
La difusión de la medición del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) en relación a la pobreza infantil nos tiene que convocar a trabajar en la profundización de políticas capaces de dar respuesta a lo urgente, pero con una planificación a largo plazo y común a todos los partidos políticos.
Es tiempo de abordar la complejidad de los factores culturales y socioeconómicos que profundizan esta crisis y que derivaron en que el 51,4% de los niños y adolescentes del país, es decir un total de 5,5 millones de menores de 14 años, estén bajo la línea de la pobreza y que 12,6% sean indigentes.
Un informe efectuado por la Universidad Católica Argentina (UCA) y dado a conocer a mediados de 2021 en base al análisis de microdatos de la EPH del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec) establecía que la pobreza infantil en el Conurbano era del 72,7% un triste mapa de la gravedad de la crisis económica y social.
Una vez más y con dolor, vemos números de esta magnitud que nos vuelven a interpelar sobre cuán afuera están los chicos y chicas de la agenda de gobierno y a los que debemos analizar también teniendo en cuenta los datos de deserción escolar registrados por algunos organismos a lo largo de 2020 y 2021 que parece que el Gobierno decide no mirar, ni medir o medir a medias.
Resulta increíble contar con un único dato oficial y que corresponde al primer semestre de 2020 cuando desde el Ministerio de Educación de la Nación se informó que más de 1 millón de estudiantes habían tenido una trayectoria educativa “baja o de nula intensidad”. Pero desconocemos, dos años después del comienzo de las medidas restrictivas en el marco del Covid -19, el impacto real en la continuidad escolar y en los aprendizajes de las y los adolescentes y jóvenes.
Falta el diseño de políticas superadoras, y eso se debe a que no hay voluntad en generar un esquema para detectar, para contar con diagnósticos confiables, para abandonar la especulación y el relato, y dar paso a la construcción de un Plan de Protección Integral de los chicos y chicas que les garantice el acceso a todos sus derechos.
Frente a este contexto de elevada vulnerabilidad es necesario que avancemos hacia un acuerdo amplio, sin colores políticos y con una planificación a largo plazo. Con la educación como eje central para la inclusión y el desarrollo, con políticas tendientes a garantizar el acceso a las instituciones educativas y también la permanencia dentro del sistema escolar pero en un esquema que garantice y estimule el progreso individual como un bien colectivo.
Es tiempo de repensar el sistema educativo y los procesos de aprendizaje para poder dar respuesta a la multiplicidad de realidades que atraviesan a cada estudiante, acompañando a los docentes en la capacitación y a los chicos en la presencialidad adentro de la escuela.
Lo dijimos al comienzo de la pandemia y lo seguimos sosteniendo, no hay peor escenario que el de una escuela vacía. No podemos hablar con seriedad de un plan para luchar contra la pobreza, sin mencionar a la educación. Los chicos son el presente y es ahora cuando debemos actuar para tener un mejor futuro.
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