
La Matanza suele ser uno de los centros de atención en épocas electorales. La cantidad de habitantes, los problemas estructurales en cuestiones centrales como la salud y la educación, la inseguridad que se lleva vidas y la perpetuidad de una lógica de hacer política, son factores que la posicionan, elección tras elección, en un lugar donde afloran los dirigentes del PJ y, detrás suyo, las promesas incumplidas.
Hoy, a semanas de haber finalizado las elecciones, el ritmo y la vorágine propios de la campaña van quedando atrás, lo que nos ayuda a poder evaluar, escuchar y comprender lo que nos dijeron los matanceros este último 14 de noviembre.
Lo primero que deberíamos poder observar es el bajo nivel de participación en esta elección, que no alcanzó al 73% del padrón. Lo que refleja el cansancio, el hastío y la pérdida de esperanza de que las cosas realmente puedan cambiar. Sólo en San Justo aumentó significativamente la participación alcanzando los niveles de 2019, en el resto se mantuvo igual o disminuyó. No es casual que esto ocurriera. Los niveles de inseguridad hicieron movilizar a miles de personas y, sin lugar a dudas, eso también se trasladó a la necesidad de hacer oír su voz a través del voto. Aquí nuestro primer desafío: poder volver a generar los lazos de confianza, demostrando que no todos somos lo mismo, que somos muchos los que tenemos la vocación real de transformar La Matanza, y que ese cambio es y será posible sólo con la participación de todos.
El segundo hecho destacado de estas elecciones fue que el FdT, aún avanzando con toda su artillería y aparato clientelar para captar los votos de quienes no fueron a votar en las PASO, no pudo revertir esta situación. Por el contrario, los matanceros acompañaron a JUNTOS en las PASO y en las generales, el 100% volvió a confiar. Es más, en algunas ciudades, como San Justo, Ciudad Evita, La Tablada, Casanova y Lomas del Mirador ampliamos los resultados por encima de los tres puntos. En términos generales, la cantidad de personas que eligieron a JUNTOS creció el doble de lo que creció el propio FdT. El “plan platita” en La Matanza fracasó.
El oficialismo, además de usar fondos públicos para hacer su campaña, decidió avanzar con una candidatura testimonial, la del actual Intendente Espinoza, que pretendía plebiscitar su gestión, y la respuesta fue contundente. En sólo dos años de gobierno municipal perdió más de 18 puntos porcentuales del electorado, lo que significa que 180 mil vecinos de La Matanza dejaron de acompañarlo defraudados de su gestión.

Este rechazo hacia el kirchnerismo se manifestó también con fuerza en el segundo cordón, bastión histórico del oficialismo, donde hubo un crecimiento del voto en blanco a diferencia de elecciones pasadas. En algunas localidades como Isidro Casanova el voto castigo a Espinoza fue por partida doble. Por un lado se cortó boleta en su contra y por otro aumentó el número de votos en blanco en el tramo de concejales. Muestras de que la hegemonía del kirchnerismo empieza a resquebrajarse en las ciudades donde hace unos años era impensado.
En ese mismo sentido vemos como fue creciendo el acompañamiento de los vecinos a JUNTOS, sumando voluntades en zonas como González Catán y, sobre todo, en la Laferrere (la segunda más grande de La Matanza y epicentro del segundo cordón). En esta última localidad, a fines del 2019, decidí lanzarme como candidato a Concejal, porque entendía que la presentación de una propuesta seria y comprometida era la llave para generar un cambio que nos permitiera ser la alternativa a 30 años del PJ. En esta elección, se empieza a vislumbrar esa luz de esperanza, una idea que se va volviendo realidad.
Lo que pasó en estas elecciones nos confirma lo que durante estos dos años pudimos percibir en los barrios: el grito de dignidad que se estaba formando. Lo vimos y compartimos el dolor por el que estaban atravesando en los barrios junto a las familias, a los trabajadores, a los comerciantes, empresarios, comedores y organizaciones sociales.
Los matanceros nos expresamos en las urnas y mostramos de forma contundente que ya no creemos en las promesas, no sirven las prebendas, se necesitan de acciones reales que nos permitan vivir sin inseguridad, a no inundarnos cada vez que llueve, a poder atendernos en hospitales que no estén cerrados, a tener un trabajo y poder ofrecer un futuro real a nuestras familias. Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de seguir profundizando el cambio que iniciamos desde el corazón de La Matanza, porque creemos que debemos hacer escuchar la voz de los silenciados, y ser parte de la revolución de la dignidad.
Hoy más que nunca todos somos importantes, por eso ratifico mi convocatoria del año 2019 a todos aquellos que creen y trabajan por la República y la Justicia Social a trabajar mancomunadamente para construir un verdadero proyecto de cambio en mi municipio. Porque “Si cambiamos La Matanza, cambiamos el País”.
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