
La movilidad evoluciona, sí, y últimamente, pareciera que lo hace al ritmo del tic-tac de un reloj. Lo mismo sucede con los hábitos de los ciudadanos. Remontémonos tiempo atrás e imaginemos la siguiente situación: año 1800, carrozas impulsadas por caballos, traslados en cercanías, senderos de tierra y un contexto social que impulsaba que la mayoría de los integrantes de una familia permanezcan dentro del hogar: clases particulares para los niños, amas de casa y hombres de negocio que no salían más que para reunirse con otro colega o por unas copas.
¿Había una real necesidad de contar con transportes masivos que posibilitaran la movilidad en distancias lejanas? Seguramente que en esa instancia de la humanidad no. No obstante, el mundo cambia, y así lo hacen las necesidades personales. Cuando en 1900 el ferrocarril o el barco eran los transportes esenciales de los habitantes, hoy lo son el avión, y el vehículo privado o el transporte público para lo que refiere al ámbito urbano.
Ahora bien, si los usos y costumbres se modifican, y así lo demuestra nuestra historia, ¿qué nos hace pensar que lo que tenemos hoy en términos de movilidad será el status quo definitivo? ¿No será que la vida en las ciudades ha crecido y así lo ha hecho también la congestión vial y la contaminación asociada a los gases de efecto invernadero que emanan los vehículos? Quizás, sea momento de repensar nuestra movilidad.
Ante esta situación, los paradigmas comienzan a dar lugar a una revolución y se gesta en el seno de algunas políticas públicas, aunque pocos son los que se animan a dar el paso definitivo hacia la evolución. Cuestiones políticas, económicas, sociales o de infraestructura, dependiendo de cada zona geográfica, son las que frenan el camino que empezó tiempo atrás.
Según el reporte “Electromovilidad. Un repaso por el estado de la tecnología y el mercado” elaborado por Sioma (Sistema de Información Online del Mercado Automotor) en enero de este año, Europa y China son las dos regiones del mundo donde más se aceleró la incorporación de vehículos con combustibles alternativos al parque circulante. Esto quiere decir que por primera vez en la historia, la venta de vehículos eléctricos e híbridos está superando a los de combustible tradicional.
En cambio, si nos posicionamos en América Latina, la situación es muy diferente. No contamos con exigencias y regulaciones ambientales que obliguen a los fabricantes de automóviles a impulsar la venta de sistemas eléctricos -como sí sucede en Europa- y, además, disponemos de una menor capacidad fiscal para implementar programas de incentivos a escala. En suma, la matriz energética de cada país, implica un desafío extra para aumentar la participación de energías renovables.
Entonces, dar el primer paso resulta muy difícil en nuestra región. Sin embargo, los cimientos ya están construidos: contamos con los ejemplos del viejo continente, países hermanos que avanzan con rapidez -como es el caso de Chile- y la temática planteada en la agenda económica de múltiples gobiernos. La reinvención de la industria automotriz ya es un hecho; y si vamos a seguir moviéndonos en vehículos privados o en transporte público, que sea a través de energías renovables que contribuyan al cuidado medioambiental. Nuevas formas de movilidad irán volviendo a la región (como bicis, scooters o alternativas de car sharing y car rental) lo que impulsará a que la movilidad deba gestionarse de forma más eficiente.
En paralelo, en otras regiones como Norteamérica, la utilización de vehículos autónomos que no requieren de un conductor, también avanza a pasos agigantados. Y todo esto recae en la premisa de que nuestros días son cada vez más complejos y necesitamos herramientas que los simplifiquen.
De hecho, recientemente una reconocida automotriz anunció su colaboración para prestar servicios de transporte comercial con autos robot en los Estados Unidos. La fase inicial incorporará un mínimo de 1.000 vehículos durante cinco años, y ya desde diciembre podrían verse los primeros circulando por las calles de Miami y solicitar los traslados a través de una app.
Sí, la movilidad del futuro está llegando más rápido de lo que anticipamos. Y lejos de entrar en pánico, tenemos que enorgullecernos e incentivarla. Ya sea apoyando las políticas públicas que las impulsan, o bien, con aplicaciones de tecnología como la nuestra, que integran propuestas, funcionan de nexo entre diversos actores y ofrecen soluciones innovadoras para resolver traslados diarios. Lo cierto es que el viaje ideal ya está en nuestras manos.
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