Rezando con Francisco en Liniers por “Pan, Salud y Trabajo”

Este domingo 7 de agosto, en el histórico Santuario, los católicos celebramos el Día de San Cayetano. Aquí y en las distintas iglesias pedimos la intermediación del Santo de Thiene para que en el mundo no falte el trabajo digno, y en especial, que no les falte a los habitantes de nuestro país

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Imagen de San Cayetano
Imagen de San Cayetano

En Cuzco 150, a pocas cuadras del Club Atlético Vélez Sarsfield, el párroco Padre Lucas Arguimbau y un nutrido grupo de voluntarios nos esperan este domingo, con los corazones y las puertas abiertas, con los curas recorriendo las calles, repartiendo alegría e impartiendo bendiciones a diestra y siniestra. Y en medio de la algarabía, los apretujados puestos de estampas, velas y estatuillas posan, de esquina a esquina, en las veredas angostas de este tradicional barrio porteño.

El buen trabajo y el alimento en la Biblia

El trabajo fue impuesto por Dios para asegurar la subsistencia del hombre: “Comerás el pan con el sudor de tu frente” (Gn 3, 19). “Te alimentarás con el trabajo de tus manos” (Sal 127, 2). Para suprimir la ociosidad, de la que nacen muchos males: “Envía a tu siervo a trabajar para que no esté ocioso, pues la ociosidad enseña mucha malicia” (Eclo 33, 28). Para poder dar limosna: “El que robaba que no robe; antes bien, trabaje con sus manos en algo de provecho para tener qué dar al necesitado” (Ef 4, 28). “El que no trabaja (porque no quiere trabajar, el agr. es nuestro), que no coma” (2 Tes 3, 10).

También en la cosmovisión de los pueblos originarios, la sacralidad de la tierra (Pacha Mama) y del clima -aunque lejos del sistema económico capitalista -están estrechamente vinculadas al trabajo de la caza, la siembra y las cosechas. Sus creencias religiosas, ruegos y agradecimientos se encuentran en gran medida ligadas al trabajo y por ende a la alimentación y a su existencia física y espiritual.

El buen trabajo y el no trabajo

El trabajo humano es una actividad dirigida a modificar la realidad. El trabajo en general es inter-relación del sujeto y la realidad a la cual su acción se dirige. En esta relación del hombre consigo mismo y con la realidad que le es exterior se ha visto una “auto-actualización” del hombre (Filosofía del trabajo, Remy Kwant).

Por otra parte, así como hay una relación inter-dialéctica entre el ser y el tener también la hay entre el ser y el hacer. Pero sin entrometernos en cuestiones metafísicas, contentémonos con decir que la actividad del trabajo -tema de conversación con Dios intermediada por Cayetano en la Basílica de Liniers -está referida no a cualquier actividad sino al trabajo humano: una actividad creativa y digna. Y a fin de que sirva para cumplir con el propósito de procurarnos recursos es también, normalmente, una actividad remunerada.

Con lo cual quedan excluidas de esta categoría las acciones ilícitas, prohibidas, imposibles, inhumanas o prestadas bajo amenaza de un castigo (por ejemplo el trabajo infantil, la prostitución, la esclavitud, etc).

Pero es mucho más que una actividad remunerada; es una actividad que le da sentido a la vida y no se agota en ser una “fatalidad” para “ganarse el pan”, debe hacer que el ser en su que-hacer sea más humano (Gaudiun et spes, 38). Es más aún, a través del trabajo el hombre participa en la obra de la creación y siendo que el ser humano es un “ser en relación” su quehacer o acción, su labor u obra, lo pone en relación consigo mismo, con el otro (y otros), con la naturaleza y con Dios.

Dentro de lo que denominamos el “no-trabajo” incluiremos también la negación lisa y llana por razones económicas, aunque políticamente se esgriman otras (discriminación racial, política, de peligro, nacionalidad, etc) ¿cuántas veces los países europeos abren o cierran el ingreso de inmigrantes a fin de equilibrar el mercado laboral con obra “ilegal” barata? Para el economicismo incorregible primero está el mercado y solo después el hombre y de ahí su gran fracaso al no reconocer que el capital es “instrumento” de la producción y debe estar en función del hombre y no a la inversa.

Con su particular clarividencia Francisco dice que el sistema se transforma en “una economía que mata”!

“Una economía que mata”

Dice el Santo Padre en Evangelii Gaudium (2014) reiterando afirmaciones anteriores: “53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».” (Exhortación Apostólica, pág. 53). Como se ve la realidad es tan cruel y elocuente que no precisa de figuras arcaicas del derecho romano (homo sacer) para revelarse, tal como los genocidios nazi en Alemania, turco en Armenia, las más recientes matanzas en Siria, Irak, Ucrania, Bangladesh, no precisan de recursos intelectuales para ser merecedoras de la condena del género humano.

En el ámbito internacional

En la web abundan las investigaciones y denuncias contra corporaciones norteamericanas y/o chinas en especial de tecnología y contra grandes textiles europeas radicadas en Malasia, Bangladesh, la India y otros rincones de Asia que violan las pautas salariales, los límites de la jornada laboral y demás condiciones de trabajo exigidas por la OIT. Son incontables las denuncias por millones de trabajadores sometidos a trabajo esclavo y muertes de inmigrantes causadas por serias negligencias en la seguridad del trabajo. Los números son equivalentes al resultado de las guerras que le son contemporáneas. Sin ir más lejos, en la actualidad se reiteran las denuncias públicas de gravísimas violaciones a los derechos humanos en la construcción de los estadios e infraestructuras del Mundial de Fútbol Qatar 2022.

Volviendo al barrio de Liniers a recoger “la llave del cielo”

Tras la pandemia volvió la Gran Fiesta del Santo de la Espiga de la Fe. Que es la fiesta de la esperanza en el buen trabajo. Después de una semana de frío invernal, salió el sol. La barriada encendida se volcó a la calle para recibir a los peregrinos. A pesar de que en el plano del trabajo humano las cosas en nuestra Patria están muy mal, el santuario de San Cayetano rebosa hoy de amor fraterno. Se celebraron misas, rezos, cánticos y tomados de las manos pudimos sentir las palpitaciones de los pueblos que vienen depositando el amor de su fe en este lugar desde hace ciento cuarenta y siete años. Como siempre antes, las filas que forman los peregrinos reitera una orientación que lejos de toda superstición nos conduce a Dios. Porque Dios sabe del pan, de la salud y del trabajo. Y nosotros sabemos ¡cuánto necesitamos de su paternidad, de su providencia, de su presencia amorosa y constante!

“Yo vengo a agradecer a Dios y al Santo por mí y mi señora porque no nos falta el trabajo… y para pedir por los demás -me dice un peregrino gentil y bien vestido, mientras deja una contribución en la canasta -¡cuánta gente que no tiene trabajo!…¡tengamos esperanza!” dijo.

Es la religión del pueblo argentino y bonaerense que por miles pasaba ayer y pasará como una caricia social hoy domingo 7 de Agosto por Cuzco 150.

“Cuando comenzó a anunciar el Reino, lo seguían multitudes de desposeídos, y así manifestó lo que Él mismo dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres» (Lc 4,18). A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza, les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón: «¡Felices vosotros, los pobres, porque el Reino de Dios os pertenece!» (Lc 6,20); con ellos se identificó: «Tuve hambre y me disteis de comer», y enseñó que la misericordia hacia ellos es la llave del cielo (cf. Mt 25,35s).

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