
El lunes 23 de mayo, el presidente Joe Biden anunció en Tokio el lanzamiento del Marco Económico del Indopacífico, o IPEF, por sus siglas en inglés, un marco de cooperación económica, al que ya adhirieron Australia, Brunei, India, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam. Esta iniciativa estadounidense se centra en el cumplimiento de estándares internacionales para las inversiones en infraestructuras, cadenas de suministro y economía digital. Se trata de un acuerdo que viene a añadir un pilar económico comercial a la estrategia de los EEUU para contener al ascenso geopolítico chino, compensando así el vacío generado por el retiro del primero del Acuerdo Transpacífico (TPP), un acuerdo de libre-comercio que fuera firmado en el año 2016 y del que Trump se retirara al año siguiente, y del lanzamiento de la iniciativa china de inversiones en infraestructura denominada De la Franja y la Ruta o BRI por sus siglas en inglés.
Los países del antiguo TPP representaban el 40 por ciento de la economía mundial, el 30 por ciento de las exportaciones globales y el 25 por ciento de las importaciones, abarcando a 800 millones de consumidores, el doble que la Unión Europea. Los restantes 11 países que integraban el antiguo TPP, luego del retiro de los EEUU del mismo, siguieron adelante con las negociaciones y firmaron el Tratado Integral y Progresista de Asociación Trans Pacífico o CPTPP, por su sigla en inglés, entre Singapur, Vietnam, Brunei y Malasia, integrantes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático o ASEAN, por sus siglas en inglés, junto a Australia, Canadá, Chile, México, Japón, Nueva Zelanda y Perú.
Al mismo tiempo, en noviembre del 2020 se firmó el mayor acuerdo de libre comercio mundial: la Asociación Económica Integral Regional o RCEP, por sus siglas en inglés, que incluye a los 10 miembros del ASEAN, bloque comercial este último con quien la Argentina ya registra su mayor superávit comercial1, así como China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.
Cabe recordar que la idea del RCEP nació en 2012 y fue vista como una forma de China de contrarrestar la influencia que los Estados Unidos estaba tomando en Asia-Pacífico, con las negociaciones para impulsar la firma del TPP.
Como podemos ver, la competencia por la hegemonía mundial entre los EEUU y China, que se hace más presente en Asia, la región de mayor crecimiento económico en el mundo y la más poblada, con más de la mitad de la población mundial viviendo allí, se libra también en la esfera económico-comercial, intentado ambas superpotencias ya sea facilitar el acceso comercial a sus mercados, creando acuerdos regionales como el RCEP, el fallido TPP o el ahora IPEF u ofrecer inversiones, especialmente en el ámbito logístico, energético y de la seguridad alimentaria, o ambas, para generar así una interdependencia que, se presume, haga muy costoso para los países de la región tomar decisiones contrarias a los intereses primarios de las superpotencias.
Integrar estos acuerdos regionales de libre comercio aumenta la competitividad de las exportaciones de la economía de los países miembro, al reducir los aranceles y las trabas para-arancelarias y los costos de importación de bienes que son parte de la cadena de valor y que se utilizan como insumo de las exportaciones de un país. Este tipo de acuerdo regionales se hacen aún más relevantes para ganar mercados internacionales, en un contexto mundial donde la vía multilateral de reducción de aranceles y acceso al mercado, representada por la Organización Mundial de del Comercio (OMC) está en crisis, especialmente desde que el sistema de solución de diferencias de dicha organización dejó de funcionar en diciembre de 2019.
En América Latina, tres de los cuatro países integrantes de la Alianza del Pacífico no han dejado de aprovechar esta oportunidad de aumentar la integración de sus economías a los flujos de comercio internacionales con las regiones más dinámicas del mundo, suscribiendo en marzo de 2018 el acuerdo al CPTPP, el tercer acuerdo regional más grande del mundo que representa el 13% del PBI mundial, (ya habían firmado la integración al difunto TPP en el año 2016). Otro país latinoamericano, Ecuador, ha solicitado también adherirse al mismo.
Frente a esta realidad, y tomando en consideración que los países asiáticos, netos demandantes de alimentos de calidad, energía y minerales, son el destino natural para el crecimiento de las exportaciones del Mercosur en general y la Argentina en particular, es que ha llegado el momento de abrir el debate interno para realizar las reformas estructurales necesarias que permitan salir del estancamiento económico en que nos encontramos hace más de medio siglo. Simultáneamente, es hora de que los países miembros del Mercosur acuerden comenzar con las negociaciones para integrar estos bloques comerciales que definirán el futuro económico de nuestro país. Sólo con una economía abierta, competitiva y sana, orientada a las exportaciones a mercados dinámicos, como los asiáticos, se podrán generar puestos de trabajo genuinos, ingresos de divisas y la riqueza necesaria para poder salir de nuestras crisis recurrentes.
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