
Si las empresas son, después de las familias, la segunda unidad organizativa más grande del mundo, ¿nos preguntamos todo el impacto que generamos desde el rol que jugamos ahí adentro?
Hoy sabemos que todo está interconectado: por eso, más que áreas de Sustentabilidad necesitamos empresas sustentables. Es decir, que todas las personas que formamos parte nos sintamos responsables y habilitadas a innovar para generar impacto tanto económico, como social y ambiental.
Se perdería un valor enorme si la sustentabilidad queda relegada solo a un área o a un sector. Las empresas que logran integrar la mirada de la innovación social (un paradigma que promueve crear nuevas soluciones para los problemas sociales o ambientales de siempre) son las que más se destacan y se van a destacar a futuro.
¿Qué impacto tienen nuestros productos, servicios, procesos en nuestros clientes, en la comunidad y en el planeta? Es clave que todas las personas de un equipo se puedan hacer esta pregunta. Desde la parte que le toque: generar un impacto positivo empieza por decisiones diarias y al parecer, pequeñas, como elegir un proveedor, un tipo de packaging, un mensaje, una comunidad con la cual validar un producto, una manera de celebrar con nuestros equipos y muchísimas otras más.
Si además las personas ven que tienen el espacio para proponer y son escuchadas, no hay nada más poderoso que una idea en sus manos. Una persona encendida por un propósito y en un entorno habilitante, buscará la manera de hacer realidad sus ideas y de motivar a los equipos que la rodean.
Por eso es clave generar ese espacio. Generar culturas organizacionales que habiliten, potencien y faciliten a las personas a hacerse preguntas y a probar nuevas formas de hacer las cosas.
Tenemos que generar espacio para la posibilidad y las nuevas ideas. Acercar nuevos criterios y conversaciones, para que cada persona pueda enfrentar sus desafíos del día a día, con una mirada que contempla el triple impacto: económico, social y ambiental. Conectar equipos de adentro y de afuera de la empresa, para multiplicar ideas y que logren todo su potencial y escala. Sabemos que cuando este paradigma atraviesa a todas las áreas de la empresa, el impacto se vuelve exponencial.
¿Qué pasa si en vez de tener un presupuesto destinado a diseñar proyectos de impacto o de “responsabilidad social”, los presupuestos de muchas áreas se empiezan a usar con criterios de impacto?
Hacerlo de esta forma y gracias a la fuerza de un equipo trabajando en conjunto, formado por personas de áreas distintas (como Sistemas, Infraestructura, Marketing, Red Comercial), y en alianza con consultoras y organizaciones expertas permite obtener objetivos que no se lograrían de otro manera y que se originan en una nueva pregunta: ¿y si probamos?
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