
Acabamos de obtener un préstamo del FMI por la suma de 44.000 millones de dólares con un período de gracia que se extiende desde el año 2018 hasta 2026, o sea 8 años, más 10 años de plazo para pagar, a la tasa de interés más barata del mercado. ¡Es realmente llamativo este extraordinario e inusual financiamiento para el tesoro argentino, como asombró aún más su obtención en el gobierno anterior!, cuando Argentina había perdido el crédito, por su excesivo endeudamiento. Obviamente la competencia política no le reconoce méritos y acusa de que este préstamo ayudó a lo que se ha dado en llamar “fuga de capitales”.
El significado de esta expresión “fuga de capitales” es bastante impreciso y se lo utiliza para referirse a movimientos financieros que causarían daño a la economía del país. De acuerdo a la definición mayormente aceptada sería una fuga transformar dinero o depósitos en pesos en alguna moneda extranjera y a continuación retirarlos del sistema financiero argentino para guardarlos en una caja de seguridad, bajo el colchón o depositarlos en un banco extranjero.
El daño económico de esta fuga sería que estos montos de moneda extranjera son ahorros que pierden los bancos argentinos y en consecuencia no pueden prestarlos para la inversión. Sería un daño a la inversión privada que eventualmente habrían financiado los bancos.
Estamos hablando de ahorros que han pagado todos los impuestos correspondientes pero que sus dueños no quieren tomar el riesgo de depositarlos bajo jurisdicción bancaria argentina por miedo a que se repitan medidas en nuestra historia como el plan Bonex, pesificación, corralito, corralón o alguna otra forma de confiscación.
Nadie se atrevería a discutir que es un temor lógico y muy justificable moralmente, tratándose de tenencias legales obtenidas por medios lícitos. No podemos olvidar que los argentinos huyen al dólar para resguardarse de la ilegal licuación inflacionaria; es un proceso de huida para proteger lo ahorrado, lo ganado honestamente, por lo cual en vez de denominarlo fuga de capitales preferiría decir: “huída de capitales”.
Si la crítica a la administración anterior por tomar un préstamo del FMI se resume en que permitió la “huida de capitales”, debo señalar que lo que se está reclamando es no haber instalado un “cepo cambiario” y así haber evitado ese faltante en los bancos argentinos que supuestamente habrían financiado a la inversión privada y no al gasto del Estado.
Pero un “cepo cambiario” es simplemente la receta reconocida para dañar los incentivos a la inversión, nacional y extranjera. Recordemos: la apuesta grande de la administración anterior fue fomentar, estimular al máximo la inversión privada, eliminando todo tipo de incertidumbres derivadas de restricciones gubernamentales antojadizas.
El cambio de política económica relevante que trajo Cambiemos fue intentar, sin éxito, crear las condiciones para, vía una mayor inversión privada, generar el crecimiento de empleo digno, el único camino conocido para disminuir nuestra escandalosa pobreza.
Si Cambiemos hubiera instalado un “cepo cambiario” en 2016, 2017 o 2018, habría incurrido en una contradicción fragante a su propuesta básica para enfrentar el drama de la pobreza, habría desalentado fuertemente la inversión, de por si escasa, sumando un error más, en su política económica.
Para agregar más confusión al tema aparece hoy una propuesta de blanqueo cuyo producido ayudaría a pagar lo adeudado al FMI. Blanqueo implica absolver deudas impositivas, intereses, multas y otras penalidades a quienes no cumplieron con la ley abonando un monto significativamente menor, 20% del monto blanqueado.
Aparentemente quienes propician este blanqueo son los mismos que condenan moralmente el acto impositivamente lícito de “huida de capitales”. No se entiende moralmente quienes son los delincuentes en esta argumentación. Se condena a los que pagaron sus impuestos y mantuvieron sus ahorros declarados impositivamente fuera de los bancos argentinos, pero se premia a los evasores que traerían sus capitales negros pagando solo un 20%.
Resumiendo: podemos sospechar que toda esta propaganda denostando la “fuga de capitales” y presentando como salvador a un blanqueo impositivo es realmente un juego publicitario político para ignorantes cuyo único objetivo es proteger a los tenedores de capitales negros no declarados cuyo origen seguramente es algún modo de corrupción.
El autor es Presidente del Partido Demócrata
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