
En la reciente segunda vuelta electoral la sociedad tomó una decisión y eligió mayoritariamente a Javier Milei para hacerse cargo del Poder Ejecutivo Nacional durante los próximos cuatro años.
Se abre una nueva etapa en donde la crítica situación que exigirá templanza, serenidad y equilibrio, para encontrar soluciones a los problemas económicos en el marco de una construcción republicana. El desafío por delante para nuestra democracia se debe sustentar en la fortaleza institucional sin profundizar el deterioro político y económico que ya estamos viviendo.
La transparencia de todo el proceso electoral demostró que el “pacto democrático” -que muchos denunciaron estaba en riesgo- no corre ningún peligro, garantizando así que el sistema republicano tiene los anticuerpos suficientes y necesarios contra cualquier eventual atropello institucional. De esta manera el marco legal establecido en el texto fundamental, que define nuestra forma de gobierno (representativa y republicana), basado en un sistema de pesos y contrapesos de poderes, bajo ningún aspecto permitiría excesos en la utilización del poder.
Las elecciones generales en primera vuelta (Octubre) definieron el nuevo “Congreso”, esencial para afrontar el futuro y, con un desafío por delante, lograr que funcionen nuevamente las instituciones republicanas.
En tal sentido, pasada las elecciones, la Cámara de Diputados de la Nación -integrada por 257 congresistas, donde se alcanza el quórum con 129 de ellos-, quedaría conformada de la siguiente manera: Unión por la Patria, que actualmente es la primera minoría, terminó con 108 diputados; Juntos por el Cambio quedará lejos del quórum, obtuvo 92 legisladores (PRO 54, UCR 32, CC 6); la Libertad Avanza alcanza 37 diputados, el Peronismo Federal tendrá 8 congresistas, 5 el FIT y 7 Provinciales.
Por otro lado, en el Senado de la Nación de un total de 72 bancas se renuevan 24, correspondientes a las provincias de Buenos Aires, Santa Cruz, Misiones, San Juan, San Luis, Formosa, La Rioja y Jujuy, que eligieron por última vez a sus representantes en 2017, la representación quedaría de la siguiente manera: Unión por la Patria 33, Juntos por el Cambio 24, La Libertad Avanza 7, Misiones 2, Juntos somos Río Negro 1, Unidad Federal 3 y Alianza por Santa Cruz 2, sabiendo el quórum se alcanza con 37 senadores.
Esta dispersión partidaria, o la ausencia de mayorías automáticas, hace imprescindible para gobernar lograr “acuerdos básicos” o “mínimos” entre las distintas fuerzas políticas con representación congresual. Se terminó el tiempo de seducir al electorado, ahora es tiempo de gobernar, y como dice Pierre Rosanvallon “es tomar decisiones que desgarran periódicamente el velo de imprecisión calculada que el lenguaje político se esfuerza siempre por tejer”, por lo tanto, es momento de construir puentes teniendo como objetivo un real crecimiento y desarrollo para los argentinos.
La complejidad de la crisis y deterioro general seguramente haga necesario cambios y reformas profundas y en ese momento el Congreso va a cumplir un rol fundamental. El nuevo gobierno deberá entender que será absolutamente esencial contar con grandes consensos para lograr las transformaciones. La gobernabilidad va a depender fundamentalmente de vasos comunicantes entre las distintas fuerzas políticas con representación congresual, que tengan un denominador común, entender que la República la salvamos entre todos.
Raúl Alfonsín hacía un llamamiento a “comprender la urgencia de construir consensos que permitan resguardar los poderes democráticos”. Porque el consenso es progreso. Cuando desde el Estado se actúa promoviendo el diálogo y los acuerdos, no sólo se está creciendo en ciudadanía, sino que está utilizando la herramienta fundamental que permite que los proyectos sean viables, verdaderos y sustentables en el tiempo. Por lo tanto, el próximo gobierno deberá inexorablemente tener como norte alcanzar esos grandes acuerdos para la reconstrucción política, económica y social de la República.
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