partida.
Tal como el Congreso Nacional determinó en esa Ley, el rol del Estado no es jugar al empresario, sino el de organizar las reglas que faciliten el juego de los privados. Debe dejar de hacer sombra a los actores privados para dejarlos trabajar a la luz de reglas claras y transparentes de mercado. Por estos tiempos, la Secretaría de Energía y el ENARGAS trabajan en desarticular años de gestión ineficiente, del “Estado Empresario” agobiante, que interviene en el mercado como actor omnipresente con privilegios y posición dominante; con el fin de evitar distorsiones e ineficiencias en el sector, obstando a la competitividad y transparencia.
Paso a paso debemos migrar hacia los sistemas energéticos que funcionan en el mundo. Un sistema de mercado competitivo y transparente, donde cada usuario pueden elegir entre distintos proveedores de energía o gas, seleccionando libremente el precio, cantidad, opciones de contratación, hasta qué tipo de energía o en qué horarios prefiere consumir. Aquí, una gran porción del mercado (incluyendo grandes consumidores) sigue cautivo de un sistema donde faltan reglas y sobran discrecionalidades, donde la omnipresencia estatal transforma todo lo que toca en más engorroso y arbitrario, más caro, menos claro y previsible. Ello frena el desarrollo y la inversión.
No es casual que este “Estado (omni) Presente” nos haya llevado a la situación de colapso y emergencia energética en la que estamos. Cortes de luz, parque generador obsoleto e insuficiente para cubrir la demanda, sistemas desfinanciado, son consecuencias de la mala regulación de décadas.
Un mercado transparente, abierto y competitivo permite a los compradores y vendedores realizar contratos no sólo sobre el gas físico sino también sobre futuros y opciones. Así se crean señales de precios claras, que permitan operar a los agentes e interesados en el corto y medio plazo, así como la toma de decisiones para inversiones en el medio y largo plazo.
La Argentina puede asegurar energía competitiva, segura y previsible a todas las empresas que radicarse o ampliarse en nuestro suelo. Para este año 2025 debemos enfocarnos en desarticular las trabas y crear las condiciones de mercado privado, transparente, abierto, competitivo y robusto de gas natural. Será una buena base y punto de partida clave para apoyar el desarrollo de una verdadera competitividad de industria y servicios en nuestro país.
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