
En un país medianamente normal, el curso de las relaciones exteriores se define como una política de Estado permanente que va más allá de los gobiernos de turno. La Cancillería es el brazo ejecutor de dicha política exterior la cual, desde luego, debe ir en sintonía con los intereses estratégicos de la nación.
Duele decirlo, pero en este sentido el Gobierno argentino ha perdido completamente el rumbo, reemplazando inteligencia por ideología y por fanatismo (que nunca es inteligente). Los episodios se suceden de manera alarmante. A la oferta del presidente Alberto Fernández al dictador Vladimir Putin para que Argentina sea la “puerta de entrada de Rusia en la región”, cuando ya se anticipaba la invasión a Ucrania, siguió la visita a China, donde el embajador argentino Sabino Vaca Narvaja, en presencia del presidente y del líder chino Xi Jinping, aseguró a modo de alabanza que “sin el partido comunista no habría una nueva China”. A esto se suma la seguidilla de declaraciones favorables y votos de apoyo a las dictaduras latinoamericanas en los organismos internacionales.
Pero remitiéndonos a estos días pasados, una vez más las declaraciones tendenciosas e imprudentes del embajador en China resultaron violatorias de las prácticas más esenciales de la buena diplomacia. El citado embajador, sin ocultar su favoritismo y su postura anti-occidental, colocó a Argentina y también explícitamente a los argentinos en el centro de un conflicto geopolítico de altísima sensibilidad y de máximo impacto global, como es el de las posiciones encontradas de China y Estados Unidos por Taiwán. Ahí opinó sobre la pertinencia de la visita a la isla de una figura central de la política estadounidense, como es la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.
Redoblando la apuesta y casi en simultáneo, la Cancillería argentina emitió un polémico comunicado sobre el conflicto entre Israel y la Yihad Islámica en la Franja de Gaza, expresando “su sentido dolor por las víctimas que la acción militar israelí ha generado, en particular, civiles y niños palestinos”. Así, equiparó al único estado democrático de Medio Oriente, Israel, con una organización terrorista, y minimizó los múltiples ataques sobre dicho Estado. Téngase en cuenta que en estos días pasados cayeron sobre Israel como mínimo centenas de cohetes desde Gaza, según declaraciones de la misma Yihad Islámica.
Es preocupante como estas comunicaciones sobre asuntos internacionales claves parecen más proclamas de militantes universitarios de izquierda que acciones de avezados diplomáticos en defensa de los intereses nacionales.
Sin duda estos actos, lejos de favorecer nuestros interesen nos colocan en una zona de gran dependencia y vulnerabilidad. Pueden calificarse como gruesos errores no forzados que claramente perjudican a Argentina, avergüenzan a nuestro país y a los ciudadanos ante el mundo e intoxican las relaciones con aquellos países que pueden ser de verdadera ayuda no depredadora para salir de nuestra profunda crisis.
Podrían atribuirse estas decisiones de gobierno a una política exterior incoherente, o bien a la ausencia de política exterior, pero en realidad queda en evidencia que existe un hilo conductor ideológico muy coherente, que se disfraza de “auto determinación” y “ecuanimidad”, que pretende alejar a Argentina del mundo occidental capitalista y democrático al cual pertenece.
Mientras tanto, ese mundo ha desarrollado una suerte de tolerancia a estos recurrentes pasos en falso de la política exterior argentina en la presunción, y sobre todo luego de los resultados de las elecciones de medio tiempo, que esta línea ideológica que ha llevado a nuestro país a dilapidar gran parte de su capital internacional en términos de credibilidad y respeto tiene ya los días contados. Ese es también el anhelo de muchos.
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