Aceptamos que la familia es el primer ámbito social que encuentran los niños, el espejo en el que comienzan a aprender y a mirarse. Pero, los cambios de la sociedad actual son rápidos y profundos, y las personas no siempre están preparadas para adaptarse a ellos en lo biológico, afectivo y social. Una mayor complejidad demanda una nueva perspectiva educadora de la familia, porque las experiencias sociales que ocurren en ella son la base de la personalidad, independientemente de los cambios que experimenten luego.
La familia tradicional aparece desdibujada porque ha perdido los grandes pilares que sostenían sus creencias y establecían los distintos roles de sus miembros. La familia hoy se encuentra buscando una nueva identidad, una nueva forma de orientar la educación, ya que debe aceptar la necesidad de su participación en ámbitos sociales más amplios y con diversas responsabilidades. Esto demanda la formación de los padres en programas que propongan intervenciones en las que se involucren tanto a las familias como a las instituciones educativas y las organizaciones sociales.
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Reconocemos como gran reto el aprender a ser y a vivir en comunidad, para lo que es necesario posibilitar espacios que fomenten la participación, la pertenencia y conduzcan a compromisos que enriquezcan la vida personal y social de todos.
La adecuada gestión en la familia de su clima de convivencia, adquiere un valor esencial si se desea educar para la vida con otros, ya que se convierte en el mejor modo de superar dificultades, conflictos y contradicciones que surgen de la interacción cotidiana en el hogar y fuera de él.
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Desde otra perspectiva, la escuela se encuentra en una situación similar. Los antiguos patrones formativos no le sirven hoy para educar. Entre el autoritarismo de ayer y la permisividad existente, deja hacer para no tensionar sus ya debilitadas alianzas. Burocratizada e inadecuada ante la nueva realidad, se le hace difícil vivir el sentido comunitario y solidario que le exigen los nuevos valores ciudadanos.
¿Qué pueden hacer familia y escuela? Estrechar vínculos y emprender juntas un desafiante camino que les permita crear una nueva concepción de la educación, desde una perspectiva dónde el verdadero protagonista vuelva a ser el niño. El Tercer Encuentro Nacional de familias por la Educación, organizado por Argentinos por la Educación, entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre en Rosario, es un buen punto de partida en este objetivo que exige la elaboración de un proyecto educativo que permita la articulación del currículum escolar y el familiar.
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La experiencia temprana en la familia de formas de comunicación basadas en el diálogo y el consenso, dan sustento a actitudes de participación, colaboración y cuidado. Este aprendizaje puede ser reforzado en la escuela si se ponen en práctica actividades en las que los alumnos trabajen en equipo, resuelvan sus conflictos y pongan en práctica los valores de la vida en comunidad.
Presentes y coordinadas, familia y escuela, harán realidad el desarrollo de personalidades sanas y éticas. Si abandonamos nuestra actual cultura egoísta, descomprometida, podremos recrear climas educativos para que nuestros hijos, nuestros estudiantes, tengan los conocimientos, habilidades y hábitos como para edificar proyectos personales y sociales transformadores.
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