
A pesar de los esfuerzos por controlarlo todo, la realidad se llevó puesto cada intento de ilusión de estabilidad económica, política y social impulsado por el gobierno. El dólar sobrevolando los 208 pesos (en el mejor de los casos, ya que muchos operadores dejaron de vender momentáneamente la divisa), la inflación de octubre ha cerrado en valores idénticos su mes previo (a pesar de los congelamientos de precios) y todas las expectativas indican de cara al futuro que nada va a cambiar.
El secretario de Comercio parece no entender bien qué es lo que pasa en la Argentina. A pesar de todo el descrédito que recibió en su víspera el plan de congelamiento de precios no escarmentó en probar seguir adelante con este método que ha fracasado a través de toda la historia económica mundial. Los recientes datos del INDEC dan cuenta de que nada ha servido para nada, más aún, sólo han logrado empeorar las cosas. La inflación de octubre bajo el congelamiento de precios ha sido exactamente igual a la de septiembre: 3,5%. Lo paradójico es que el rubro “Alimentos y bebidas no alcohólicas” (objeto principal del flamante control de precios) paso de sufrir un incremento del 2,9% en septiembre a tener un incremento del 3,4% en el último informe. Está claro que algo no ha salido como el secretario esperaba, a pesar de haber sido advertido una y otra vez por la propia historia.
Tampoco les fue bien con el dólar. Por un lado el gobierno casi al unísono intentó (e intenta) transmitir la inexistencia de importancia del dólar blue. La primera duda que surge es (en caso de ser tan marginal y tan insignificante como dicen que es) el por qué de su prohibición. Por otro lado, no hablan de los dólares legales financieros, que están muy por encima de los valores que por estos días ha mostrado el billete verde que se maneja por fuera del circuito legal. Es interesante la pretensión del gobierno de que la gente piense que el dólar verdadero es aquél que muestran las pizarras oficiales a 104 pesos. Nadie va a creer que el valor del dólar es aquel que jamás podrá adquirir. A pesar de ello el gobierno insiste en que a nadie le importa el billete blue “porque no afecta a los precios”. Se ve que los funcionarios no han recorrido los comercios. De haberlo hecho se hubiesen topado con los sobreprecios que existen en rubros tales como el automotriz o en todo aquello que tenga alguna relación con insumos o productos importados. También les hubiese resultado de gran utilidad sentir en carne propia la realidad de la escasez en decenas de miles de bienes. Estar detrás de un escritorio los debe haber vaciado de cordura.
La inseguridad siempre estuvo ahí, solo que cada día se muestra más cruel y más despiadada. Ya no solo es la pobreza la que acecha a más de la mitad de las personas que sobreviven en el conurbano bonaerense y a tres de cada cuatro chicos que viven allí, ahora también los acribillan para robarles lo poco que ganaron en su día de trabajo mientras intentaban llevar un plato de comida a sus mesas. Nadie hace nada. La inseguridad siempre estuvo, pero estas semanas han mostrado la cara más impiadosa y preocupante: nadie hace nada para que esta realidad en algún momento cambie.
En relación a las últimas elecciones generales del año 2019 estamos esta vez un escalón más abajo en el descenso constante hacia la absoluta degradación: en relación a dos años atrás, el dólar se multiplicó por tres, la brecha cambiaria se multiplicó por seis, la pobreza aumentó del 35,5% al 40,6% (algo así como 2.600.000 nuevos pobres), el salario mínimo pasó de los 232 dólares a los 160 dólares y la jubilación mínima se desvalorizó cayendo desde los 178 dólares en el 2019 hasta los 130 dólares actuales. El dato más relevante es la promesa electoral incumplida, esa que fue un símbolo de la campaña electoral del actual Presidente de la Nación Alberto Fernández: venían a encender la parrilla, y lo cierto es que han prendido fuego todo. En las últimas elecciones con un salario mínimo se podían comprar 74 kilos de asado, hoy alcanza para apenas 48 kilos.
La Argentina no da más, y si no hacen lo que deben hacer, lo que está por delante será mucho peor. El gobierno necesita ver los datos y exacerbar el sentido común, y debe dejar atrás lo que es hoy mero relato cargado de absoluto pobrismo.
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