
Lo padecimos todos. Los muertos, los presos, los torturados, los desaparecidos, los exilados y todos los que fuimos perseguidos y censurados, sufrimos en carne propia el horror de la dictadura más sangrienta de América Latina.
Se sintió en todo el país, alcanzó a todas las clases sociales y a las familias de los orígenes más diversos… Fue especialmente dirigida hacia los más jóvenes, pero hubo muchas madres y abuelas, muchos padres y abuelos que, por el accionar cierto o supuesto de parientes y amigos, sufrieron el castigo cruel que los dejó sin trabajo, sumidos en el terror cotidiano de la incertidumbre y el miedo.
¿Por qué el Gobierno, La Cámpora, Cristina Kirchner y algunos organismos de Derechos Humanos se apropiaron de la fecha como si solo les perteneciera a ellos? Y para eso gastaron cientos de millones de pesos que nos pertenecen a todos -en un momento tan difícil- para contratar cientos de colectivos y llenarlos con miles de personas que no sabían adonde iban (aunque hubiera miles de militantes con sus banderas partidarias).
Nos dejaron a millones de argentinos afuera y, lo peor, nos asociaron a la dictadura militar, a oscuros intereses extranjeros y a horribles responsabilidades ligadas a la destrucción de la patria y la generación de pobreza por puro placer. ¡Cuánto cinismo y mala fe!
Personalmente, padecí la pérdida de la mayoría de mis amigos de la juventud, asesinados durante la dictadura. Toda mi generación protagonizó esos “años de plomo” que marcaron a fuego la construcción de esa grieta que hoy nos consume las mejores energías y no nos deja recuperarnos y crecer.
¿Por qué no convocar a todos, detrás de la bandera argentina, a construir la unidad nacional que tanto necesitamos para superar la profunda crisis que padecemos?
El Gobierno se da el lujo de pelearse como perros y gatos, haciendo una ridícula pulseada callejera que solo nos ofende y avergüenza.
Ahí están las absurdas declaraciones de Cristina, Máximo, Larroque y otros pseudodirigentes, ensañados en crear odios y violencia entre los argentinos que tanto reclamamos paz y trabajo y estamos dispuestos a deponer diferencias en pos de los supremos intereses de la nación.
Vimos hace pocos días cómo, gracias a la actitud patriótica de la oposición evitamos el default que nos hubiera sumido en el aislamiento y la pobreza más absoluta.
Pese a tanta insensatez, tenemos que seguir “arando en el mar” -como planteaba el libertador Simón Bolívar- para insistir, una vez más, que la patria nos necesita a todos, unidos y trabajando juntos para soñar y concretar un futuro mejor.
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