
Faltaba unos días para cobrar y mi esposa me dice: “vayamos al súper”. ¿Para qué, si todavía las alacenas aguantaban? Para prevenir aumentos. Y, de paso, usar la tarjeta de crédito y pagar con plata de abril los precios de marzo.
Parecía, convengamos, un poco exagerado pero luego me enteré de dilemas parecidos en otras familias. ¿Invierto en una bolsa grande de alimento para la perrita? ¿Adelanto todo lo que pueda comprar?
Mi tía, una jubilada experta en sacarle el cuerpo a la crisis, me habla de lo mismo casi como una casualidad: “cómo no estoy acostumbrada a comprar poco -y ahora enviudó-, tengo carne en el freezer desde hace un par de meses. Y resulta que me ahorré un montón de plata...”
Inversionistas de la inflación, malabaristas de los dos pesos más dos pesos para llegar a fin de mes, la mayoría no sabemos de Leliqs y Dólar Mep ni bonos, a duras penas manejamos el Plazo Fijo pero nos dimos cuenta de que la polenta, el aceite y las milanesas de cuadrada en la alacena o en freezer nos hacen perder un poco en esta carrera en la que, inevitablemente, vamos de punto.
Así que a fin de abril, bajé del estante la leche larga vida que compré el 19 de marzo -un mes y días, muchísimo tiempo- y veo que hice bien: lo que valía 371,20 ahora sale 406,03... ¡Me ahorré el 9 y pico por ciento!.
Otro ejemplo: atún al natural en trozos. El 19 de marzo valía 386,04 y el 26 de abril... $434,47... más del 12 por ciento. Como compré seis latas hice un ahorro importante. Lentejón de la marca del supermercado: pasó de 617,43 a 771... casi el 25 por ciento.

En fin que me dirán que este país es vertiginoso. Volvimos al súper el 17 de abril: invertimos en una caja de té earl grey 499 pesos. Diez días después vale 528,95.
Me sorprendió, hace una semana, un artículo que enseñaba a usar la tarjeta de crédito para ahorrar. No por los descuentos sino por un buen manejo financiero de los pesitos del sueldo. Microfinanzas para asalariados: recomendaba hacer un plazo fijo con el monto de los gastos que seguro se pueden tarjetear -el ejemplo eran 60.000 pesos de supermercado y otros fijos-. Pagar esos gastos con la tarjeta de crédito y al mes siguiente usar lo del plazo fijo para cancelar la deuda. Que, claro, a una tasa de más del 90 por ciento habrá reportado una ganancia. 60.000 a un mes de plazo hoy da algo así como 4600 pesos. Más o menos medio tanque de nafta; ya sé que no es Wall Street pero peor es nada.
Peor es que la merluza cueste 1.700 el kilo cuando en diciembre la pagábamos 1.000.
Pero es no tener ni idea de lo que salen las cosas y saber que acá pueden tener un precio y dos cuadras más allá cualquier otro porque el desconcierto es total.
Peor es haber pasado un presupuesto por un trabajo y saber que cuando se lo cobre quedará poco más que para reponer los materiales.
Peor son las editoriales chicas que venden tres libros y con la ganancia alcanzan a reimprimir uno.
Peor es el oportunismo político sobre la malaria.
Peor es jugar con fuego, el fuego del enojo de la gente que todos los días se toma el bondi y se rompe el lomo.
Mientras tanto, los que tenemos un sueldo y una tarjeta y un banco para hacer un plazo fijo le tiramos unas gambetas a la inflación.
Unas gambetitas.
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