
Los precios en surtidor de los combustibles permanecen fijos desde el último aumento allá por el 13 de mayo de este año, cuando se había cumplido con una serie de incrementos escalonados, principalmente entre los meses de marzo y mayo. El Presidente de la petrolera con mayoría estatal, YPF, ha reiterado el anuncio de mantener los precios sin cambios hasta fin de año. Por la participación en el mercado de los combustibles, y por temor a nuevas represalias intervencionistas, el resto acompaña.
Así, en lo que va del año, para el total del país se registra un crecimiento de 39% para el gasoil y 37% para las naftas, con variantes inter-jurisdiccionales, siendo este incremento en la ciudad de Buenos Aires de 35% promedio. El deterioro del precio de los combustibles acompaña la trayectoria electoral del oficialismo que tuvo un duro traspié en las PASO. No habrá pues novedades hasta mediados de noviembre, pero, mientras tanto, se acumulan tensiones que auguran serios problemas. Según el relevamiento de Carta Energética de la segunda semana de septiembre los precios promedio del país están en $95 el litro de la nafta súper, $110 la Premium, $91 el gasoil grado 2 y $107 el litro del grado 3.
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Son precios en teoría libres que deberían guiarse por la evolución de las cotizaciones del gasoil y la nafta en los mercados internacionales ajustados por calidad, flete, y por la condición de abundancia o escasez de nuestra producción local (paridad de importación/paridad de exportación). La primera distorsión del atraso de los precios en surtidor es el divorcio de los precios domésticos con los internacionales. Con mecanismos forzados o legales (retenciones) les cerramos la puerta a los precios internacionales, pero se nos meten por la ventana cuando tenemos que importar. La segunda distorsión viene dada por el paso de esos precios que están en dólares a un peso que se devalúa todos los meses, incluso respecto a un dólar oficial que viene atrás de la inflación. Si estuviésemos con una moneda estable, el deterioro por el no alineamiento a las referencias externas estaría atenuado y podríamos hablar de un “congelamiento” del precio de los combustibles. Pero como el dólar oficial se aprecia todos los meses un 2% y los precios no suben ese 2% desde hace unos meses, el deterioro se parece más a un desagio que a un congelamiento.

El problema con esta política distorsiva es que requiere fijar los precios de toda la cadena para sobrellevar el negocio, o en su defecto, convivir con presiones crecientes hasta que aguante. De hecho, el precio del ICE Brent que se toma como referencia ha aumentado un 40% en dólares pasando de 50 a 70 dólares el barril, mientras que la variación acumulada del tipo de cambio oficial que se toma de referencia para la conversión del barril en dólares acumula un 17,6%. Con esos parámetros, el costo en pesos argentinos del barril de referencia ICE Brent aumentó un 65% (43.108 $/m3 frente a 26.100 $/m3 de diciembre de 2019). El resultado de esto es que las compañías involucradas en la cadena de valor, por iniciativa propia y temiendo a nuevas intromisiones distorsivas del negocio, debieron acordar un nuevo “barril criollo” que en principio se fijó en torno a los 53 y 55 dólares, pero que cada vez se hace menos sostenible por la evolución de la cotización internacional y la devaluación del peso en la Argentina. Gracias a este acuerdo implícito, el costo de adquisición del barril “criollo” estuvo en 57,30 dólares en el mercado local en el mes de julio, pero a partir del mes de agosto empezó a reacomodarse, no por el crudo de la cuenca Neuquina que permanece en los niveles acordados, sino por el de la cuenca del Golfo de San Jorge, con mucha demanda externa. De esta forma, el costo de adquisición del crudo local estuvo en torno a los 59 dólares promedio ponderado y si se lo pasa a pesos queda en 36.148 $/m3 y acumula un crecimiento de 52%, sumando presión a los precios de los combustibles para no acumular más distorsiones en la cadena.
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Los márgenes brutos de refinación se han ajustado a la baja desde el mes de junio a agosto y en los primeros días de septiembre. De esta forma, se ubican por debajo de los 20 dólares el barril, en torno a los 19 dólares. Muy bajos para la densidad de actores y logística de suministro y comercialización en nuestro medio. Las empresas integradas tienen la caja en el surtidor. El desagio de sus precios en el surtidor resiente sus planes de inversión. Si el consenso de la profesión económica reconoce el atraso del tipo de cambio oficial (que se usa como ancla antiinflacionaria) y prevé una devaluación en algún momento pasadas las elecciones, todo este esquema de pan para hoy y hambre para mañana va a volverse explosivo. Como lo exhibe el gráfico adjunto, el blending de combustibles argentinos (nafta/gasoil) está un 18% retrasado respecto a la referencia de precios internacionales. Pero en esa mezcla, la nafta súper está alejada un 27% de la referencia internacional, y el gasoil común un 17%. Los productos premiun reducen la diferencia, pero también están alcanzados por el deterioro.
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