
Ha llegado “el día después”. El agotador y, por momentos, interminable proceso electoral de este año en nuestro país, llegó a su fin.
En menos de dos semanas asumirá el nuevo gobierno, elegido en elecciones, cuya transparencia no ha sido puesta en duda; un activo interesante para una democracia recuperada hace 40 años. En ese lapso, la sociedad eligió en diez ocasiones un presidente en el marco del Estado de Derecho democrático, un logro altamente valorable, sobre todo si consideramos nuestra historia previa.
Unos días antes del ballotage, desde el espacio LadoAR (Lado de Argentina) hicimos llegar a ambos candidatos presidenciales un documento elaborado por más de un centenar de intelectuales, académicos y dirigentes de los más diversos orígenes con propuestas tendientes a generar consensos amplios e indispensables para enfrentar los serios y profundos problemas que afrontamos hace décadas.
En efecto, más allá de las grietas políticas y de la agenda de una dirigencia ajena a las reales preocupaciones de la sociedad, una de las causas principales de esos problemas y de las crisis recurrentes que sufre nuestro país es la falta de acuerdos mínimos sobre algunos temas cruciales y la falta de reglas claras, reflejadas en políticas de estado sostenidas en el tiempo.
Esa carencia de pautas consensuadas lleva a que los enfrentamientos políticos y sociales se potencien y a que cada nuevo gobierno pretenda asumir un carácter “fundacional”, desechando la mayor parte de lo hecho por el anterior. Así, por ejemplo, encabezamos rankings globales tan lamentables y dañinos como el de inflación, la pobreza y la inseguridad, que crecen a extremos dramáticos, la salud y la educación retroceden sin pausa y la corrupción se consolida a nivel sistémico.
Ninguno de esos problemas que afectan la vida diaria y las expectativas presentes y futuras de los argentinos pueden resolverse a partir de un resultado electoral. La experiencia humana indica que no hay recetas mágicas para ello y no hay antecedentes en el mundo de países a los cuales podamos considerar exitosos –en especial en lo que hace al nivel de vida y de satisfacción de sus habitantes- que hayan construido esos logros sin alcanzar un amplio consenso previo.
Por eso les hemos planteado a los protagonistas del ballotage que, luego de contados los votos, “habrá un después” y la Argentina de ese “después” emergerá con graves problemas económicos y sociales a los que habrá que brindar respuesta, con nuestra mirada puesta en el futuro común, que nos incluye y nos espera.
Las propuestas que les enviamos, centradas en la unión de los argentinos, destacan la importancia de trabajar inmediatamente en base a los tres pilares que LadoAR identifica como esenciales para este momento crítico del país: ideas portadoras de futuro, experiencias innovadoras, y liderazgos integradores, para pasar a la revolución del hacer sobre el decir.
La sociedad ha elegido mediante la única forma civilizada que las personas descubrimos para dirimir nuestras controversias: el sistema democrático y el voto popular. Habrá que seguir recordando, una y otra vez, que, más allá de sus notorias insuficiencias, todos los demás que conocimos han sido peores. Pero la democracia va mucho más allá del voto, la clave es lo que sucede entre elección y elección. Sin una participación activa de la ciudadanía, ejerciendo sus derechos y reclamando la plena vigencia de las normas, la realidad puede vaciar al sistema de buena parte de su contenido y la dirigencia –como viene ocurriendo- puede alejarse de los problemas reales y concretos que afectan a diario a las decenas de millones a quienes deberían representar.
Como les dijimos a los candidatos, con las grandes crisis, existe -al menos potencialmente- una oportunidad para avanzar en la búsqueda de un amplio consenso nacional sobre cómo afrontar la actual emergencia y seguir adelante en las difíciles circunstancias que tenemos por delante. ¡Ojalá, esta vez sepamos aprovecharla!
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