China: ¿Salvador de países emergentes o trampa de deuda?

Argentina ha demostrado que puede diversificar sus relaciones y buscar soluciones que se ajusten a sus necesidades

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China aumenta su presencia como
China aumenta su presencia como prestamista y se convierte en una fuente importante de financiamiento para países en desarrollo. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration//File Photo

El acuerdo de libre disponibilidad de uso de yuanes del swap para pagarle al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a proveedores del exterior que fue logrado por Sergio Massa trasciende a lo que sucede puertas adentro de la Argentina y se inscribe en un contexto geopolítico global complejo, en una transición donde no se sabe, aún, exactamente hacia donde vamos.

La noticia de que Argentina haya logrado pagar con yuanes al FMI es una prueba más de algo que muchos afirmamos hace algún tiempo ya: no es necesario elegir entre Washington y Beijing para países como el nuestro. Al menos, no en todos los ámbitos, ni de manera monolítica. Argentina ha demostrado que puede diversificar sus relaciones y buscar soluciones que se ajusten a sus necesidades, es decir, hay margen de maniobra.

Es importante destacar que ni Estados Unidos ni el FMI pueden permitirse que Argentina caiga en default o “quiebre” financieramente, ya que esto tendría un impacto negativo en la economía global. Por lo tanto, es en el interés de ambas partes encontrar soluciones que eviten una crisis. Washington tampoco puede permitir que Argentina “caiga en las garras” chinas. La “yuanizacion” de los pagos es aceptada por el Fondo, justamente, por eso. China viene reemplazándolo como país prestador de dinero de países en desarrollo hace años.

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Al igual que hizo en los albores de la crisis de 2008, en un contexto global con desaceleración de la economía y aumento de las tasas de interés, China está decidida a tomar otro rol internacional, especialmente en lo que respecta a la ayuda de países en problemas o de ingresos bajos y medios. Uno de los mecanismos que Beijing utiliza para esto es la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a la cuál Argentina adhirió en 2022.

Si bien, el Tesoro estadounidense acusa a los chinos de incurrir en una “trampa de la deuda” y atar a los países a su conveniencia, desde Beijing responden que mediante estas ayudas se han construido infraestructuras necesarias para estos países. Lo cierto es que China lleva prestados más de 900.000 millones de dólares a, por lo menos,151 países, dinero utilizado en su mayoría para la construcción de puentes, presas, carreteras, vías ferroviarias, puertos, etc. Más del 90% de estos prestamos fueron en yuanes.

Mientras que el último préstamo significativo de rescate del Tesoro de Estados Unidos a un país de ingresos medios fue en 2002, China continúa otorgando préstamos a países en necesidad. Si bien, Washington sigue brindando financiamiento a corto plazo a países industrializados cuando necesitan dólares adicionales durante períodos breves, China ha asumido un papel más prominente en el otorgamiento de préstamos a largo plazo a países de ingresos medios y bajos endeudados.

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Estos cambios reflejan el crecimiento del poder económico y financiero de China en el ámbito internacional, así como su estrategia para establecer lazos económicos y políticos con países que poseen importancia geopolítica o recursos naturales. Beijing está desempeñando un papel cada vez más relevante en la economía mundial y en la asistencia a países endeudados en busca de financiamiento de emergencia.

A medida que China aumenta su presencia como prestamista y se convierte en una fuente importante de financiamiento para países en desarrollo, surge la pregunta sobre si está desafiando el dominio tradicional de Estados Unidos y el FMI en el sistema financiero internacional.

Algunos sostienen que China utiliza su capacidad de otorgar préstamos a países en apuros como una herramienta para ejercer influencia política y obtener ventajas estratégicas. Esta cuestión plantea preocupaciones sobre la dependencia de los países receptores y el posible impacto en su soberanía y gobernanza.

FOTO DE ARCHIVO. Las banderas
FOTO DE ARCHIVO. Las banderas de China y Estados Unidos flamean fuera del edificio de una compañía en Shanghái, REUTERS/Aly Song

Lo cierto es que, hasta ahora, no hay muestras concretas de que Beijing condicione políticamente a los receptores. El principal “negocio” parece encontrarse en que, como los yuanes son difíciles de colocar, estos países se vean obligados a comerciar con China.

El aumento de la participación de China en el otorgamiento de préstamos puede tener implicaciones para las normas y estándares financieros internacionales. China ha establecido instituciones financieras multilaterales alternativas, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), que podrían desafiar la influencia de las instituciones lideradas por Occidente.

A medida que los países reciben préstamos de China y otros actores internacionales, surge la preocupación sobre la carga de la deuda y la sostenibilidad financiera a largo plazo. Es importante evaluar cómo se manejará esta deuda y garantizar que los países deudores no caigan en una situación de deuda insostenible.

Un potencial cambio en el orden internacional -algo que, a ciencia cierta, aún no está claro- puede tener un impacto significativo en la gobernanza global y las relaciones internacionales. Se pueden redefinir las alianzas y asociaciones, y los países deberían tener que adaptarse a un entorno en el que China desempeña un papel más protagónico.

China mantiene un rol de sostenimiento del orden liberal internacional establecido tras el final de la Segunda Guerra Mundial por los Estados Unidos y sus instituciones internacionales. Mediante la gobernanza global y el multilateralismo, Beijing no sólo no desafía abiertamente a ese orden ni tampoco ha dado muestras claras de hacerlo, sino que contribuye a fortalecerlo.

En este contexto, tanto América del Sur en general como Argentina en particular se encuentran ante grandes desafíos pero también oportunidades. Por supuesto, para ello, deberán estar a la altura de las circunstancias todos los sectores, la política, la economía, la diplomacia y los actores privados de peso. Porque quizás, los pasos dados en los próximos 5 años, determinen las próximas 5 décadas.

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