Más estabilidad y más cooperación

Cualquiera se da cuenta de que hay que lograr que los esfuerzos de las personas de un país se coordinen, para que crezca la economía de todos

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Por eso los precios de
Por eso los precios de mercado dan información que permite la colaboración entre los habitantes (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)

La Economía no es una ciencia oculta. Los temas centrales los puede entender cualquier persona aunque, increíblemente, los que los olvidan son muchos de los políticos. Por ejemplo, todo el mundo puede entender que para que crezcan la prosperidad familiar y la economía de la comunidad, todos tienen que trabajar. Si hay mucha gente sin trabajar y muchas cosas sin hacer, la prosperidad del conjunto es menor. No hace falta ser de un gobierno de científicos para darse cuenta de eso.

Pero, sin embargo, cada vez hay menos trabajo por las medidas que toma el propio gobierno: impuestos al trabajo; gastos públicos no productivos con recursos que se le quitan a la producción; industria del juicio permanente; arbitrariedad en la regulación de la producción; inflación; cierre de exportaciones; cierre de importaciones de bienes de capital que sirven para producir otros bienes o para prestar servicios. Si no se pueden importar pelotas de tenis, se quedan sin trabajo los profesores de ese deporte y los que arreglan las canchas y los que hacen las redes.

De nuevo, cualquiera se da cuenta de que hay que lograr que los esfuerzos de las personas de un país se coordinen, para que crezca la economía de todos ellos. ¿Cómo hacer que se coordinen? Hay que construir reglas para la cooperación. Para eso, para tener una economía colaborativa o cooperativa, hay que ver cómo conseguir que todos sepan qué es lo que necesita el otro, de modo que el que lo pueda hacer, satisfaga con su trabajo esa necesidad. Ese invento es el sistema de precios en un mercado: si muchos quieren lechugas, su precio sube y muchos productores se enteran y plantan lechuga. Si el gobierno fija el precio, los productores no se enteran de lo que sus vecinos quieren y además no plantan lechuga.

Por eso los precios de mercado dan información que permite la colaboración entre los habitantes, mientras que las regulaciones cambiantes y arbitrarias impiden la producción y el trabajo. Cada vez que un político que se cree iluminado establece una regla arbitraria que impide que la gente se exprese comprando o vendiendo, le quita trabajo a otros compatriotas.

A veces la Economía no se entiende demasiado, porque las reglas de la actividad de una persona son distintas de las reglas que ordenan la actividad cooperativa de todos. Por ejemplo, un almacenero busca competir con los otros de la zona, para que más le compren a él y no a los demás. Muchos observan que ese señor le hace daño a los demás almaceneros y eso sería malo. Sin embargo, no se mira que le hace bien al pueblo consumidor, por ejemplo con mejores precios. Pero además, para que exista colaboración en una economía cooperativa, es necesario que exista esta competencia entre almaceneros y productores, para que todos sepan que es lo que hace más falta a la comunidad y a qué precio se puede vender un producto. Sin eso, no hay cooperación posible.

Lo que buscan los autoritarios es el dominio. El dominio de los demás. Por eso los países autoritarios se pierden la cooperación, la innovación, el cambio, la adaptación entre los que producen, los que venden y los que consumen. Los no autoritarios, los que son realmente democráticos, saben que su objetivo no es dominar a otros sino fomentar la cooperación, la convivencia en paz y la prosperidad de mucha gente trabajando, coordinando sus actividades, satisfaciendo miles de necesidades y deseos de sus semejantes, beneficiándose con eso, del mismo modo en que se benefician los consumidores de lo que produzcan. Estos últimos saben que lo que coordina y lo que genera cooperación es la confianza, las reglas claras, la transparencia y el estado de derecho, en el que todos son iguales ante la ley que todos respetan.

Los objetivos de los autoritarios y de los que se basan en el respeto y la confianza, son distintos. En un caso hay cooperación y en el otro dominio. ¿Por qué se llamarán a sí mismos progresistas los que se inclinan más por la arbitrariedad, las no reglas y el dominio, que generan menos trabajo, menos prosperidad y peor convivencia? ¿Por qué llamarán progresistas a los profesionales del poder y no a los profesionales del bien común?

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