Robert De Niro, el “desconocido” y la Argentina

Quedará en los corazones cálidos un súper actor muy difícil de encontrar, a pegar en el álbum: la admiración, la gran fama, un cierto amigo de hablar poco. Venga, que pase, por favor

Robert De Niro (REUTERS/Carlo Allegri/Pool)
Robert De Niro (REUTERS/Carlo Allegri/Pool)

Robert De Niro tiene previsto llegar a Buenos Aires para hacer la serie “Nada”, con los notables directores Mariano Cohn y Gastón Duprat. Habrá en esos cinco capítulos previstos -pienso- otra historia, un estilo, otra mirada para contar, algo de comedias pero no tanto.

Después de haber filmado con Penélope Cruz, Antonio Banderas y Oscar Martínez (un argentino que entró de lleno en los respetos internacionales) en “Competencia Oficial”, estos directores abren zonas y parecen estar destinados a ser, de algún modo, diferentes. Resulta para destacar que Penélope Cruz (¿quién no está un poquito enamorado, sea mujer o varón, de esta actriz elegida?) y Banderas pidieron ser dirigidos por ellos después de ver “Mi obra maestra”.

Tras ese “triunfo”, aparecen Duprat, Cohn y De Niro con “Nada”. Allí, se espera, también estará Andrea Frigerio -quien lleva la vida con tanta belleza y calidad- y actores de menos cartel pero de elección certera. Y Guillermo Francella, de registro tan amplio.

De Niro, el “desconocido” célebre, usa pocas palabras sin gracia y lo hace con algo de ironía, brevedad., silencios largos. Se muestra pensativo, con gestos gratos. Lo esencial. Estuvo antes aquí, entre nosotros, y con amistad (con Luis Brandoni y Lito Cruz). Compartió comidas y lugares no convencionales: “Me encanta Buenos Aires, pero pondría primero Nueva York, mi casa”. Nacido en el Village, mantuvo y tiene (es probable) amiguetes callejeros y transgresores. La llegada de “el desconocido” tiene como significado especial -además y tal vez sobre todo- admirar a los porteños.

Taxi Driver
Taxi Driver

Nuestro “desconocido” brilló por obra de Taxi Driver, con Martin Scorsese en la dirección. Contaron ambos con un escritor de cine grande, Paul Schrader. El prócer sonriente Scorsese y De Niro largaron en común y volvieron a encontrarse en Toro Salvaje, la historia desgarrada de Jack La Motta, un peso mediano que quiere volver a ser campeón mundial. Más que un humano en crisis demoledora (no solo un boxeador), terminó siendo una película que explora los límites y el jugar una sola carta. ¿El resultado? Un film magistral con tantos kilos sobre el cuerpo de Di Niro como los que perdió para hacer Taxi Driver en el principio, el soldado insomne al regresar a Vietnam, merodeador y rumiante.

Nominación para la película y para Jodie Foster. Allí encontró De Niro a Grace Hightower, actriz y bailarina, con quien se casó, después de una separación de casi dos décadas, una pausa y renovar votos -como suele decirse por el Norte- en lo que fue un casamiento a prueba. Con seis hijos y algunos negocios en baja, las finanzas no resultaron de lo mejor. Inclinado a las mujeres sin reparar en diferencias o extravagancias (el amor suele endurecer de odio a los racistas: quieren que sea ellos con ellos, nosotros con nosotros). Robert, nuestro “desconocido”, se acompaña ahora con Tiffany Chen, muy guapa campeona de artes marciales.

Mi vida como hombre.

Lo de “El Desconocido” no se dice aquí por su manera cerrada y al menos un poco más serio de lo que la industria puede pedir. Al separarse los padres, De Niro era un chico y quedó solo con la madre: Robert De Niro padre se había ido porque abrió la puerta del ropero. Contó su homosexualidad escondida y se fue. Era un artista. Documentalista y plástico embarcado en el expresionismo abstracto como Jackson Pollock -la pintura en acción-, un artista espectáculo de gran éxito que pintaba en el suelo, a veces, y que -contaba Andy Warhol- lograba un amarillo especial y brillante con muchas pastillas de vitamina E que producía un (lo dijo Andy Warhol) “amarillo de meada único”. Sus cuadros fueron muy valiosos, mientras el padre de De Niro, con talento, no anduvo derecho y quedo en el medio del lote.

La decisión sexual -siempre en cierta lucha resolverla- no rompió el afecto. Fueron encontrándose y se comprendieron. Ni vacío ni resentimiento. Quizás, sí, la zona desconocida pero en absoluto oculta. Incluso puso obras del padre en la pintura a colgar en el primer restaurante de Tribeca, la confluencia que determina un barrio importante en Nueva York. Agregó más y lamentó siempre no haber hecho lo suficiente para prolongar su vida en la enfermedad y después de haberlo hallado en París con poco para comer en un cuarto desordenado y escaso hizo lo que pudo. No es imposible que De Niro padre haya pedido dejarse así.

Nada sencillo, en realidad. Y aquí está. Estará en el Four Season. No sería raro que pidiera la comida el triunfal criollo Mauro Colagreco, no sin una pelea que parece absurda para usar escenas en el Kavanagh: ¿un precio por cuestiones políticas? En fin, cosas.

Quedará en los corazones cálidos un súper actor muy difícil de encontrar, a pegar en el álbum: la admiración, la gran fama, un cierto amigo de hablar poco.

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