
Mucho se habla de la tendencia a la reducción de papel pero poco de lo vital que sigue siendo contar con un cuaderno para plasmar ideas, verificar con las manos ese documento impreso clave para cerrar un negocio, la necesidad de una agenda cada año o leer la novela que nos acompaña cuando podemos tomarnos un tiempo de relax.
La velocidad, lo inmaterial, la información, los “hilos” de conversaciones, los reels, los necesarios “me gustan”. A la fragmentación de la información se suman el multitasking y un modo de vivir actual donde todo parece estar sucediendo en este preciso momento.
Le decimos “Era digital” y sin dudas nos ha cambiado la vida. Como poder hacer videollamadas desde cualquier lugar, automatizar procesos o poder trabajar desde nuestros hogares sin necesidad de trasladarnos todos los días a la oficina.
En estos tiempos veloces se hace fundamental eficientar, mejorar y automatizar los procesos, es decir que todo se resuelva más rápido, más eficiente, más sencillo porque por un lado se han mejorado los espacios de trabajo y también la tendencia es hacia la integración de servicios.
Porque es cierto que todo está cambiando. Si nos comparamos con cinco años atrás, el avance actual es abismal. Hablábamos de Transformación digital y ya ese término nos parece antiguo porque la transformación ya sucedió. Lo que viene ahora es la integración. Cómo interactúan las personas con la tecnología de forma tal que los procesos puedan agilizarse para poder usar todo este abismal desarrollo digital a nuestro favor. Ya sea desde la computadora o el whatsapp no solo podemos comunicarnos o hacer una llamada sino también hacer un pedido o reservar un turno médico en minutos.
Por eso decimos que el papel no ha muerto sino que se ha resignificado.
Con un enfoque en la sostenibilidad, el papel puede coexistir con la tecnología y continuar desempeñando un lugar crucial en nuestra sociedad dado que una preocupación común sobre el uso del papel es su impacto ambiental.
Sin embargo, hay avances significativos en la gestión responsable de los bosques, el reciclaje del papel y la producción de alternativas ecológicas. Estas iniciativas aseguran que el papel pueda seguir siendo una opción viable y sostenible para el futuro y que no pierda relevancia ante la omnipresencia de dispositivos electrónicos y el auge de la información en línea.
En la educación, por un lado, existe una creciente adopción de herramientas digitales en el aula como pizarras o tabletas, pero también sigue siendo necesario el acompañamiento de los libros de texto y las hojas rayadas o cuadriculadas para escribir, hacer cuentas o pensar. En los negocios también, pareciera que todo se resuelve de modo digital: contratos, acuerdos, firmas. Sin embargo, el papel proporciona una forma tangible y confiable de gestionar información crítica como documentos legales o reportes financieros.
Por último en el arte y la cultura los artistas plásticos, escritores y músicos continúan utilizando el papel como una herramienta esencial para la creación y la expresión. Desde pinturas y dibujos hasta manuscritos y partituras, el papel proporciona un lienzo físico donde las ideas y emociones pueden tomar forma.
El papel no ha muerto. A pesar de la revolución digital, sigue siendo un recurso valioso y versátil en numerosos aspectos de nuestra vida. Su capacidad para facilitar el aprendizaje, los negocios, la comunicación personal, la creación artística y la difusión cultural es inigualable.
En un mundo donde lo digital predomina, se ha constituido como un lujo en nuestro brevísimo tiempo libre, hojear una revista, admirar una hermosa fotografía impresa o sentir la materialidad de una encuadernación de un libro mientras podemos recibir en minutos el pedido de una cotización o la confirmación de esa reserva tan esperada.
El autor es Managing Director del Cono Sur para Latinoamérica en Ricoh
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