
La victoria electoral de Javier Milei por amplio margen, tiene, a mi juicio, varias lecturas para poder imaginar la economía que viene. No es un tema menor, porque la economía argentina necesita de profundas reformas estructurales. El futuro de la economía no depende solamente del cambio de los precios relativos (tipo de cambio, tarifas de los servicios públicos, etc.) sino que además necesita de cambios importantes en materia tributaria, nivel y calidad de gasto público, legislación laboral, desregulación de la economía, integrar la economía al mundo, etc. Todo esto para atraer inversiones, crear puestos de trabajo, comenzar un proceso de crecimiento y mejora de los salarios reales.
Dicho esto, no luce que este aluvión de votos hacia La Libertad Avanza sea un profundo cambio de valores de la sociedad argentina en favor de políticas pro mercado y que reflejen el deseo de deshacerse del estado intervencionista y de bienestar. Es decir, pasar de una economía de la cultura de la dádiva a una cultura del trabajo.
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Seguramente parte de la sociedad entendió que el camino del libre mercado es la opción, pero no debe descartarse la pésima gestión económica del gobierno y el hartazgo de la gente de vivir décadas de decadencia. En definitiva, habrá que ver si hay un cambio de valores que le den sustento de largo plazo a las reformas estructurales que necesita la Argentina o solo es el haber utilizado a La Libertad Avanza para castigar al oficialismo. Una suerte de voto descarte.
Recordemos que Cambiemos ganó ampliamente en 2017 y a partir de abril de 2018 entró en debacle hasta perder las elecciones en 2019. En definitiva, no es solo ganar una elección y sacarse de encima al kirchnerismo, sino que luego se requiere de un importante avance en las reformas y paciencia en la gente porque el costo de esta fiesta populista será alto.
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Lo primero que deberá enfrentar Milei es el tema de los precios relativos en un contexto de muy alta inflación. Con una inflación que puede terminar en el 170% este año, corregir las tarifas de los servicios públicos y solucionar el problema del lío cambiario que hay en la economía. Corregir el problema cambiario con un Banco Central si reservas requiere de un plan económico muy consistente y de un fuerte respaldo político. Mucha credibilidad de los agentes económicos.
Por el lado de las reformas estructurales, muchas de ellas requieren de aprobación en el Congreso en el cual Milei está en minoría en ambas Cámaras. El gran interrogante es cómo hará Milei para poder implementar reformas estructurales sin contar con un solo gobernador propio y en amplia minoría en ambas cámaras.
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Carlos Menem giró 180 grados de su discurso de campaña, pero contaba con un PJ alineado y que, como de costumbre, acomoda su discurso de acuerdo a lo que le conviene. Puede pasar de ser furioso anti privatizador a un militante de las privatizaciones en solo segundos. No es este el escenario que tiene Milei por delante porque no cuenta con mayorías propias y difícilmente el radicalismo, la Coalición Cívica y los provinciales lo acompañen fervorosamente en las reformas estructurales.
Habrá que ver cómo se hace la transición hasta el 10 de diciembre. ¿Aceptará Sergio Massa pagar el costo político de corregir los precios relativos para dejarle mínimamente arreglado ese problema a Milei o le dejará todo el lío al próximo presidente?
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¿Seguirá Massa como ministro de economía? Si no sigue, ¿conseguirán un Celestino Rodrigo que corrija los precios relativos? ¿Querrá Alberto Fernández aceptar ese costo político por más desdibujada que esté su presidencia?
¿Cómo reaccionará el mercado en materia cambiaria? ¿Si hay abrupta suba del dólar libre puede producirse una corrida financiera con riesgos de hiperinflación por gran problema de las Leliqs?
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¿Qué plan serio tiene Milei para desarmar ese bomba de tiempo?
Milei hereda un monumental descalabro económico, peor que el que heredó Macri en 2015, pero con mayor debilidad política en el Congreso y sin apoyo de gobernadores.
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En definitiva, ganar la elección la ganó y por un amplísimo margen. Ahora viene el tiempo de gobernar en minoría parlamentaria, con un kirchnerismo con sed de venganza y una población con muy poca paciencia y exigiendo resultados lo antes posible.
Raúl Alfonsín ganó las elecciones de 1983 pero no pudo terminar su mandato. A Fernando De la Rúa le pasó lo mismo. Macri ganó las elecciones y terminó su gobierno agonizando.
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Todo un desafío que tiene por delante el nuevo presidente. Ganar las elecciones y poder terminar su mandato con éxito en su gestión económica.
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