
La visita del Canciller británico a las Islas Malvinas a un mes de haber conversado con el presidente de la Nación, Javier Milei, en Davos y en vísperas de un eventual encuentro bilateral en oportunidad de la reunión ministerial del G20 en Río de Janeiro, permitiría descartar que haya sido programada como un acto inamistoso o provocador teniendo en cuenta el interés recíproco de estimular una relación bilateral más provechosa, más allá que David Cameron haya considerado al archipiélago argentino como parte de la familia británica. Y, además del hecho, que el vuelo haya evadido adrede el territorio continental al volar desde Londres a Asunción del Paraguay y, posteriormente, con rumbo sur, Porto Alegre-Islas Malvinas.
El canciller Cameron parece, por el momento, haber perdido la oportunidad de mostrar mayor elegancia diplomática para empezar un ciclo más constructivo con la Argentina. Es cierto que los antecedentes políticos personales no lo ayudan. Durante su gestión como Primer Ministro tuvo lugar un auto-referéndum en las Islas Malvinas de nula relevancia jurídica y que contradice las resoluciones pertinentes de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El referéndum del 2013 organizado por británicos para británicos, no fue convocado ni supervisado por la ONU.
Sin embargo, la visita de David Cameron a las Islas Malvinas podría todavía ser instrumental para intentar retomar, bajo paraguas de soberanía, una agenda renovada de aproximaciones. El Comunicado Conjunto del 2016 (sobre pesca, energía, transporte marítimo e identificación de los restos de héroes caídos en 1982) y la denuncia Argentina de dicho comunicado del 2023, podrían servir de base indicativa para que ambas Cancillerías generen enfoques temáticos superadores y más imaginativos. Es de esperar que un futuro encuentro entre los cancilleres Mondino y Cameron, sea en Río de Janeiro o en otra capital, muestre ese camino.
Es hora de que la diplomacia se imponga para encontrar una solución pacífica y definitiva a la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido y se retome el mandato de la resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que tuvo principio de ejecución con el Memorándum presentado por el Reino Unido a la Argentina en 1968 donde solo faltaba fijar la fecha para la transferencia de la soberanía.
El conflicto de 1982 no borró esos antecedentes vinculantes ni alteró la naturaleza de la controversia por las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Es momento que el futuro de la relación bilateral esté por delante del pasado. Donde hay voluntad hay siempre una negociación diplomática próspera. Que en el 2024 se dé el primer paso.
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