
La inversión más importante de la historia del país está a la vuelta de la esquina. El megaproyecto de YPF y la malaya Petronas, que prevé un desembolso total de 50.000 millones de dólares, convertirá a Vaca Muerta en una realidad de exportación y a la Argentina en un actor clave en el mundo de la energía.
Bahía Blanca es, objetivamente, el mejor lugar para albergar la planta de licuefacción. Pero los caprichos ideológicos de Axel Kicillof pueden dejar a la provincia de Buenos Aires con las manos vacías. Es fundamental adherir al RIGI (Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones) e impulsar un gran acuerdo bonaerense para no perder esta oportunidad única.
Las proyecciones son impactantes. Actualmente, en el pico de consumo invernal, Argentina importa aproximadamente 30 barcos de GNL (Gas Natural Licuado). Cuando la planta alcance su capacidad máxima de producción, estará en condiciones de exportar más de 460 barcos. Esto se traduce en un ingreso superior a 20.000 millones de dólares por año.
Se trata, sin exagerar, de un cambio rotundo para nuestro país. La posibilidad concreta de dejar atrás el catálogo de palabras habitual, que incluye inestabilidad, corto plazo y decadencia, para empezar a hablar en serio de crecimiento sostenido, desarrollo integral y mejor calidad de vida. Para que este escenario sea una realidad, hace falta visión de futuro y pragmatismo.
La relevancia extraordinaria de este tema nos exige rigurosidad para argumentar y claridad en las explicaciones. Punta Colorada, la locación que impulsa Río Negro, no es una alternativa superior a Bahía Blanca. La ciudad bonaerense tiene ventajas operativas innegables. Ya se realizaron estudios de viabilidad técnica y ambiental, cuenta con recursos humanos calificados, infraestructura y experiencia en el rubro de los hidrocarburos.
El problema es que a la propuesta de la provincia de Buenos Aires la perjudica el laberinto ideológico en el que se recluyó su propio gobernador. Con el anuncio de un régimen de inversiones local -que aún no ingresó a la Legislatura- y la confrontación con la Nación, Kicillof pretende esquivar responsabilidades y disimular la inoperancia de su gestión. Apuesta a la grieta y se resguarda en discursos picantes, saturados de pretextos, mientras deja pasar una chance inmejorable.
Por más maquillaje que se les ponga encima, no hay manera de que las actitudes que nos hundieron en el pasado sean alternativas válidas el día de hoy. Coquetear con ambiciones electorales, mientras se agota el tiempo y se debilita la propuesta de la Provincia, implica ser cómplice de la pobreza y el atraso. Los bonaerenses exigen y merecen vivir mejor.
Hablemos sin vueltas. No es momento de tocar para el costado y esconder la pelota; hay que ir para adelante, meter los goles y asegurar el partido. El gobierno provincial debe enviar a la Legislatura la adhesión al RIGI y convocar a las cámaras empresarias, productores, sindicatos, la oposición política y sectores sociales para recuperar terreno y robustecer la posición de la provincia de Buenos Aires.
Los argentinos aprendimos por las malas que la confrontación inútil espanta oportunidades y profundiza la desigualdad. La provincia de Buenos Aires tiene el potencial productivo y el talento humano para traccionar el desarrollo del país; necesitamos que las autoridades estén a la altura de las circunstancias y actúen con madurez y sentido común.
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