
El hecho de que la inseguridad sea el principal problema a resolver para el 87% de la población no hace más que dejar en referencia el sufrimiento de los vecinos a diario por los diferentes hechos que les tocan vivir. Si Avellaneda fuese un municipio en el que para su intendente cuidar a la población es tomado como prioridad, la inseguridad se podría combatir con mucha más efectividad. Está claro que si en el presupuesto se le destina más dinero a una obra como el museo del fútbol que a la seguridad el error de prioridad está a la vista.
La seguridad es una responsabilidad municipal que debe estar como una perspectiva de gestión en la que hay que tener la decisión correspondiente para brindar la mejor calidad de vida posible. Esto se logra con la determinación, y con la correcta gestión de los recursos públicos para un área tan importante y fundamental. La definición de seguridad inteligente incluye las ideas de diagnosticar, articular, prevenir y combatir. Algo que el actual municipio está muy lejos de llevar a cabo.
Los constantes hechos de inseguridad que se dan diariamente en Avellaneda no hacen más que mostrar una clara deserción del Estado que piensa que sumando cinco patrulleros a la policía la situación se va a resolver. En lugar de dar una capacitación como corresponde y preparar a los policías para combatir la inseguridad y que los vecinos no tengan que salir a la calle con el miedo que lo hacen. Avellaneda es noticia todos los días por un nuevo problema a nivel seguridad, es algo que para dejar de tomar con la naturalidad tiene que dejar de ser una preocupación y comenzar a ser una ocupación como tantos vecinos asustados remarcan.
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La seguridad construye paz social y provoca confianza. Hoy Argentina tiene un claro problema de confianza que en Avellaneda está a la vista. Los vecinos salen a la calle mirando para todos lados y sin saber cómo aferrarse a sus cosas, cada vez que escuchan acercarse una moto se ponen nerviosos, incluso en el auto cuando paran en el semáforo lo hacen con miedo. La mayoría elige no salir a la calle cuando está oscuro por miedo a sufrir por la gran ola de inseguridad. El intendente no puede seguir viendo lo mal que la pasan los habitantes de su municipio y hacerse el desentendido. Es hora de comenzar a hacer las cosas bien.
Los números no hacen más que avalar la falta de prioridad de Jorge Ferraresi en materia de seguridad. En el último tiempo apenas sumó 240 agentes policiales que ni siquiera son producto de Avellaneda. Sino que se trata de una parte de los 1800 egresados de la policía bonaerense. Si se suman estos nuevos policías a los 300 que había sumado hace cuatro años atrás da un total de menos de 600 efectivos nuevos en toda su gestión. En la ciudad actualmente hay un total de 1090 efectivos a los que no se los ve en la calle. Se deben sumar 375 efectivos destinados a la prevención y que estén divididos en cercanía y patrullaje.

Cabe recordar que en el 2021 entregaron orgullosos 90 móviles policiales de los cuales solo 60 eran completamente nuevos. Ya que los otros 30 eran patrulleros que se habían restaurado para su uso. No se puede pretender que los policías cuiden a los vecinos como corresponde si no se les dan las herramientas que necesitan para llevar a cabo sus funciones de la mejor manera. Avellaneda no cuenta con un cuerpo propio de seguridad ni con móviles propios de patrullaje. En lugar de estar en la calle, los móviles policiales solamente están en los anuncios a través de las redes. Teniendo en cuenta esto, no es llamativo que los vecinos sufran a diario por la ola de inseguridad.
Para colmo si vemos el presupuesto de Avellaneda, nos vamos a encontrar con que el intendente le destina 2200 millones a construir el museo nacional del fútbol. Mientras que a la seguridad se le da un 3% del total presupuestario que son 1700 millones. No queda dudas de que la seguridad es absolutamente todo menos una prioridad.
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