
Somos orfebres hace 70 años, cuando mi tío y mi papá, que se retiró del trabajo luego de sus 80, comenzaron con un torno en el fondo de la casa de mi abuela. El tiempo pasó, nos convertimos en un proveedor del mercado con piezas únicas en toda la región, de herrajes y griferías. Con el tiempo, nos dimos cuenta que para innovar, sería indispensable la aplicación de tecnología moderna, manteniendo la calidad siempre.
Sin dudas, todos hoy estamos inmersos en una Cuarta Revolución Industrial. Con las nuevas tecnologías como bandera se ha iniciado una etapa distinta, que trajo y traerá cambios profundos a todos los sectores de la sociedad, incluso en las profesiones y oficios que parecen más manuales, más antiguos, más fuera de toda esta nueva era.
Leí hace unos meses, en un diario español, que el 85% de los trabajos que habrá en 2030 aún no se han inventado, mientras que nuestros chicos sueñan con ser ‘hackers’ legales, diseñadores de sueños o traductores del lenguaje animal. Y entonces, nos preguntamos, ¿cómo puede ser que sigamos haciendo piezas de bronce como en los años 60?
La respuesta es que lo hacemos sumando a la tecnología y no dejándola de lado. Así, nuestras piezas de estilo decorativo hoy se ven en un catálogo en el que también hay objetos del más moderno diseño, hechos por nuestros orfebres y por el trabajo más específico de la tecnología.
El desarrollo de modelos a través de programas de diseño tridimensional por computadora abre un abanico de posibilidades no solo de máquinas que funcionan por control numérico computarizado para materializarlo, sino también de complejidad de formas y pruebas de prototipos que se pueden hacer antes de comenzar la producción.
Lo que hace no tantos años era totalmente artesanal, hoy se hace en forma robótica. Esto genera no solo producciones en mayor escala, más grandes, sino también una vuelta de tuerca importante en el diseño. La tecnología hoy permite llevar nuestros modelos a otro nivel, a otra dimensión.
Las piezas artesanales ganan texturas, ganan costados y aristas, volúmenes. El oficio tiene un nuevo brazo, una extensión extra, y la cabeza y la imaginación del artista así como la de un técnico, no termina en sus manos sino en la extensión que le dan la entelequia tecnológica. Hoy se habla, en este tipo de oficios, de productos que hace 20 años atrás eran impensables.
En nuestro trabajo –como también en muchos otros– la impresión 3D, por dar un ejemplo, genera otra posibilidad también. Y es que en la charla con un arquitecto, con un diseñador, o simplemente con alguien que está construyendo la casa que soñó, se pueda hacer una primera muestra con esta herramienta de prototipado rápido y así ganar seguridad en que el cliente y nosotros estamos pensando en lo mismo.
Creemos sinceramente que la orfebrería no se perderá mientras sigan existiendo las construcciones, el diseño, la arquitectura. Nunca nada reemplazará el trabajo artesanal y la gente que en las fábricas de nuestro país le da ese toque personal a cada producto.
Pero, la tecnología siempre estará de nuestro lado, porque hacemos que esta mantenga el nivel de belleza y de calidez que generan las piezas únicas de nuestros creadores orfebres. Aprovechando así este nuevo y generoso instrumento.
El autor es dueño de Schätz Artesanos
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