
La elevada y multicausal tasa de crecimiento de los precios al consumidor del mes de marzo tendrá fuertes efectos en la economía de corto plazo y también en la política de los próximos meses.
Primero el diagnóstico.
La economía argentina todavía está transitando las consecuencias del cambio de régimen inflacionario originado en la crisis cambiaria que llevó el tipo de cambio “libre” de los 20 pesos en abril del 2018 a los 200 actuales. ¡Un incremento de 1000% en cuatro años! Mientras el precio del dólar oficial acumuló en el período un incremento en torno al 450% y la inflación en el mismo lapso fue de 400%. (números aproximados).
Es esta relación entre la suba del precio de la unidad de cuenta -el dólar- respecto de la moneda transaccional -el peso-, la que está en el corazón del salto de la tasa de inflación desde el 2% mensual que predominó -más allá de los dibujos de Moreno- en la década 2008-2018, al 3-4% mensual que rige en los últimos años. Con picos como el actual y algunos valles, como en la cuarentena eterna del 2020.
El aumento del dólar libre mencionado, no se trasladó totalmente a los precios, porque un conjunto importante de los mismos, todavía se rigen por el valor del dólar oficial. Porque el desequilibrio monetario, primero, para financiar la inactividad de la cuarentena eterna en el 2020, y luego para financiar el plan platita del cuarto trimestre del 2021, fue parcialmente absorbida por la colocación de deuda del Banco Central -un stock actual en torno a los 5 billones de pesos-. Porque se usaron como “anclas” el precio del dólar oficial, y los precios de los servicios públicos, combustibles y algunos precios privados. Y porque la licuación de los ingresos de la población, limita, por el lado de la demanda, en muchos mercados, y contra la opinión oficial, el aumento de precios.
Sobre este escenario de base, el acuerdo con el Fondo obliga a “desanclar” parcialmente al tipo de cambio oficial y a las tarifas públicas, mientras la invasión de Vladimir Putin a Ucrania, alteró los precios internacionales de alimentos y energía, de los que podemos desacoplarnos imperfectamente.
Resulta, entonces, entendible que, en el contexto descripto, un plan “inflacionario”, como el encarado con el FMI, tenga como resultado un nuevo salto de la tasa de inflación, aún antes de ponerlo en práctica completamente.
Mirando para adelante, la tasa de inflación puede estabilizarse en torno al 4% mensual, en la medida que la política monetaria sea más restrictiva y que los acuerdos salariales no compensen totalmente la suba de la tasa de inflación.
En otras palabras, a esta inflación la “estabiliza”, como hasta ahora, la caída del poder de consumo y el consecuente freno a la actividad, dado el cambio de precios relativos mencionado y un contexto monetario menos expansivo.
Si el gobierno pretende, como sugirió el Ministro de Economía, evitar las consecuencias naturales de su programa, entraremos en un peligroso sendero de aceleración de los precios.
Y esto me lleva a la política.
Resulta claro que una parte de la coalición gobernante le imputa al acuerdo con el Fondo las desgracias actuales de la economía a las que considera irreversibles, pensando en las elecciones del 2023.
Por supuesto que se equivocan. Sin el acuerdo con el Fondo, independientemente de su diseño, las perspectivas serían peores, porque “sin dólares no hay paraíso”. Pero, equivocados o no, actúan y actuarán para probar que tienen razón.
Necesitan un chivo expiatorio para el fracaso electoral que pronostican y el chivo expiatorio es, curiosamente, su propio gobierno.
Cuando se sumerge al programa económico en este contexto político, las chances de una tasa de inflación alta pero estable se reducen y aumenta la probabilidad de que esa “estabilidad en las alturas” se transforme en algo peor.
En síntesis, si el gobierno se banca la crisis política y se resigna, como de alguna manera hizo su antecesor, a que lo mejor que puede hacer es ordenar el futuro, al menos este año, la de marzo será, efectivamente, la mayor tasa de inflación del año.
Si, por el contrario, pretende “salir a ganar”, lo más probable es que pierda por goleada, con nosotros en el medio.
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