El esquema del “dólar soja” viene respondiendo según lo esperado por el Gobierno: ya se liquidó más de lo prometido, habiéndose superado los 5.000 millones de dólares en liquidaciones agropecuarias.
Cualquier plan económico, conjunto de medidas aisladas y hasta la conformación de expectativas sobre lo que viene en el futuro deben tener como cimiento fundamental una de las cuestiones más esenciales de toda economía sana: reglas de juego claras. La seguridad jurídica, el respeto por las normas y la voluntad de brindar previsibilidad son los verdaderos impulsores de cualquier economía. Sin embargo, durante la vigencia del dólar diferencial exclusivo para el mundo sojero, se ha destruido buena parte de la confianza: la suba sorpresiva de las tasas de interés para la financiación de los productores (lo que los obliga a vender parte de sus stocks de granos al no poder acceder a otra fuente de financiación) y la reciente prohibición que se le ha impuesto a las sociedades que hayan optado por liquidar sus producciones a través del “dólar soja” para acceder a los dólares financieros, cambiaron repentinamente –una vez más– las reglas del juego justo en el medio de la partida. Estos son los daños que muchas veces terminan convirtiéndose en irreparables.
Sin embargo el elevado costo que genera cambiar intempestivamente las reglas no se condice con los beneficios de la medida. A pesar de la prohibición de acceso a los dólares financieros para todos los que accedieron al “dólar soja”, los mismos no frenan su escalada. Parece que tensar la relación con el campo esta vez ha sido en vano. El “dólar blue” también entró en una senda alcista, captando los pesos que no pudieron escaparse a través de los dólares financieros.
No todo es responsabilidad de las últimas medidas. La inconsistencia resulta ser en tal caso el verdadero talón de Aquiles del conjunto de medidas que propone Sergio Massa para que la economía no termine de implosionar, o al menos no lo haga hasta las elecciones del año próximo.
El déficit fiscal ya ha superado en lo que va del año el billón de pesos. La tasa de interés efectiva anual del BCRA supera el 100% lo que implica que en un año las LELIQS existentes pasarán de 8 billones de pesos a los 16 billones de pesos (que no es más que la promesa de emisión futura), a lo que hay que adicionarle lo que la entidad emita para sostener las cuentas del Tesoro Nacional. Las reservas cada vez son menos y lo poco que se logre conquistar en materia de divisas será para cumplir con la meta con el FMI (no por la consciencia propia de cumplir con lo pactado sino más bien por ser parte necesaria del plan oficial para intentar llegar lo más ilesos posibles en materia económica hasta el fin del mandato). Los importadores siguen reclamando dólares para sus importaciones, reclamo que acompañan cada uno de los que necesitan insumos importados o tecnología para poder producir. Toda esta realidad inmersa en un cepo cambiario que a esta altura ha perdido total sentido y en un nivel inflacionario que superará el 100% anual. La bomba está encendida, la mecha es muy corta y quienes deben apagarla parecen no estar entendiendo la gravedad.
Hoy no existen medidas que en el marco de la actual fragilidad puedan generar expectativas positivas en lo que viene. En tanto no se encuentre un plan consistente en materia fiscal y monetaria, no importará las restricciones, prohibiciones o regulaciones que puedan adicionar, el resultado simplemente será mayor inflación y mayor estancamiento económico. La duda hoy ya no pasa por saber si el plan dispuesto hasta aquí por el Ministro de Economía podrá evitar la colisión final, sino que hoy la pregunta simplemente es cuando es que esto ocurrirá.
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