
A pesar de todos los temores, la caída de la bolsa ha sido una corrección, no el inicio de un mercado bajista. Recordemos un principio, a menudo olvidado, que no deja de ser cierto: “los mercados alcistas, por lo general, mueren lentamente, no de repente”. Sin embargo, la caída de julio y agosto fue bastante impactante, ya que el descenso del 7% en las cotizaciones mundiales en apenas 15 sesiones barrió los máximos históricos de la mayoría de los principales índices internacionales.
En este sentido, el desplome del Merval fue especialmente alarmante, ya que superó con creces la caída del 10% típica de una corrección. De hecho, las dudas persisten incluso después de una palpable recuperación, pero siempre sucede lo mismo: cuando los mercados se hunden y las emociones se desbordan, la mayoría atribuye a los temores una gravedad y una credibilidad exageradas.
Es cierto que los bruscos cambios políticos han ocasionado mercados bajistas repentinos en la bolsa argentina, aunque no es lo normal. Cuando se registra un verdadero mercado bajista a nivel internacional, por lo general, aparece poco a poco. La excepción que confirma la regla es el desplome de 2020 provocado por los confinamientos de la pandemia. Lo habitual es que lleguen de forma sigilosa; de hecho, en los seis primeros meses del período comprendido entre 2007 y 2009, las acciones mundiales solo bajaron un 10,4% —en USD, para evitar el efecto distorsionador del peso—.
¿A qué se debió este comportamiento? Hace casi 40 años bauticé al mercado bursátil como el “Gran humillador”. Se trata de un ente cuasiespiritual que ansía engañar de la forma más vil, durante el mayor tiempo y por la mayor cantidad de dinero posible a cuanta más gente, mejor. Con el tiempo, suele lograrlo, primero atrayendo poco a poco a los inversores con alzas y luego vaciándoles los bolsillos con unos descensos leves que se presentan como oportunidades de compra; cuando ya es tarde, vapulea a los mercados hasta dejar las cotizaciones por los suelos, como sucedió con la caída de la bolsa mundial durante los angustiantes últimos seis meses del período comprendido entre 2007 y 2008 (45,4%, en USD).
El “Gran humillador” no recurre a la violencia. Al avanzar con cautela, consigue captar aún más dinero, dado que una caída brusca ahuyentaría a los inversores antes de tiempo.
Una regla muy simple que suele cumplirse es que, en términos de duración, los dos primeros tercios de un mercado bajista global solo representan una tercera parte de la caída porcentual, mientras que en el último tercio tienen lugar las dos terceras partes restantes. Es decir, al principio casi siempre avanza lentamente y después se acelera.
Con todo, las correcciones —fuertes descensos desde los máximos del mercado— desatan los temores muy deprisa, lo cual reajusta el sentimiento a la baja y abona el terreno para que surja otro tramo del mercado alcista. Si acaso, las correcciones remiten algo más despacio de lo que aparecen.
Si analizamos la bolsa estadounidense, por la precisión y amplitud de sus datos, desde 1925, el índice S&P 500 ha sufrido 35 correcciones de máximo a mínimo de entre el 10 % y el 20 %. El promedio de la depreciación es del 13,6 % y su duración es de 2,1 meses, mientras que el tiempo transcurrido desde la recuperación hasta el punto de equilibrio es de 2,5 meses.
Los rebotes que suceden a una corrección superan con creces ese punto. De hecho, a seis meses del mínimo, la mediana de las ganancias es del 22,9 %; doce meses después, del 29,6 %; y dos años después, del 44,0 %. En consecuencia, vender en plena corrección del Gran Humillador, por aterradora que parezca, suele suponer perderse el repunte posterior y resultar “humillado”.
Por desgracia, abundan las malas noticias en todo el mundo, entre otras, las operaciones de arbitraje financiero contra el yen, la intensa desaceleración de junio en Argentina fruto de la preocupación que despierta la austeridad, la inquietud por la recesión en Estados Unidos o las escasas e intempestivas intervenciones de los bancos centrales. Asimismo, la renuncia de Joe Biden en favor de Kamala Harris como candidata demócrata aviva la incertidumbre política. Esto provoca que, eventualmente, los operadores se vean superados por tanta información.
Ignore el pesimismo porque está basado en temores infundados. Es posible que la volatilidad continúe, pero también que ya haya comenzado el siguiente tramo del mercado alcista.
El mercado alcista actual no terminará en un momento de histeria colectiva, sino de forma paulatina, como le gusta al Gran Humillador. De cualquier modo, aún estamos lejos de ese escenario.
El autor es fundador, presidente ejecutivo y co-director de inversiones de Fisher Investments
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