
Cristina Fernández de Kirchner se victimizó por adelantado, antes de ser condenada. Y mucho antes de que su caso legue a ser cosa juzgada, es decir, que se hayan agotado todas las instancias revisoras. Sus operadores saltearon pasos procesales para conmover a la gente y movilizarla temerariamente en su defensa.
En la otra orilla, también se exceptúan de estudiar los códigos y las leyes y baten el parche para dar por sentenciada a la Vicepresidente -y por culpable, en desmedro del principio de inocencia-, como atajo para arañar ventajas electorales.
En síntesis, unos y otros han abusado de lo procesal, en usufructo propio. Demagogia y populismo jurídicos, de los dos lados de las vallas.
Ambos haciendo gala de un total menosprecio hacia la independencia de poderes; unos, a través del cuestionamiento por anticipado a los jueces, arrojando un manto de sospecha en prevención de eventuales fallos adversos, y otros vía ponderación mediática desbordada del fiscal, también para anticipar dudas por posibles resultados contrarios a sus deseos.
Olvidan que el alegato de un fiscal no es vinculante para los jueces, como tampoco lo será el descargo de la defensa.
Pero la difusión mediática del pedido punitivo de la fiscalía es una manera de confundir a la población. De un lado para activar una solidaridad, aun a riesgo de violencia; del otro, con la segunda intención de presionar a los jueces para que fallen en el sentido que esperan.
La megaexposición de la intervención de la parte acusadora y el desborde de elogios, al punto del grotesco, se emparenta en el ridículo con la iniciativa del oficialismo de hacerles firmar a los embajadores “políticos” una nota de respaldo a Cristina Kirchner.
La irresponsabilidad es en espejo. La Vicepresidente, en vez de apaciguar, alentó a los suyos a defenderla anticipadamente de condenas todavía no pronunciadas y de proscripciones imaginarias. También ella quiere sustituir a los jueces.
Enfrente, despliegan vallas que alimentan la fantasía revolucionaria del kirchnerismo que cree estar viviendo un 17 de octubre, pero se comporta como el trotskismo.
Dejarlos llegar era la mejor manera de que se fuesen; en cambio, el vallado era lo que estaban esperando, el punto de apoyo para apalancarse y justificar sus desmanes. Todo lo que ofrece resistencia es también lo que brinda apoyo político. Hay algo que se llama Judo y que es superior a la fuerza y obviamente también superior a la denuncia.
Pero los legisladores de Juntos por el Cambio no pudieron con su ánimo denunciante y usaron los desvaríos del Presidente de la Nación para pedir un juicio político con el cual buscan titulares a sabiendas de que no existen fundamentos jurídicos ni políticos.
El juicio político procede en caso de comisión de delitos o por mala conducta funcional. Los dichos del Presidente solo califican para una “condena” ética o incluso estética. La actitud de la oposición evoca el gesto del que dice “agarrame que lo mato”, envalentonándose con una pelea que sabe no tendrá lugar. También ellos echan leña al fuego mediático.
Sería inútil responder a esta movida en Comodoro Py, equivalente a un discurso político de baja estofa. Pero no cabe descartar que el kirchnerismo lo haga ya que asistimos a un lamentable contrapunto de pretensos dirigentes que no saben de política y menos de derecho.
Por otra parte, ¿qué credibilidad puede tener un “espacio” en el cual sus referentes se denuncian unos a otros (Carrió - Bullrich)? O que, ante la solicitud ni más ni menos que de juicio político al Presidente, uno de sus presidenciables -Facundo Manes- se pronuncia en contra; o que, de cara a la situación de Cristina Kirchner, Miguel Ángel Pichetto, compañero de fórmula de Mauricio Macri y ovacionado en la plaza como antikirchnerista, explica que no cierra de ninguna manera la figura de asociación ilícita para Cristina Kirchner.
Una auténtica Torre de Babel, donde se cruzan invectivas entre sí, lo que les resta seriedad y provee argumentos para quien del otro lado se victimiza sin que, objetivamente, en términos jurídicos e incluso constitucionales, esté dicha la última palabra, como para que pueda considerarse tal.
En definitiva, el desborde mediático del fiscal y la sobreactuación en la denuncia de Juntos por el Cambio, sin ajustarse a derecho, le dieron la posibilidad a Cristina Kirchner de aparecer como una Evita… de papel maché.

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